Pictoline no busca acabar con la escritura: Iván Mayorquín

Pictoline no busca acabar con la escritura: Iván Mayorquín

El mexicano es uno de los cocreadores de los famosos cómics noticiosos.

Iván Mayorquín

Mayorquín (aquí, en autorretrato y en retrato) nació en el estado de Sinaloa. Estudió dirección creativa en la agencia Grupo W y en la escuela Digital Invaders. Ayudó a fundar Pictoline en el 2015.

Foto:

Cortesía: Iván Mayorquín

15 de abril 2018 , 02:46 a.m.

¿Cómo lograron cuatro diseñadores construir un medio de comunicación con casi tres millones de seguidores en Facebook y más de un millón en Twitter? El ilustrador Iván Mayorquín tiene la respuesta y viene a Bogotá para compartirla con la gente que admira a Pictoline, el sitio web que publica pequeños cómics noticiosos o bacons.

El mexicano, de 33 años y oriundo de Mazatlán (Sinaloa, México), es uno de los cofundadores de esta empresa de “diseño de información”, que empezó a funcionar hace tres años y en la que hoy trabajan una docena de personas, incluidos ilustradores, periodistas y escritores.

Antes de su viaje a Colombia, para participar en el Congreso Internacional de Ilustración Fig.08, que se celebra como parte de la Feria del Libro, Mayorquín conversó con EL TIEMPO.

¿Cómo deciden los temas?

En la mañana tenemos un consejo de redacción, y todos llevan temas. De estos elegimos los que vamos a hacer ese día, unos cuatro. Cada ilustrador hace al menos uno.

¿Cómo logran reaccionar tan rápido a hechos como la muerte de Stephen Hawking?

Nos preparamos para cosas que sabemos que sucederán, como los deportes. También tenemos un ‘última hora’ de cosas como los Óscar, con versiones de diferentes ganadores. Y otro ‘última hora’ por si alguien fallece o algo así, para el que siempre hay alguien de guardia.

¿O sea que funcionan como un medio de noticias?

A cualquiera de Pictoline que le preguntes te dirá que somos una empresa de diseño de información. Ahorita lo que más se ve es el medio, porque es lo que más tiempo lleva. Los que empezamos éramos solo ilustradores y diseñadores, y poco a poco han llegado periodistas y escritores, y de a poco hemos entendido cómo funciona algo así.

En ese sentido, ¿cree que los ‘bacons’ son periodismo?

Creo que, a veces, Pictoline hace periodismo. Cuando nos toca hacerlo, tocamos base con gente de trayectoria y conocimiento.

¿Tienen algún sistema de chequeo de datos?

El año pasado empezamos el programa Double Checkers, que formalizó nuestra relación con expertos y periodistas. Contamos con gente a la que podemos acudir en la Unam, en The New York Times... Gente con la que podemos tocar base mediante un mensaje de WhatsApp, antes de publicar. Ellos chequean el bacon y le dan su visto bueno. Cuando sucede esto, solemos poner el nombre de la persona que nos asesoró. Al manejar información sensible tienes que tomar responsabilidad por ello en alguna forma.

Al manejar información sensible tienes que tomar responsabilidad por ello en alguna forma

¿Se podría decir que los ‘bacons’ son infografías?

No creo que lo sean, porque las infografías no suelen tener tanta narrativa. Para mí son más como pequeños cómics. Creo que un bacon es tanto un cuentito como una infografía. Siento que la infografía tradicional se refugia en una estructura de información un poco análoga, y nosotros buscamos ser más cercanos a lo que pasa en internet.

¿Por qué este formato es tan popular en la red?

Yo creo que la imagen tiene la naturaleza de viralizarse muy rápido porque, si es clara, es supersencilla de leer, más que las letras.

¿Estamos en una época en la que entendemos más con imágenes que con texto?

