Guillermo González Zuleta, genio del diseño estructural

Guillermo González Zuleta, genio del diseño estructural

Se cumplen 100 años del nacimiento de esta figura máxima de la ingeniería colombiana.

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El trabajo de González Zuleta es reconocido internacionalmente.

Foto:

Archivo particular

10 de octubre 2016 , 09:25 p.m.

Guillermo González Zuleta nació en Bogotá el 24 de octubre de 1916 y se graduó de ingeniero Civil en la Universidad Nacional en 1940.

También su padre, Fabio González Tavera, había sido ingeniero civil y profesor de la cátedra de ferrocarriles en la misma universidad.

El diseño estructural fue el campo de acción profesional de Guillermo González Zuleta, y él es considerado el ingeniero estructural más importante de la historia de Colombia, por la calidad, la categoría y la importancia de sus obras ampliamente conocidas en todas las ciudades del país, y además muchas de ellas muy reconocidas y admiradas en el exterior.

En su vida profesional recibió numerosas distinciones, entre las cuales se encuentran: Premio Nacional Eternit en 1967, Premio Nacional de Ingeniería en 1968 y en 1974, doctor honoris causa de la Universidad Nacional en 1986, Premio Asociación de Ingenieros de la Universidad Nacional en 1989, Premio José Gómez Pinzón, otorgado por la Sociedad Colombiana de Ingenieros, la Sociedad Colombiana de Arquitectos y la Cámara Colombiana de la Construcción, en 1991.

Son muy conocidas muchas obras suyas en las cuales se emplearon bóvedas cilíndricas para salvar grandes luces, como fue el caso de la plaza de mercado de Girardot, construida en 1968, o cubiertas parabólicas como las diseñadas para la capilla del Cantón Norte, en Bogotá; para la del Gimnasio Moderno en 1956 y para la Iglesia de Fátima en Medellín.

También diseñó cubiertas esféricas, como la de un supermercado en Bogotá en la calle 64; en este caso, para facilidad constructiva la forma se ha determinado teniendo presente la posibilidad de uso de formaleta especial con elementos iguales repetitivos.

Muy ingeniosa fue en 1957 la solución para la cubierta del coliseo cubierto de Pasto, cuando la colgó de unos arcos exteriores para que ella fuera de concreto, para proporcionar muy atractivo aspecto exterior e interiormente.

Debe citarse también como muy especial la cubierta de la sala principal del aeropuerto de Cali, en 1970, donde el sistema es el llamado ‘cubierta plegada’, pero en el cual se han combinado además elementos de concreto y de mampostería, lo cual proporciona mayor economía y facilidad constructiva.

En la catedral de Barranquilla, construida en 1965, se combinan tanto en fachada como en cubierta elementos portantes denominados paraboloides hiperbólicos que, siendo estructurales, son también decorativos.

Fueron cientos los diseños de edificios, tanto residenciales como industriales y empresariales, ejecutados en Colombia por González Zuleta; es tan amplia su enumeración que en su hoja de vida las obras se presentan clasificándolas por los diferentes departamentos del país; pero por sus muy especiales características es interesante resaltar el diseño del edificio UGI, en Bogotá, construido en 1975 procediendo con la ejecución inicialmente solo del núcleo central en concreto reforzado, el cual se remata en el extremo superior con una cercha metálica que permite que luego se vayan construyendo los pisos de arriba hacia abajo; así se hizo, y la ciudad entera tuvo oportunidad de observar durante varios meses, con atención y sorpresa, cómo se construía un edificio de arriba hacia abajo.

Pero adicionalmente son muchos los compatriotas que identifican a Guillermo González Zuleta como el genio del diseño estructural de nuestros estadios, porque todos ellos tienen hermosas cubiertas, casi todas de concreto, con detalles muy especiales de formas y acabados, cuyo comportamiento ha sido casi perfecto durante 50 o 60 años.

En muchos foros internacionales donde se han dado a conocer sus estadios, los profesionales de diversos países han expresado grandísima admiración al analizar las características estructurales de las cubiertas de concreto de estas construcciones; un ejemplo maravilloso es el hipódromo de Techo, en Bogotá, construido en 1956, cuya cubierta tiene un impresionante voladizo de 25 metros.

