Es clave comprender el ciclo de vida de los materiales para reusarlos

Es clave comprender el ciclo de vida de los materiales para reusarlos

Úrsula Tischner explica cómo la educación es clave para identificar objetos que contaminan.

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Un 95 por ciento de los habitantes de Bogotá consideran que el cambio climático afecta su calidad de vida.

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Sergio Rodríguez / El Tiempo

19 de noviembre 2016 , 12:13 a.m.

Desde reciclar botellas de gaseosa o neumáticos, inventar nuevos productos con materiales más amigables con el medio ambiente hasta crear proyectos para generar energía con la luz del sol, son algunas de los ejemplos del ecodiseño, una tendencia que está teniendo un fuerte impulso en el mundo.

Esta manera de concebir los productos que se consumen a diario busca generar conciencia ambiental a través de la reutilización de los productos, pero también transformar la manera en la se consumen ciertos objetos, a través del análisis de su ciclo de vida, cuyo objetivo es mirar el nacimiento de un objeto, su fabricación, empaque, transporte, uso del consumidor y, finalmente, la reincorporación de este para una nueva vida útil.

Úrsula Tischner, arquitecta, diseñadora industrial y especialista en diseño de productos y servicios sostenibles de Alemania, es una de las pioneras en este reciente modo de pensar el impacto del diseño en el planeta.

El ecodiseño “va a repercutir en la economía, porque los precios van a ser más altos y no va a haber competencia. Un producto ecodiseñado, que puede ser una mesa, equivale a 20 mesas convencionales y baratas”, aseguró en una entrevista con EL TIEMPO sobre los retos de esta nueva ola. Además participó en el segundo Congreso Latinoamericano de Ecodiseño, que se llevó a cabo este mes en la Universidad El Bosque en Bogotá.

¿Qué tanto se está ‘ecodiseñando’ en el mundo?

Yo empecé a incursionar en el ecodiseño en 1992 y para la época no había tanto conocimiento sobre este tema. Pero ahora hay más programas, específicamente, enfocados en diseño para la sostenibilidad, más estudiantes vinculados y organizaciones como la Red Latinoamericana de Diseño, que es un espacio dedicado a la integración y el fomento de esta disciplina. Sin embargo, no es suficiente ya que el ecodiseño tiene que ser transversal a la educación, y no solo afín a las ingenierías.

¿Cómo ve a Colombia en el tema de la reutilización de productos?

Estoy impresionada, porque se nota que están haciendo un buen trabajo. Considero que en los países emergentes o subdesarrollados, es más fácil generar cambios, ya que no son muy industrializados y tienen la oportunidad de generar economías locales o emprendimientos para promover la sostenibilidad ambiental.

Entonces, ¿cuál es el paso siguiente que debe tomar el país?

La idea no es que copien el modelo de desarrollo europeo sino que el país aterrice sus experiencias en el contexto local. Colombia es el tercer país más vulnerable del mundo frente al cambio climático, según Frank Pearl, exministro de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible. Tanto el sector público y privado en el país son conscientes de este peligro y no es para menos, pues un 95 por ciento de los habitantes de Bogotá consideran que el cambio climático afecta su calidad de vida.

Documentales e informes sobre cambio climático ponen en alerta a las personas sobre el rol que están tomando con el medio ambiente. En ese sentido, ¿el ecodiseño qué estrategias propone?

Una vía es que los consumidores se informen y se eduquen sobre el reciclaje. Las empresas no están produciendo ni pensando qué producto hace sentir bien a las personas, sino que les están vendiendo la idea de que comprar y comprar las hace más felices. La otra estrategia es encontrar los objetos que tengan las mejores características del ecodiseño y también incentivar, económicamente, a los emprendedores para que innoven en sus productos.

¿Por qué algunos productos amigables con el ambiente pueden llegar a ser tan costosos? ¿No ahuyentaría al comprador que busca la economía para su bolsillo?

