La conmovedora carta de despedida de Salvo Basile a su amigo

La conmovedora carta de despedida de Salvo Basile a su amigo

El actor recuerda a Lucas Caballero Reyes, el ganadero bogotano, fallecido hace días en Santa Marta.

Lucas Caballero Reyes, ganadero bogotano

El ganadero Lucas Caballero, al lado de su hijo Pedro, en Santa Marta.

Foto:

Archivo familiar

03 de junio 2018 , 11:00 p.m.

Lucas Caballero Reyes se murió un magnífico día de verano, frente al mar Caribe, bañado por los rayos del sol de la tarde y por la brisa fresca de la Sierra Nevada.

Hasta el día de su muerte conservó su elegancia. Yo siempre le resaltaba ese porte de actor de Hollywood que tenía.

Pero su verdadera belleza, como diría su primo Antonio Caballero, fue la interior. Lucas era un hombre de finura aristocrática y con un humor brillante, lleno de sarcasmos.

Hacía mucho tiempo que no nos veíamos físicamente, pero la bendición informática nos tenía en contacto casi diario.Lucas se había vuelto una leyenda en la red, gracias a sus investigaciones sobre la pintura universal.

Se daba el lujo de contar con una colección de miles de fotografías de los grandes artistas; y se había convertido en un experto, por ejemplo, en el pintor alemán Paul Klee, a quien admiraba.

Recuerdo también sus monografías sobre el impresionismo francés, que eran dignas de un trabajo para ser laureado en cualquier diplomado de arte.

Su página se volvió una verdadera escuela de arte. Sus amigas y amigos esperábamos todos los días esos maravillosos textos que Lucas ponía en sus redes.

Era un obsesivo también de la obra de Modigliani y tenía una manía particular por descubrir pintores desconocidos. “Me encanta el rojo”, recuerdo que repetía de manera constante.

Y como buen artista y bohemio, le fascinaba disfrazarse y pintarse en alguno de sus arranques intempestivos de alegría por la vida.

Recuerdo que conocí a Lucas en los años 70, cuando fui invitado a una tenida en la ganadería Clara Sierra, de propiedad de su madre, doña Isabel Reyes. Ella, muy amable, me hizo el honor de recibirme en su hermosa casa de campo La Venecia.

Me impactó su porte. Doña Isabel Reyes era una recia mujer sabanera, de lo más granado de la sociedad, que andaba por el mundo con pistola en el cinto.

Aquella tarde, Lucas me haló a la plazoleta taurina, para que hiciéramos unos pases al alimón, con unas terneritas.

De pronto, una vaquita pequeña –como un perro– nos embistió y yo volé dos metros en el aire, en un momento que quedó congelado por la lente inolvidable del gran fotógrafo Manuel Hache.

Cuando me dieron la noticia de la partida de Lucas, hace pocos días, yo estaba tomando la foto de una pareja de garzas y lo primero que se me vino a la mente fue su hijo campeón, el gran Pedro.

Este ha sido un duro golpe para ellos y para todos nosotros, sus amigos.

“Están disparando cerca”, decía el conejo, cuando iba a enterrar a un amigo. Así me siento yo ahora.

Entonces busque ayuda en un amigo común preguntándole: “Oye, ¿será que nosotros también nos vamos a morir?”.“¡Sí, pero ahora no!”, me contestó convencido.

¡Vaya con Dios, Luquitas, y salúdeme a Degas!

SALVO BASILE
Especial para EL TIEMPO

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