No creo que sea de la época. El ser humano siempre ha sido visual. Lo que pasa es que las tecnologías que llegan facilitan que todo sea cada vez más intuitivo. Obviamente, la escritura también tiene una carrera comunicativa muy fuerte y poderosa, pero creo que la imagen la vence en la inmediatez, porque es muy fácil de decodificar. Por eso se puede viralizar muy rápido y generar impacto.

¿Hay cosas que se pueden explicar mejor con un texto?

Frecuentemente nos preguntan si buscamos que ya no se escriba más, pero no. Yo lo que siento es que el bacon sirve para lo suyo, y el libro para lo que el libro sirve, la película para lo que ella sirve y demás. No creo que una cosa busque suplantar a la otra, sino que cumplen funciones distintas. Es como la gente que dice que lee el cómic porque es mejor que la película... Son para dos cosas distintas.

¿Cree que el formato de la infografía está subvalorado?

No creo que estuviera subvalorado, pero sí estandarizado: “Ah, es una infografía y va para la página 9 del periódico”. Curiosamente, los memes y todas esas cosas visuales estaban volando en internet. Creo que llegamos en un punto de ebullición. La infografía no estaba subvalorada, sino que no se había presentado de manera tan frontal y tan estructurada.

¿En qué se inspiraron para desarrollar Pictoline?

Eduardo Salles, quien tuvo la idea inicial, me dijo alguna vez que en internet había un montón de información muy interesante y valiosa, pero que la gente no la digería porque no estaba hecha para ellos. El trabajo de Pictoline es que esa información sea más fácil de entender y llegue a más personas.

¿Eso quiere decir que Pictoline ayuda a navegar en el mar de datos de la web?

Nuestra misión es tratar de ser señal y no ruido. Nos esforzamos por no ser otra de las mil cosas que te van a hacer ruido en la cabeza.

Nuestra misión es tratar de ser señal y no ruido. Nos esforzamos por no ser otra de las mil cosas que te van a hacer ruido en la cabeza.

¿Han contemplado hacer ‘bacons’ en otros idiomas?

Sí, pero vamos paso a pasito.

¿Cómo se financia Pictoline?

Desde el año pasado hacemos bacons comerciales, pagados por una marca. Aun así, siempre cuidamos que la información y la presentación sean muy Pictoline. Jamás vamos a comprometer la calidad ni la veracidad de la información. Hace poco hicimos uno para cerveza Victoria, que sacaba una salsa de chile, y el bacon era un ‘enchilómetro’. Tratamos de hacer algo que empate con lo que la marca busca, pero nunca comprometiendo lo que queremos decir. Todo el 2017 tuvimos un bacon comercial cada dos semanas, más o menos.

¿Qué ha sido lo más difícil de ilustrar para usted?

El año que empezamos era el primer aniversario de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayot-zinapa, y un grupo que se llama Giei (Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes) había hecho un reporte muy cabrón de lo que pasó esa noche, de dónde estaban todos a tal hora, con entrevistas a la gente del pueblo, etc.
El informe lo sacaron semanas antes del aniversario. Lo vimos y dijimos: “Esto está increíble”. Sentimos que no tanta gente lo estaba leyendo porque es un reporte grande, y decidimos hacerlo de manera gráfica. Se llama Vivos se los llevaron y es una novela gráfica.

Nos costó mucho hacerla porque en cuatro o cinco días dibujé como 25 páginas, y Salles hizo toda la redacción. Estuvimos trabajando muy fuerte, todo el día, toda la noche, porque queríamos salir a tiempo. Lo sacamos, y el mismo Giei lo recomendó. Creo que esa fue la primera vez que entendí bien de qué iba Pictoline, cómo podían ser los siguientes años. Es de las cosas más valiosas que he hecho como ilustrador.

¿Ese es el trabajo que más le ha gustado?

Sí. Ni siquiera creo que es lo más bonito que he hecho, pero sí lo más chingón (competente). Y también me gustan mucho cosas de otros ilustradores... Hay un ‘gif’ de cuando falleció (David) Bowie que me encanta. La pieza de la muerte de Hawking me pareció muy buena. Y me gustó mucho todo lo que hicimos cuando sucedió el sismo el año pasado. Hubo mucha proactividad. Decidimos ser totalmente útiles con la información que dábamos. Creo que la curaduría de contenido fue muy chingona esa semana. Y fueron días muy emotivos porque la oficina está en la zona norte y nos tocó el sismo full.

