El legado de Hubert de Givenchy, símbolo de elegancia francesa

El legado de Hubert de Givenchy, símbolo de elegancia francesa

Su reciente muerte, a los 91 años, entristece al mundo de la moda, que lo recordará por su audacia.

Hubert de Givenchy

En noviembre del 2016, Givenchy posó en la exposición ‘A Audrey con amor’, en el museo Gemeentemuseum, en La Haya (Holanda).

Foto:

Bart Maat / EFE

14 de marzo 2018 , 09:34 p.m.

“El secreto de la elegancia es parecer uno mismo”, decía Hubert de Givenchy –con su porte aristocrático, indisociable del de su musa, Audrey Hepburn–. El diseñador, que murió el sábado pasado, puso durante más de 40 años su talento al servicio de un estilo simple y refinado.

Nacido el 20 de febrero de 1927, Hubert de Givenchy perdió a su padre cuando tenía 2 años y creció en Beauvais (Francia), rodeado de su familia materna. Su abuelo era administrador de las manufacturas de tapicerías de Gobelins y de Beauvais. Así nació su gusto por los tejidos y materiales: “Esta herencia que tuve la suerte de poder consultar fue de una gran influencia”, decía.

Un vestido debe “embellecer a la mujer que lo lleva y no disfrazarla”, subrayaba este modisto distinguido y sumamente cortés, que compartía con su ‘maestro’, Cristóbal Balenciaga, el gusto por las líneas depuradas.


Se puso a dibujar siluetas de moda, siguió clases de bellas artes y, a los 17 años, debutó como modisto en los talleres de Jacques Fath y Elsa Schiaparelli. Con 24 años decidió abrir su propia casa de moda. Su primera colección, constituida casi por completo de piezas separadas, cosechó enseguida un gran éxito en 1952.

El encuentro en 1953 con Balenciaga, con quien entabló una gran amistad, fue crucial: “Balenciaga era la arquitectura, la genialidad, la belleza en el estado puro. Me lo enseñó todo”, declaró Hubert de Givenchy, quien, sin embargo, no trabajó nunca con el diseñador español.

La gracia de Hepburn

1953 supuso también el inicio de 40 años de complicidad con Audrey Hepburn, la actriz de cuerpo grácil y encanto ingenuo que se convirtió en su amiga y su musa. Más que ninguna otra mujer, Audrey Hepburn encarnó el estilo Givenchy, esa elegancia sin ostentación, de fantasía discreta y cómoda sencillez, clásica pero no austera.

Hubert de Givenchy la vistió para la pantalla (Sabrina, Breakfast at Tiffany’s...) y también para la vida real. Con ella, “ángel con ojos lánguidos”, “el trabajo se convertía en un acto de alegría”, declaró el diseñador en una ocasión. “Daba a la ropa la gracia que tenía en ella”.

La estrella de Hollywood le aportó numerosa clientela del otro lado del Atlántico que adoraba los vestidos con la elegancia sencilla y cómoda del diseñador.

“Estoy atada a Givenchy como las estadounidenses a su psiquiatra”, decía por su parte Audrey Hepburn. Trabajador tenaz y perfeccionista, Hubert de Givenchy comenzó durante décadas su jornada laboral a las 7:30 a. m., permanentemente vestido con una bata de lino blanco.

El diseñador, que, por otro lado, era un apasionado de la decoración y un gran coleccionista de arte, resumía así su línea de conducta: “Rigor, nada de cosas inútiles y mucho trabajo”.

Entre sus clientas figuraban Grace Kelly de Mónaco, Jackie Kennedy, la duquesa de Windsor, Elizabeth Taylor, Lauren Bacall, Jean Seberg, Diana Ross... En el cine vistió también a Brigitte Bardot.

AURÉLIE MAYEMBO
AFP

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