¡Que viva la vulnerabilidad! / Opinión

¡Que viva la vulnerabilidad! / Opinión

Una persona que se atreve a hablar de sus falencias recibe el calificativo de 'debilucho'.

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06 de junio 2017 , 04:56 p.m.

La palabra ‘vulnerabilidad’ es para muchos sinónimo de debilidad. Una persona que se atreve a hablar abiertamente de sus falencias y se deja ver como realmente es, recibe de inmediato el calificativo de “debilucho”.

Como mujeres, clamamos para que un hombre sea sensible, pero apenas nos confiesa que tiene miedo de no ser lo suficientemente bueno en su trabajo, pasa de “sensible” a “bobo”… y consecuentemente le perdemos algo de admiración.

A diario, la mayoría hacemos hasta lo imposible para evitar estar en una situación de vulnerabilidad. Le huimos como a una plaga. No decimos “te amo”, porque es exponer demasiado el corazón y arriesgarse a que no nos amen igual. No nos lanzamos a ensayar nada nuevo y nos quedamos con lo malo conocido por miedo al fracaso. Y en un sinnúmero de ocasiones ni siquiera nos atrevemos a esbozar nuestras opiniones por el pánico al qué dirán, a que nos critiquen o a que nos rechazan.

No conozco a un solo político que haya admitido que se equivocó como demostración de transparencia. En el trabajo son pocos los superiores capaces de admitir sus dudas, con tal de no perder credibilidad. Y como padres les decimos a nuestros hijos que deben ser auténticos y honestos, pero pocas veces les dejamos ver nuestras propias inseguridades.

¿Pero qué es ser verdaderamente vulnerable? Fantásticamente, la doctora Brene Brown, Ph. D. y experta en el tema, describe la vulnerabilidad como la raíz de la valentía. El hecho de atreverse, de ser fiel a uno mismo, de presentarse ante el mundo desnudo de toda vergüenza, comprende el inicio de la felicidad, de la creatividad, de sentirse pleno y, ante todo, de ser “suficiente”.

Saber pedir ayuda y compartir nuestras inseguridades y miedos no nos hace remotamente más débiles, el efecto es lo contrario. ¡El coraje de ser imperfecto en una sociedad que está lista para juzgar sin misericordia es poderosísimo!

Como sociedad avanzaríamos a pasos agigantados si fuéramos más numerosos quienes nos atrevemos a ser vulnerables. Nos lanzaríamos a generar verdaderos cambios, sin importar los resultados, en lugar de simplemente quejarnos bajo el anonimato de las redes. Amaríamos más profundamente en lugar de andar en relaciones superficiales, ya que el opuesto al amor no es el odio sino el miedo. Y criaríamos a hijos más compasivos, pues les enseñaríamos –como dice la escritora Katherine Henson– que tener el corazón suave en este mundo tan cruel ¡es de valientes!

ALEXANDRA PUMAREJO@detuladoconalex

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