¿Hay algún tema al que haya renunciado porque no encontró la manera de contarlo con imágenes?

Cuando siento que no es con una imagen, pues busco otra forma de hacerlo y ya. Hay proyectos en que lo importante es que se entienda lo que se quiere decir, y si no es una con imagen pues no habrá una imagen.

¿Qué ha aprendido en Pictoline?

Que el fondo es más importante que la forma, que el contenido y el concepto son más valiosos que lo bonito que puedas hacerlo. Que la empatía es una gran herramienta del diseño. A los diseñadores se nos olvida ser empáticos, nos encanta ser contemplativos y que observen nuestro trabajo como si fuera un dulce visual, pero se nos olvida que tenemos una responsabilidad y debemos de buscar ser útiles para las demás personas. Eso es algo que no hacía mucho antes y que me ha gustado. El diseño no es solo gráfico: es pensar, es ver un problema y descifrar cómo solucionarlo. En ese sentido, todo el mundo diseña.

El fondo es más importante que la forma, el contenido y el concepto son más valiosos que lo bonito que puedas hacerlo. La empatía es una gran herramienta del diseño

¿Cuál es el mayor error de un diseñador o ilustrador?

Pensar que la comunicación es unilateral, hacer cosas solo para que las vea la gente. Tu trabajo se pone más rico y más interesante cuando generas una conversación y cuando puedes hacer una pieza que termina siendo útil para alguien. Y no me refiero a útil solo en el sentido de ayudar a alguien; el entretenimiento también es útil. Creo que diseñar pensando en que va a servir de algo para alguien es más chingón que solo diseñar.

¿Qué hacía antes de estar en Pictoline?

Llevo ilustrando ya nueve o diez años. Tuve un colectivo de ilustración que se llamaba Buque, hacía murales; luego me fui a estudiar en una escuela en el norte de la República y me vine al D. F., y llevo bastante tiempo haciendo cómics; de hecho, creo que por eso Salles me consideró para el proyecto. Tengo una tira cómica que se llama Pizza Sándwich y he hecho cómics para Vice, Noisey y otras cosas. Esa fue de las cositas que aporté en Pictoline.

¿Hace cuánto tiempo se dio cuenta de que su vocación era ilustrar o hacer cómics?

Dibujar como tal, desde muy pequeño. Soy el típico niño que siempre dibujaba. Después entendí que se podía ser ilustrador y estudié diseño. Y creo que hace como seis años entendí que podía contar algo con imágenes, hacer cómics.

Siempre me han gustado los cómics muy de barrio. De pequeño, los cómics a los que tenía acceso eran supermexicanos, nada glamoroso, nada de Marvel edición especial, o sea, cómic muy de peluquería, pero me gustaban mucho. Hace como seis años me invitaron a hacer un cómic para Vice México. Nunca había hecho uno de principio a fin, pero me gustó mucho.

¿Pictoline es su único trabajo?

Vivo de Pictoline y a veces hago otras cosas porque me buscan para algún proyecto que quiero hacer.

¿Se ve en otro lugar?

La verdad es que me encanta Pictoline y, como tuve la fortuna de ayudar a formarlo, disfruto mucho ver cómo crece. Podría estar en Pictoline para siempre. Un ilustrador no puede parar de dibujar.

Dónde y cuándo

Iván Mayorquín dictará una conferencia sobre diseño de información el 28 de abril a las 12:35 p. m, en Corferias. El costo es de $ 130.000 para estudiantes y $ 240.000 para particulares. Además, dará un taller de diseño de información bajo presión los días 26 y 27.

MARÍA ISABEL ORTIZ FONNEGRA
ELTIEMPO.COM
marfon@eltiempo.com
Twitter: @M_I_O_F

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