'Religiones pusieron fronteras a un mundo invisible que es para todos'

'Religiones pusieron fronteras a un mundo invisible que es para todos'

La médica Elsa Lucía Arango habla de su nuevo libro, que plantea la relación con seres del cielo.

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Para Elsa Lucía Arango, el tema de la muerte debe ser tratado sin miedo y con naturalidad. De esa forma fue educada ella desde niña.

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Claudia Rubio / EL TIEMPO

14 de febrero 2017 , 01:05 a.m.

Elsa Lucía Arango escribió su primer libro y pensó que nadie lo iba a leer. Tal vez sus pacientes. Pero no más. En menos de dos semanas, sin embargo, Experiencias con el cielo (2015) estaba en la lista de los más vendidos y nada lo sacó de ahí. “Todos tenemos un familiar o un amigo en el cielo, y estoy convencida de que a muchos nos visitan con alguna frecuencia”, decía en la introducción. Reconocida como una de las mejores médicas bioenergéticas del país, Elsa Lucía Arango decidió contar su experiencia con los seres fallecidos que habían empezado a visitarla en su consultorio, cuando atendía a pacientes en duelo. Una valentía, si se entiende que salir a decir que estaba viendo espíritus podía provocarle no solo burlas, sino el riesgo de que su libro fuera tildado de charlatanería. Pero eso no sucedió. Al contrario: empezó a recibir miles de mensajes en los que muchas personas le decían que habían logrado superar el duelo gracias a lo que ella relataba, otras le contaban que habían vivido algo similar y muchas más le hacían preguntas sobre el tema. Por eso nació su segundo libro: en Mundos invisibles, Elsa Lucía Arango aclara dudas y amplía sus teorías sobre la relación con los habitantes del cielo.

¿Pensó en la crítica que pudo haber recibido por lo que plantea en sus libros?

Siempre había pensado que ese libro –Experiencias con el cielo– lo iba a escribir cuando dejara de practicar medicina. Que iba a ser como mi legado: mi experiencia fue esta y quizás a alguien le pueda interesar. Pero me ofrecieron publicarlo y acepté. La recepción que tuvo me confirmó que es un tema que interesa y que no hay que dejarlo oculto, porque mantenerlo así ha hecho que mucha gente sufra. Lo de las críticas le preocupaba más a mi hijo.

“Mamá, te van a meter en una clínica de reposo”, me decía. Por ser bioenergética ya me habían dicho de todo. Más allá no iban a llegar. La reacción resultó ser la contraria.

¿Por qué dice que la humanidad ya está preparada para comprender este tema?

La humanidad ha hecho un gran salto en busca de la verdad espiritual. Desde hace unos quince años, la gente habla de meditación, de budismo, incluso la palabra karma ya forma parte del lenguaje cotidiano. Ya se puede hablar de reencarnación, lo que hace cincuenta años nos hubiera llevado a que nos sacaran de la Iglesia católica y de todas partes. Personas religiosas siempre ha habido, pero la búsqueda de la verdad espiritual hoy es mucho mayor. El mundo está listo para una apertura. Por otro lado, no sé si lo pueda explicar bien, en el cielo hay seres reales, no son imaginarios, y están preocupados por lo que está pasando en la tierra. Como humanidad vivimos un momento crítico y ellos están dispuestos a ayudar.

Plantea que coexisten mundos, en el cielo y la tierra, y que hay comunicación entre ellos...

Sí. Y que cuando uno está abierto a conocer, puede interactuar con el mundo invisible. Lo desconocido siempre genera reacción. Cuando la humanidad no sabía que existían bacterias, nadie entendía por qué enfermaban o morían. En el momento en que los investigadores las descubrieron, la gente se burló de ellos. Los atacaron, los acabaron. Pero alguno insistió y así empezó el conocimiento al respecto. Y un gran logro de la humanidad es haber aprendido a lavarse las manos. Igual, cuando aprendamos a comunicarnos con los seres queridos, cantidades de cosas, de intuiciones, de mensajes, van a darse y vamos a tener una vida con menos dificultades.

¿Esa comunicación no existía ya en tiempos antiguos?

En la forma masiva en que ahora nos comunicamos, no. Antes estaba el chamán, el intuitivo, el espiritista, el sacerdote, el alquimista, la ‘bruja’ (que obviamente no eran brujas sino mujeres maravillosas), pero era un grupo élite que tenía conexión. Hoy mucha gente está recibiendo mensajes. Según una investigación de un médico holandés, alrededor de 25 millones de personas han tenido experiencias cercanas a la muerte. Es decir, han ido al mundo invisible del cielo y regresado.

¿Van y vuelven?

Son invitados –o somos, a mí me ha tocado una vez– a tener una experiencia cercana y entrar en ese mundo. Ahí se te abre la dimensión y dices: esto no es lo único que existe. El mundo se amplía y tienes herramientas para actuar con menos egoísmo. Y parte del tema –sé que puede sonar punitivo– es que, si quieres ir allá, tienes que hacerte cargo de ti mismo. Si te comportas mal, vas a un sitio. Si te comportas bien, a otro. A muchos les choca hablar del bien y del mal, entonces digamos seguir o no seguir al corazón. Cuando alguien lo sigue, actúa con bondad. Eso es lo que te permite llegar al cielo. Todos tenemos que morir, pero hacia dónde vamos en el mundo invisible depende de lo que hagamos en esta vida. Y hay demasiadas personas actuando con incoherencia porque creen que no va a pasar nada. Mi objetivo no es atemorizar, sino alertar.

O sea que, además de un cambio de idea sobre la vida después de la muerte, es un cambio de la vida aquí, en el presente...

Exacto. Hacerte responsable de tus actos. No es que un sacerdote te diga “yo te perdono”. Tú eres el único causante de lo que te pasa. A todos nos suceden cosas difíciles, todos pasamos por duelos. Cuando aprendemos a manejarlos, no sin dolor sino con entereza, se hace menos difícil la vida acá y se abre un mundo interior que permite conectarse con el espiritual.

Dice que los seres del cielo pueden ayudar. ¿Cómo?

Se vuelven instrumentos de bienestar. Según sus capacidades, te ayudan en muchas cosas. Básicamente dan inspiración. Vas por algún lado y sientes que no debes seguir por ahí, y resulta que evitaste un peligro, por ejemplo. Estoy segura de que miles de veces no hemos oído las señales intuitivas que ellos nos dieron. Parte del tema es que a medida que desarrolles la intuición te vas a equivocar un poco menos. Ellos te animan, te consuelan, te dan fortaleza.

¿Y cómo se logra esa conexión?

Lo primero es creer en ella. Segundo, empezar a hablar con ellos y hacer silencio interior, mediante la meditación y la oración. No hay que esperar de inmediato una voz que te hable al oído. Pero uno va oyendo como mensajes interiores, sugerencias intuitivas. Lo que he visto es que dan señales a través de libros, películas, canciones. La conexión es permanente. Lo que pasa es que no siempre alcanzas a oír la respuesta. Se trata de confiar y estar abierto.

¿La religión influye en todo esto?

No. De hecho, a veces es un obstáculo. Te dicen que no puedes hablar con tus seres queridos porque “les quitas la paz”, que no puedes pensar en ellos porque “no los dejas ir”. No es así. Otra cosa es no hacerles reclamos, no decirles por qué te fuiste, por qué me dejaste. Los reclamos son agobiadores para ellos. Pero darles las gracias, prenderles una vela, sí. Las religiones pusieron fronteras a un cielo, a un mundo invisible, que está para todos.

¿Y dónde está Dios en esto?

Es el que maneja toda la historia. El creador del universo, la fuente de la luz. Nosotros somos manifestaciones de Dios. Por qué motivo él hizo que el que era uno se volvieran muchos, no tengo ni idea. Pero los muchos tenemos que regresar al uno. Lo que sí creo es que el único Dios no es el católico. Y la religión católica no es la única para llegar a él. El camino para llegar a Dios es el bien.

¿Cuál es la diferencia que plantea entre alma y espíritu?

El alma está en el cielo adquiriendo sabiduría. El espíritu vuelve y tiene amnesia de sus otras vidas. En este momento tu alma, desde el cielo, está conectada contigo, te guía, te da intuiciones. Cuando tu espíritu baja, tiene claros tus gustos, ciertas dificultades que debes pasar. Tu alma te da inspiración para afrontarlas. Y cada día vas construyendo tu karma del futuro. El objetivo es evolucionar hasta que la persona no tenga que volver porque ya aprendió del amor incondicional, ya se fundió en Dios.