En China, por ejemplo, los productos son más baratos, pero la calidad es mala. Incluso las condiciones laborales son paupérrimas, porque el sistema gira en torno a la producción, y es uno de los países que más contamina en el mundo. Entonces el precio está extendido como tal a la sociedad y no al ambiente.

La otra cara es que, efectivamente, los productos ecodiseñados son entre un 15 y 20 por ciento más caros, por la calidad. Entonces de alguna manera se paga un precio más alto, en términos económicos, porque se está preservando a la sociedad.

Pasa algo curioso. China se dio cuenta de que acabó con la gran mayoría de los recursos naturales por la producción en masa. Y eso va a repercutir en la economía, porque los precios van a ser más altos y no va a haber competencia. Un producto ecodiseñado, que puede ser una mesa, equivale a 20 mesas convencionales y baratas.

Y las personas que no tienen un alto poder adquisitivo y que viven en países emergentes, específicamente de Latinoamérica, ¿les costaría o no entrar en esta onda?

Por supuesto que les costaría. Pero también lo que se promueve en el ecodiseño es que los productos puedan ser compartidos. Es decir, que pensemos también en el servicio. Por ejemplo, con el caso de una lavadora la idea es hacer un uso que beneficie a la familia. Y el costo de operación se puede distribuir entre diferentes partes y no que una sola persona se quede y pague el producto.

Hay una situación preocupante y es el abuso de productos como las bolsas de plástico o los pitillos. Se siguen produciendo, dicen que es malo usarlos, y la gente no sabe qué hacer. Frente a esto, ¿falta educación, información o hay miedo frente al tema del reciclaje?

La educación debe empezar desde que somos niños. Es entender cuál es el contexto de los productos. Actualmente los menores pueden estar pensando que, por ejemplo, la carne es mala o que una vaca es de color morado. A través de los colegios y las universidades se debe difundir la historia que hay detrás de los productos. La idea no es satanizar los materiales, sino comprender su ciclo de vida para reusarlos. Según el informe ‘Aspectos económicos: materiales’, de la Oficina Federal de Estadística de Alemania, las empresas requieren de hasta un 45 por ciento de materiales para preparar una producción, incluida las cadenas de suministro. Esto quiere decir, que en el mundo se produce mucho y se recupera poco.

¿Puede haber empresas que se enriquecen acosta del medio ambiente y que no diseñan de manera apropiada?

Esto hay que confrontarlo. En Europa hay organizaciones, como Greenpeace, que están pendientes, haciendo veeduría y denunciando delitos ambientales. Pero asimismo, visibilizando aquellas empresas que sacan alguna buena noticia sobre el medio ambiente. Entonces de alguna manera ellos informan por medios sociales, cuando hacen algo bueno. Sin embargo, pasa algo paradójico y es que los consumidores ya no creen mucho en las grandes empresas.

¿Pero no es contradictorio? ¿Las grandes multinacionales, como Coca Cola, no invierten muchos recursos en publicidad para renovar y limpiar su imagen?

En Europa las personas son escépticas con lo que hacen las grandes empresas. La cultura es diferente. En Colombia, la gente cae más fácil con la publicidad, entonces le dicen que algún producto es verde y lo compran. Aquí hace falta más educación e información para saber si en realidad el producto es malo o bueno. Y la salida frente a eso, es que los consumidores verifiquen y comprueben los estándares de calidad. De otro lado, las empresas también pueden pagar a los medios de comunicación para que no les hagan mala publicidad y contra eso hay que luchar. ¿Cómo? Con educación.

¿Cuáles han sido los grandes logros del ecodiseño?

Uno de los grandes logros son los productos que no intoxiquen a las personas, por ejemplo, en el diseño de interiores y que contribuyan a la buena salud. Alemania recicla el 70 por ciento de los materiales que genera y, como tal, se ha logrado involucrar esos residuos dentro de ese proceso. Y el otro es la eficiencia energética. De alguna manera los productos se han vuelto más eficientes, pero si todos derrochamos en gran escala, el haber trabajado en la eficiencia no se compensaría.

Sergio Rodríguez Forero
Especial para EL TIEMPO

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