No causa menor sensación la cubierta del estadio 11 de Noviembre, de Cartagena, aligerada, de concreto, colocada sobre pórticos de forma parabólica, una verdadera joya tanto estructural como arquitectónica; posteriormente diseñó el estadio Pascual Guerrero, de Cali, cuya cubierta está colocada sobre pórticos de forma elíptica.

Cuando esta estructura se encontraba en construcción, tuvimos la visita de una de las mas brillantes figuras del diseño de cubiertas en el mundo, quien manifestó serias dudas sobre esta obra y opinó que debería cambiarse el diseño, pues este era inestable; no hubo cambio alguno, el tiempo dio la razón a González Zuleta.

Pero podríamos considerar que aún mayor juego geométrico y estructural muestra el estadio de fútbol Jaime Morón, de Cartagena, que tiene paraboloides hiperbólicos verticales cuyas generatrices se prolongan a la hermosa cubierta, también de concreto.

Es justo resaltar el trabajo en equipo que siempre logró con los arquitectos de sus estadios y cómo en estos equipos se seleccionaban interesantes formas geométricas, que siempre atendían tanto la parte estética como la de resistencia estructural.

En Colombia hay muchos otros estadios de González Zuleta; realmente parece que son pocos los que no tienen su nombre; son también diseños suyos los estadios de Cúcuta, Pasto, Pereira y Medellín; los coliseos de Cali y El Campín de Bogotá; sería extensísimo analizarlos todos; pero en esta ocasión citemos el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez, de Barranquilla, que ahora cumple 30 años, pues fue construido en 1986; este estadio también es una estructura muy atractiva y especial; tiene una capacidad para 60.000 espectadores y es la sede de la Selección de fútbol de Colombia.

Sin embargo, una estructura que sin duda no tiene precedente alguno, ni en Colombia ni en el mundo, es la de la plaza de toros de Cali construida en 1961. Funciona como una grandísima taza de concreto con la zona exterior sin apoyo alguno, totalmente en voladizo de 26 metros, sobre la cual se albergan 17.000 personas; esto es algo verdaderamente maravilloso y solamente propio de un genio del diseño estructural; el estudio de esta estructura inigualable deja valiosísimas lecciones de comportamiento estructural.

Hay una anécdota inolvidable que demuestra la sensibilidad de esta estructura, y se refiere a que el día de la inauguración, para hacer comprobaciones sobre su comportamiento, se decidió medir las deformaciones verticales cuando el público ocupaba las graderías. Lo que no se puede creer es que a medida que aumentaba la asistencia, ¡las deformaciones se producían hacia arriba!

La explicación encontrada es que el aumento de temperatura produce dilataciones que implican descenso de los distintos puntos de la gradería, y al ocuparse por el público el efecto es contrario por el enfriamiento; increíblemente, estos efectos térmicos pueden competir con los producidos por el peso de los asistentes.

Los anteriores son solamente unos ejemplos de los cientos de obras excepcionales de las cuales es mucho lo que aprendemos al estudiar su comportamiento estructural y constructivo; sin duda, mayor es nuestra admiración cuando recordamos que en aquellos momentos no se contaba con la ayuda del computador y en casi todas estas construcciones los cálculos tuvieron que hacerse manualmente, solo con la lógica, la intuición y el ingenio que acompañaron siempre a esta gran figura.

Es natural que el mérito no sea exclusivamente suyo; fueron muchos y muy brillantes los arquitectos que participaron con él en esos diseños y, como es lo usual, de ellos fueron las ideas creadoras, pero todos encontraron en este gran ingeniero el apoyo y el complemento que para su realización solamente él podía proporcionar.

Pero además de dejarnos ejemplos de altísima calidad profesional, Guillermo González Zuleta siempre nos dio ejemplos de máxima prudencia, de inigualable sencillez, de colaboración siempre desinteresada y de grandísimo comportamiento de ética profesional.

LUIS GUILLERMO AYCARDI*
Especial para EL TIEMPO
Docente universitario hace más de 50 años. Posgraduado en Ingeniería en la Universidad de Columbia, Nueva York.

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