Habla de la importancia de cumplir el propósito que cada quien tiene en la vida. ¿Cómo saber cuál es?

Ese es uno de los grandes temas. Por eso hay gente que va donde el sabio, donde el astrólogo, a preguntar. Pero todos lo llevamos dentro. Todos tenemos que crecer en sabiduría. El único gran propósito del alma es acercarse a Dios, ese es general, es para todos. Los demás pueden cambiar en diferentes épocas. El tema es que cultives tus talentos. Casi todos sabemos cuáles son nuestros talentos y nuestros defectos. En esa balanza, uno va logrando desarrollar sus propósitos. Hay que entender que una cosa es el propósito y otra las tareas. Parte de mi tarea es ayudar a que la gente comprenda que existe otro mundo, que allá nos quieren consolar, y que debemos saber que para ir a ese mundo hay que actuar bien.

¿Cuándo empezó a tener estas conexiones?

Un día, en una consulta, una mamá estaba llorando y al lado de la camilla vi a un muchacho que decía que estaba ahí por un cumpleaños. Era su hijo, que había muerto. Me atortolé, claro. Y fue como si él hubiera abierto una compuerta. Lo que yo conocía en teoría, empezó a darse. Hasta antes de escribir el primer libro, solo veía a seres que ya estaban en el cielo. Venían con colores, alegres. Ahora en algunos empecé a sentir rabia, amargura, culpa. Todavía están en planos bajos y hay que ayudarles a pasar al cielo. Para eso la oración sirve mucho.

¿Los duelos cambian al tener este conocimiento de los mundos invisibles?

Cuando entiendes que no perdiste a la persona querida, el duelo se hace más fácil. No es que no exista: si hay amor, hay duelo. Pero si sabes que el ser querido te apoya y te cuida, ese consuelo ayuda a elaborar el duelo. Una de las cosas más importantes es que desde pequeños nos enseñen sobre el cielo, la muerte y la conexión y no sobre el abandono y la desprotección, que es lo que la mayoría siente cuando se enfrenta a la muerte.

Usted recibió una enseñanza así en su casa, según dice en el libro...

Desde pequeña oí a mi madre hablar de la muerte con naturalidad y por eso me asombraba que el resto de la gente no la comprendiera como lo hacíamos en mi familia. Mi papá me contaba que mi abuelo –que fue el primer médico de Manizales– curaba a través de un médium. Para mí era normal que las personas del cielo se manifestaran, interactuaran, aunque no las había visto.

¿Todo esto ha significado un cambio en usted?

Nunca pensé que esto me fuera a ocurrir. Trabajar con medicinas alternativas ya era un cambio importante, pero interactuar de esta forma con el mundo espiritual me cambió enormemente. Y pasó sin que lo buscara. Empezó y hoy convivo con ello. Acompaño en duelo, que es una tarea muy distinta a la que hacía. No puedo recibir a todas las personas que me piden consulta. Porque lo que duele no es hablar con el ser del cielo, sino consolar. Esa sí es una tarea compleja.

¿Cómo se nutre para seguir?

Camino, oro, medito. Tengo un grupo de familia y de amigas que me nutre. Si no, terminaría enloquecida. La escritura me ayuda: ha sido una válvula para poner en palabras tantas experiencias. Y me sirve mucho salir a la naturaleza. Doy caminatas largas por el monte con mis dos perros –Dante y Adriano– y ahí sí que el mundo invisible entra en mí y me da paz.

Dice que, al sanar el duelo, la persona cambia, es otra...

Sí. En una ocasión, un muchacho se apareció en consulta –su mamá estaba muy adolorida porque él había muerto– y dijo: “Mamá, hay que entender el impacto espiritual de la muerte”. ¿Cómo así? Tanto ella como yo queríamos entender. Cuando estamos en un duelo, se nos abre otra dimensión. Y podemos crecer o no. El impacto espiritual es como si recibieras un golpe y luego algo floreciera en ti. Si haces bien el duelo, claro. Si te quedas en la queja y en el lamento, no creciste. Tenemos derecho a pasar por eso. Pero cuando ya te limpias, algo bueno sale. La muerte abre el camino a una dimensión de luz.

MARÍA PAULINA ORTIZ
Directora de LECTURAS

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