Una tarde de liturgia en la ‘catedral del toreo’

Una tarde de liturgia en la ‘catedral del toreo’

Relato de alguien que va, por primera vez, a una corrida en la plaza la Maestranza, en Sevilla.

Antonio Ferrera

Antonio Ferrera, quien a la postre resultó triunfador de la feria, en una de sus tardes en este 2017 en la Maestranza, de Sevilla.

Foto:

Julio Muñoz / EFE

12 de mayo 2017 , 11:20 p.m.

Si hay un lugar en occidente donde el silencio casi litúrgico de la corrida convierte al toro y al torero en lo verdaderamente importante es en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla (España). No en vano la llaman la ‘catedral del toreo’.

El ritual es solemne. Los pases del matador, las embestidas del toro y el respeto por ambos de quienes están en los tendidos hacen de esta plaza un emblema mundial de la tauromaquia y el ruedo al que todo torero y aficionado quiere ir alguna vez en su vida.

Para muchos es un lugar de culto. Para otros, un espacio de muerte. Cada quien es libre de pensar como desee. Pero en esta ‘catedral’ taurina no entra cualquiera, ni un toro desrazado ni un torero desangelado, y mucho menos un aficionado desparpajado. Aquí, en la Maestranza, todo es tradición y ceremonia.

Los toros de lidia son dispuestos toda su vida para el momento de saltar al ruedo, y quienes están a cargo de hacerlo comparan su trabajo con el de la preparación de guerreros medievales, para quienes los momentos de paz eran de pura intranquilidad. Este animal –por decisión ajena– es alistado en una ganadería durante años para el combate contra el hombre.

(Lea: Corte Constitucional ordena reactivar consulta taurina en Bogotá)

Y los toreros se preparan por mucho tiempo, en distintas etapas, para lidiar en varias faenas y que el riesgo que implica pararse una y otra vez ante un animal que generalmente supera los 550 kilos no les signifique la muerte. La denominada ‘fiesta brava’ está concebida en clave de lucha entre iguales, pero con la diferencia de que el torero nunca está solo; el toro sí.

Y para los dos, toro y torero, estar en el ruedo de la Maestranza –que se comenzó a edificar en 1733– es lograr la consagración y dar un paso grande para grabar su nombre en el libro de la historia de la tauromaquia, el cual se empezó a escribir precisamente en España hace nueve siglos.

De hecho, a esta arena se la considera una de las más exigentes, pues para salir en hombros por la Puerta del Príncipe, un honor que pocos han logrado, se requiere cortar por lo menos tres apéndices, mientras que en el resto –casi en todas– la hazaña se logra solo con dos.

Una de estas faenas en la Maestranza dura aproximadamente 20 minutos (cada torero participa en dos de estas con un toro diferente por ocasión) divididos en tres tercios, que en cualquier plaza son acompañados de música eufórica y un entusiasmo a veces desmesurado del público, sin contar con el infaltable trago de algo en la típica bota en forma de cuerno: manzanilla, vino, whisky… Pero, en este lugar, los códigos son otros, y de ahí que sea la ‘catedral’.

Para comenzar, es una fiesta a la que hay que ir con la mejor ropa. Traje formal, alguna que otra corbata, pañuelo en el bolsillo del saco y –dependiendo el clima– sombrero; a los vestidos de las mujeres los caracterizan los estampados, muchas veces rojos, y el abanico ondeando en la mano para evitar que el sol o el calor se interpongan frente al ruedo.

Los niños con pantalones cortos y zapatos de charol también se ven bastante, pues en territorio español no hay restricción de edad para acudir a una corrida. ¿Y los turistas? Bueno, a esta plaza llegan de diferentes países, y eso se ve en sus rostros, pero no ingresan a la faena sin la respectiva elegancia que reclama la cita taurina. Es todo un rito, una tradición, que para muchos evoca la tercera o cuarta década del siglo pasado, cuando el toreo tuvo su mayor auge en España.

“Llevo 30 años viniendo como abonado al cartel de la Feria de Abril, aunque también tenemos corridas en el segundo semestre de cada año, y si algo le puedo decir yo, que nunca falto, es que la elegancia no se pierde, aunque ahora los toros parecen ser cada vez más mansos”, le cuenta a este diario Paco Calderón, un señor sesentón y de boina que acude anualmente a estos tendidos.

El pasodoble típico que suena se hace en vivo, tocado por músicos muy bien trajeados –generalmente con prendas oscuras– para la ocasión. Además, respetando los silencios que caracterizan a esta aplaza, la banda ubicada en la parte alta de una de las tribunas solo emite sus sonidos cuando hay cambio de tercio o para dar algún aviso al torero. Y, claro está, al comienzo para advertir que se inició la jornada.

Esta vez, una soleada tarde de finales de abril en Sevilla, la banda interpretó el pasodoble Manolete para rendir tributo por el centenario del nacimiento de Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, más conocido como ‘Manolete’, un histórico español del toreo nacido en julio de 1917. Su memoria ha sido honrada a lo largo de este año en cada plaza de España y, seguramente, de otras naciones, pues a pesar de las duras polémicas que suscita la tauromaquia, aún se vive con fuerza en países como Francia, Portugal, México y, claro, Colombia.

