María Teresa Herrán, sin pelos en la lengua

María Teresa Herrán, sin pelos en la lengua

Desde inicios de los años 80 se caracterizó como aguda investigadora.

María Teresa Herrán

Herrán fue directora de ‘Alternativa’ y la primera mujer en dirigir un noticiero de TV.

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Claudia Rubio / EL TIEMPO

13 de febrero 2018 , 09:06 p.m.

Una de las mayores virtudes de María Teresa Herrán es que siempre, en privado y en público, dice lo que piensa. Por eso, quienes la oyen saben a qué atenerse. En su blog Debatir sin pelear se presenta no como periodista ni tampoco como escritora, sino como una “abuela cibernauta”. En la celebración del Día del Periodista, por estas fechas, se la recuerda como periodista todoterreno.

Ha sido desde colaboradora, sin remuneración, hasta la primera directora mujer de un noticiero de televisión.

Afirma con vehemencia que ya colgó su título de periodista porque en la actualidad no informa, sino comenta, y una comentarista no se puede denominar periodista, a pesar de que algunos no tienen empacho en hacerse pasar por tal, metiéndose en cuerpo ajeno, como sucedió el año pasado cuando en el programa de televisión de la revista Semana increpó a José Félix Lafaurie, presidente de la Federación Nacional de Ganaderos (Fedegán), quien se presentó como periodista. Y aprovechó ese espacio para exponer sus puntos de vista sobre la diferencia que encuentra entre comentar la noticia y producirla.

Escribir y escribir

“Desde que tengo conciencia he escrito. Colaboré en los periódicos en el Liceo Francés. En la Universidad Javeriana también sobresalía por escribir. En 1969 me gradué de abogada, mis compañeros casi todos eran conservadores: María Stella Sanín, Sara Ordóñez, Juan Sebastián Betancur, Jorge Iván Villegas y Juan Camilo Restrepo, con quien me casé. Aprendí a convivir con los ‘godos’, a pesar de ser desde la cuna todo lo contrario. Mi padre fue un liberal a toda prueba, y mi mamá, muy ligada con la defensa de los derechos humanos”.

Comenzó a escribir en El Siglo, por esos amigos que la empujaron a hacerse un sitio dentro del periodismo, e hizo reemplazos cuando le dieron la oportunidad. Colgó el título de abogada.

“Mi primer trabajo se lo debo a doña Inés de Montaña (responsable por muchos años del ‘Consultorio sentimental’ de El Espectador). Coincidimos donde un dentista de apellido Vallejo, y le comenté mis ganas de trabajar en un periódico. Me llevó a escribir primero en las páginas femeninas y luego me ayudó a pasar a las editoriales, mi obsesión, con una columna que titulé ‘Ocurrencias’. Espacio que tuve por años, renunciando cada vez que Juan Camilo ocupó un cargo público o hizo campaña política”.

Recuerda con orgullo una serie de reportajes que califica de “diabólicos”, porque eran punzantes, a personajes de la vida nacional, que le dieron notoriedad. El director, don Guillermo Cano, apoyó y respaldó sus ocurrencias.

Trabajó también en la revista Nueva Frontera como asistente de su director, Carlos Lleras Restrepo, hasta que un día presentó su renuncia irrevocable.
¿La razón?: “Uno no crece a la sombra de los grandes árboles”.

Por esos años se dio cuenta de que el periodismo es más efímero de lo que se cree y, como buscaba persistir en el tiempo, comenzó a escribir libros.

La lista la encabeza El sindicalismo por dentro y por fuera, editado por Oveja Negra con el apoyo del Cinep, 1981. Luego vino La sociedad de la mentira, primera investigación a fondo sobre la industria de los medios de comunicación en el país, con el apoyo de la Universidad Nacional, un proyecto en el que destejió las telarañas del poder en los principales medios, copiando al economista marxista Julio Silva Colmenares, quien lo había hecho con el sector empresarial. Para este libro tuvo tres asistentes. Y repite: “Nunca me rectificaron, ni me investigaron, ni me demandaron ni tampoco me amenazaron. Una investigación en la que sustentaban cada dato”. Se volvió su tema. Daba conferencias, respondía interrogatorios, escribía ensayos, artículos.

Hasta que se hartó

Y tocó la puerta de la editorial Tercer Mundo. Santiago Pombo, su gerente, se la abrió de par en par. El primer libro se lo dedicó a la dualidad de la imagen, cuando se inauguró la Fiscalía General de la Nación. Por un lado, los retos de la institución y por otro, el caudillismo, el poder creciente en manos de una sola persona, en ese momento, Gustavo de Greiff. “Quiero decir que, ahora que se ha expandido y se ha fortalecido, es un verdadero monstruo. Pero como trato de no repetirme ya no me interesa escribir más al respecto”.

Creó, con su colega de tantos años, Javier Darío Restrepo, el sello editorial Un Tris de Libro, y publicaron Tutela, periodismo y medios de comunicación, el primer texto que se escribía sobre ese derecho.

También escribió una novela, que va por la segunda edición, sobre el asesinato del sacerdote indígena Álvaro Ulcué. “Me interesó su vida. El único sacerdote paez. Además, tuvo un hijo. Me fui para el Cauca. Entrevisté a la mamá del hijo, a la madre de Ulcué, a sus compañeros, a sus feligreses, a sus contradictores, y descubrí a sus asesinos. Hablé con el testigo que vio cuando le dispararon, y me señaló quiénes lo hicieron. Lo sacaron del país y lo escondieron porque estaba amenazado. Hice la denuncia, pero prescribió”.

Política y TV

Con Iván Marulanda, uno de los más reconocidos miembros del Nuevo Liberalismo, hizo dupleta para obtener un escaño de Constituyente. Una de sus estrategias publicitarias, porque no era muy reconocida, fue pararse por algunas horas, durante varios días, en el parque Santander con un cartel en el que se leía: ‘Quiero ser constituyente’. Su osadía no revirtió en votos.

Dirigió la revista Alternativa en su segunda etapa. El presidente de su consejo directivo era el sociólogo Orlando Fals Borda, y enumera orgullosa el listado de investigaciones que publicaron. “En televisión, fui la primera mujer directora de un noticiero. Llegué de chiripa”. De la programadora Promec Televisión (Opus Dei) le pidieron poner su nombre para presentar un piloto a la licitación, y ganaron el espacio. No dudó en aceptar, pero se blindó. “Pensé que podría tener problemas por ser liberal. Conformé un consejo editorial con personas muy respetables, como Ramiro de la Espriella y Lucy Nieto de Samper, entre otras, que fueron mi protección.

Su carácter fuerte más su consejo la hicieron inabordable para los dueños del espacio, que debieron aguantar un noticiero muy liberal. Su horario era los fines de semana y festivos. “Mis tres hijos eran pequeños, por lo que Juan Camilo tuvo que ser mamá y papá. Me cansé. Al día siguiente de mi salida, el noticiero abrió con una nota de monseñor Escrivá, máxima autoridad del Opus Dei. Me gustó mucho hacer información en televisión. Conformé un equipo muy bueno. César Fernández fue el jefe de redacción. Nos tocó cubrir la toma y contratoma del Palacio de Justicia y recibir la llamada de la ministra de Comunicaciones, a la que respondí diciéndole que no tomaba sus palabras ni como advertencias ni tampoco como solicitudes”.

También hizo radio, por un breve lapso, con María Jimena Dussán, en Radio Net. Aunque sabe que su voz no es la mejor. Grababan entrevistas a personajes. No olvida la que le hicieron a Álvaro Uribe Vélez, porque se salió del estudio furioso, gritándola y acusándola de que lo perseguía.

Se hizo conocedora de la lógica de los medios, que no ha dejado de seguir, analizar y criticar. Dictó clases en el pregrado de la Javeriana. Dirigió la Maestría de Periodismo de la Universidad de los Andes y fue directora del Programa de Comunicaciones de la Universidad Central.

Cibernauta

Llegó al mundo digital hace cinco años. Tuvo que buscar un profesor que la hizo internauta, tuitera y responsable de un blog, bajo el lema de ‘opinar es debatir sin tener que pelear’, que ha llegado a tener un día quinientos lectores y que regularmente visitan de cien a ciento cincuenta personas. “Estoy muy contenta porque creo que es más de lo que me podrían leer en un periódico o revista.
Cincuenta mil entradas en cinco años me dejan muy satisfecha. En mi blog me dedico a los temas de coyuntura: la crisis en la justicia; el trabajo de los medios, sobre todo los audiovisuales, que encuentro pésimos. Uno a los 70 años tiene derecho al descanso, por eso, ahora soy una ciudadana que opina. No relato ni informo, que es una tarea para más jóvenes”.

Ahora quiere escribir una novela o un ensayo sobre la mujer sin atributos, uno de los tantos temas que baraja, porque ideas le sobran.

MYRIAM BAUTISTA G.
Especial para EL TIEMPO

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