Narices y risas que curan: ‘fui Doctora Clown por un día’

Narices y risas que curan: ‘fui Doctora Clown por un día’

Acompañamos a una niña de 8 años a hacer Terapia de la Risa con la Fundación Doctora Clown.

El poder de la nariz roja cumple 20 añosLa Fundación Doctora Clown celebró su cumpleaños en el Hospital Infantil Universitario San José.
Doctora Clown

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14 de febrero 2018 , 09:08 p.m.

A Maria José no le importó ‘capar clase’ por un día. Cuando supo que iría a acompañar a la Fundación Doctora Clown a una de sus famosas terapias de risa no lo dudó. Alistó una bata blanca con parches de obras de arte famosas (la única que tiene), una diadema que simula un cuerno de unicornio multicolor y lo más importante: su pequeña nariz de color rosado intenso.

El nombre de su personaje ya lo tenía. ‘Pastillita’, surgido del personaje creado para ayudar a su hermanita menor cuando debe tomar sus medicinas. Ese ha sido su pequeño ‘entrenamiento’. Pero nunca había enfrentado la realidad de ver niños de su edad -8 años- o mucho más pequeños, en condiciones muy delicadas de salud.

Y ni pensar en tener que hacerlos reír para facilitar su curación. Para que su cuerpo reaccione a través de la alegría. Porque la terapia de la risa no es hacer chistes y ya. Es, entre muchos otros beneficios, activar la secreción de sustancias positivas (como la serotonina) para mejorar la condición corporal y facilitar procesos curativos.

Así lo afirma Luz Adriana Neira, o mejor, la ‘doctora Glugli’, pionera de esta terapia en el país y directora de la Fundación que esta semana cumplió 20 años, representados en 730.845 terapias.

Y detrás de quienes hacen esta labor hay muchísimo trabajo. Semanas y meses de entrenamiento físico y, sobre todo, mental. Porque nadie puede hacer terapia de la risa si no está en paz consigo mismo.

La máscara más pequeña
Doctora clown 20 años

El 'doctor Nomín', la 'doctora Pirinola', la 'doctora Pastilita' y la 'doctora 'Do,re,mi'

Foto:

Rafael Quintero/ EL TIEMPO

No bien pisó el Hospital Infantil de San José, Maria José se transformó en ‘La doctora Pastillita’. Y fue recibida con un tremendo abrazo por la ‘doctora Infuntina’. Una bella y algo despistada clown, hija del rey de un planeta lejano llamado Toxicrón. Claro, tras el personaje está Isabella Londoño Bejarano. Pero mientras tenga la nariz roja en su lugar, el ser de la vida diaria desaparece por completo, dándole paso al colorido personaje de fantasía. “Tenemos la máscara más pequeña, pero que saca lo más hermoso de nosotros”, dice la doctora Infuntina.

Por eso nadie, al llegar al piso de pediatría, llama a Maria José por su nombre. Ella es la ‘doctora Pastillita’. Y así la saludan los nueve doctores clown que esperan iniciar su trabajo mientras ponen ‘patas arriba’ las instalaciones del centro de salud. Y la revolución se triplica cuando aparece la estilizada figura de la modelo y empresaria Carolina Cruz, una de las famosas que se sumó a la causa de celebrar los 20 años de la Fundación.

La 'doc Pastillita' mira todo con cierto nerviosismo. Su carácter, más tímido que eufórico, la tienen un poco asustada. Pero poco a poco suelta los músculos cuando todos hacen un círculo y empiezan a ponerse retos alegres: saludemos como micos, respondemos como gallinas, contemos chistes rápidos.

Porque cuando empiezan su labor, es imposible no contagiarse de la alegría de los clown. Son dulces, enérgicos y risueños. Pero, eso sí, imposibles de entrevistar.

- ¿Cómo te llamas?
- Serafín
- ¿Y cómo entraste a la Fundación?
- Por la puerta
- ¿Y cuánto llevas como clown?
- Soy recién nacida, mira mis zapaticos

La terapia
Doctora Clown

La terapia dela risa en el Hospital Universitario Infantil de San José.

Foto:

Cortesía prensa Hospital de San José

Lentamente, los doctores clown comienzan a desfilar. Cantan (con voz moderada) y tocan algunos instrumentos. Entonces, las puertas comienzan a abrirse. Asoman padres con evidentes rostros de trasnocho. Madres con los ojos enrojecidos. Familiares a quienes la preocupación se les nota en la mirada.

Pero ven pasar la caravana y sonríen. Vaya uno a saber por primera vez en cuántos días. Al fondo están los pequeños pacientes. Algunos esperan con alegría. Otros lucen más indiferentes que interesados. Hasta que la risa toca su puerta.

El tamaño del hospital obliga a dividirse en grupos. A Pastillita le corresponden tres compañeros: la 'doctora Pirinola', ataviada con girasoles en su cabeza; la 'doctora Lunati', de audífonos, nariz y antenas de color verde; y el 'doctor Lucas', rockero, alto y con unas graciosas gafas negras.

El recorrido es arduo. De más de dos horas. Puerta por puerta. El primero es Juan Camilo. Comienza reacio. Poca atención pone. En contraste, su mamá luce dichosa y graba con su celular cada momento. Hay que ser pacientes. Y en efecto, el hielo se rompe cuando aparecen el concurso de reventar burbujas de jabón y una rap de ‘sol solecito’, con bailecito incluido. La risa asoma y los doctores clown convierten el cuarto, por unos minutos, en una bella función de circo.

La vida es amarilla
Doctora Clown

Durante 20 años, la Fundación Doctora Clown ha llevado la terapia de la risa a niños y personas mayores en condiciones de vulnerabilidad

Foto:

Cortesía prensa Hospital de San José

Pastillita baila tratando de seguirle el paso a sus ‘colegas’. Canta y luego, cuando llega el momento de enviarle energía al paciente, se esmera en que sus manos se acerquen para tocarlo. “No me da miedo, ni impresión. Me gusta mucho. Estoy contenta”, dice con mucha convicción y luego se apresura: “Mis compañeras me dejaron atrás”. Y sigue el recorrido.

A veces, al salir de las habitaciones, aflora el cansancio. El derroche de energía es enorme. La fuerza emocional que exhiben estos embajadores de la risa puede ser muy agotadora. Pero basta con que se abra otra habitación para que la batería se recargue. Y al máximo. Adiós cansancio, adiós tensión. Bienvenido el poder de la nariz roja.

Y no solo los pacientes se benefician. También quienes son voluntarios. Por mucho tiempo o por un día, como es el caso hoy de nuestra protagonista. Su sonrisa no se va de la cara. “Quiero volver, quiero volverlo hacer”, repite y se niega a quitarse su disfraz, a volver a ser Maria José.

Ni siquiera al día siguiente, porque se levantó, se bañó, se puso el uniforme de su colegio … y su nariz roja. Quería que la ‘doctora Pastillita’ la acompañara durante todo el día. Al fin y al cabo, como dice la doctora Glugli: “Llevamos el corazón en la nariz y la vida es amarilla (amar y ya)”.

RAFAEL QUINTERO CERÓN
Subeditor Unidad de Datos 
@Thefugazi

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