Los animales lidiados son de la reconocida ganadería Victorino Marín y los toreros, del cartel Antonio Ferrera, Manuel Escribano y Paco Ureña. Los tres ya han estado en la Maestranza y, de hecho, Escribano logró hace un año medirse en el ruedo con uno de los pocos bovinos que han logrado el indulto en la historia de esta plaza.
“Qué pedazo de toro ese ‘Cobradiezmos’, y fue aquí mismo hace un año, cuando todos sacamos pañuelos blancos pidiendo el indulto”, recuerda Paco, emocionado y a la vez nostálgico de ver ahora, en 2017, una corrida que califica de “simple”.

(Vea aquí: 'Fiesta brava no es de izquierda ni de derecha, ni de ricos o pobres')

‘Cobradiezmos’ –el indultado– pertenece a la misma ganadería que esta vez brinda sus animales para el ruedo.

Los detalles de cómo transcurrió la corrida hacen parte de los detalles que contarán –o ya contaron– los cronistas expertos en toros, mas no de este texto que solo busca recrear cómo es una tarde en la ‘catedral del toreo’. Eso sí, solo se cortaron dos orejas (Ferrera y Ureña).

El argentino Juan Manuel Lara, uno de los tantos turistas que ocuparon aquella tarde uno de los casi 13.000 puestos que tiene la Maestranza, dijo que esta era su primera vez en una fiesta brava. “Y volveré, porque si bien al principio me pareció cruel y tuve que insensibilizarme para ver el arte que encarna, una corrida aquí en Sevilla es algo de culto que no pasa desapercibido en la vida de nadie que viene a verla; es imposible”, se confiesa con emoción.

Todo toro que deja su vida en el ruedo es aplaudido como homenaje del púbico y de quien lo toreó, y el matador sabe que al haber estado allí puso su nombre en una de las cúspides de la tauromaquia. Y quienes asisten como público terminan su ritual en silencio, comentando en voz baja la corrida, pero dejando –eso sí– sus críticas, buenas o malas, para la tertulia que hay cada vez que acaba una de estas liturgias en el tradicional barrio El Arenal, donde está la plaza.

Y mientras en una iglesia se dice ‘amén’ para culminar, aquí en la Maestranza, la histórica ‘catedral del toreo’, basta un simple ‘ole’, u ‘olé’, dependiendo de qué acentuación le guste más. La ceremonia taurina se reanudará al siguiente día.

La plaza con siglos de antigüedad

La Maestranza es una plaza emblemática de España, no solo por la forma casi litúrgica como se viven allí las corridas de toros, sino también por su historia y arquitectura. Esta edificación tardó 120 años en culminarse, y ya va para tres siglos consagrándose.

La historia cuenta que comenzó a construirse en 1733, en un terreno del tradicional barrio El Arenal, ubicado en el casco histórico de Sevilla. Se hizo sobre los restos de una plaza antigua y de madera, pero comenzó desde ese entonces a dejar huella: fue la primera en España en tener forma ovalada.

Casi ovalada, porque si bien se logra apreciar esta figura en una rápida mirada, lo cierto es que dicho círculo no es tan uniforme. La razón es que los planos pensados originalmente en el siglo XVIII tardaron en ejecutarse, y al retomarse las obras ya se levantaban las primeras casas de El Arenal. Eso obligó a que se tuvieran que modificar los planos y amoldar los diseños a la realidad urbanística de aquel entonces. En ese 1733, la obra se comenzó en madera, incluidos los tendidos y palcos, pero en 1786 el entonces rey Carlos III prohibió las corridas y las obras de la plaza se frenaron.

Antes de ello, en 1765, se culminó el reconocido Palco del Príncipe, que está sobre la llamada Puerta del Príncipe. Es el lugar por donde todo torero que viene a Sevilla quiere salir en hombros, triunfante. Hazaña difícil, pero que cuando se logra se deja una huella fuerte en los anales de la tauromaquia.

La construcción de la plaza, tras la prohibición de Carlos III, se retomó en 1820 y se hizo con la cobertura de los tendidos, a izquierda y derecha del palco principal. Esta obra se culminó en 1881 –61 años después– y así quedó lista la forma y base de la actual edificación, que ha tenido reformas, pero siempre respetando los diseños que tardaron tantos años en terminarse.

Esta significativa edificación sevillana es por sí misma una de las principales atracciones turísticas de la capital andaluza.

En sus alrededores hay estatuas en homenaje a quienes han hecho historia en este ruedo. Por ejemplo, una del ‘Curro Romero’ (Francisco Romero López); tiene el récord como el torero que más orejas ha cortado en una sola corrida: 8 a 6 toros. También hay otras recordando a figuras históricas, como una de la condesa de Barcelona (María de las Mercedes de Borbón y Orleans), madre del rey emérito Juan Carlos I y abuela del actual, Felipe VI.

DANIEL VALERO
Especial para EL TIEMPO
@DanielValeroR
danielvalero2@hotmail.com

Sigue bajando para encontrar más contenido

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA