La joven actriz que promueve el ‘porno ético’

La joven actriz que promueve el ‘porno ético’

Amarna Miller tiene 26 años y busca romper los estigmas con sus películas para adultos. 

Amarna Miller

Amarna Miller, la joven actriz que promueve el ‘porno ético’

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Camera Noir

23 de julio 2017 , 12:07 a.m.

“¡Hola! Soy Amarna Miller :) actriz y directora porno, empresaria y licenciada en Bellas Artes. Tengo 26 años, soy bisexual y adoro el sexo en todas sus formas”.

Así se presenta en su web esta joven madrileña pelirroja y de voz aguda que se ha convertido en un referente del porno ético, un movimiento que aboga por cambiar los lados más sórdidos de las películas para adultos y mejorar las condiciones en que se hacen.

Marina, su nombre real, habla claro y sin tapujos del sexo, los rodajes, las prácticas más difíciles y, sobre todo, de lo que le gustaría cambiar: la hipocresía de una sociedad que la margina por su trabajo y la falta de diversidad en una industria hecha por y para hombres.

Su polémico comercial para el Salón Erótico de Barcelona 2016, en el cual se cuestiona duramente la doble moral de la sociedad española, hizo sonrojar y reflexionar a medio país: un país “donde la misma gente que me llama puta se pajea con mis videos”, dice ella en el video. El mismo país que la premió tres veces con el Ninfa a mejor actriz porno y a mejor web personal de un artista porno.

Trabaja en el cine para adultos desde que tenía 19 años, primero como directora en su propia productora, Omnia-X, ya extinta, y luego como actriz para varias de las principales empresas del mundo. Hoy vive en Los Ángeles, la meca de esta industria, y desde allí conversó telefónicamente con EL TIEMPO.

Se la considera una de las insignias del ‘porno ético’, pero ¿qué es eso exactamente?

La definición que a mí me gusta usar no es mía, sino de una sexóloga estadounidense, Tristán Taormino. Ella dice que en el porno ético, las actrices y los actores son tratados en igualdad, trabajan en condiciones dignas, reciben una remuneración acorde al trabajo que están realizando y su opinión se valora dentro de la producción. En la pornografía tenemos un problema: como es un negocio muy sumergido y todavía tiene unos estigmas muy grandes, no existen regulaciones ni protección legal para los actores y actrices, y eso supone un problema porque el hecho de que no haya leyes, como en cualquier industria, hace que pueda haber más abusos.

Gran parte de mi lucha va en esa dirección. Nosotros, los trabajadores sexuales, somos trabajadores, y como cualquier otro necesitamos derechos. Pero siempre chocas con la moral; una sociedad que te dice que tu trabajo es de segunda clase y que no deberías optar a todos estos derechos porque lo que estás haciendo es inmoral. Nosotros ofrecemos unos servicios y hay gente que paga por ellos. Necesitamos unos derechos para poder seguir ofreciéndolos de forma segura. Es así de fácil.

Algunas ‘porntubers’, actrices como usted y directoras como Erika Lust (pionera en el movimiento pornofeminista), reflejadas en el documental ‘Hot Girls Wanted’, están ofreciendo una nueva imagen del porno.

¿Vive el sector una evolución?


Quiero pensar que sí. Los espectadores están cansados de ver siempre el mismo contenido reiterativo, que al final no está cuestionando ni cambiando nada. Lo mismo que se hacía en los 80. La industria está muy estancada. Se cambia una escena por otra, pero al final vemos lo mismo: las mismas posturas, los mismos cuerpos... Y los consumidores se han empezado a quejar.

¿Cree que se está empezando a resaltar más el placer de la mujer y que no solo se la presenta como un objeto sexual para el hombre?


Sí, pero las cosas van muy despacio. Cambiar una industria que tiene una estructura patriarcal es complejo. Hay que tener en cuenta quién es el consumidor. Al fin y al cabo, esta es una industria, como cualquier otra, que se basa en la ley de la oferta y la demanda, y esto implica que quien paga elige. Así que si quien está pagando por ver porno es mayoritariamente un hombre que lo que quiere es ver a diferentes chicas en diferentes posiciones dándole placer a un hombre, pues va a ser eso lo que se va a rodar. Me parece, no obstante, que un cambio está empezando a darse en el plano ideológico. La gente está empezando a darse cuenta de que el porno está hecho para los hombres, y ese paso ya supone un avance significativo. El siguiente paso es que se empiece a rodar más pornografía que no esté basada solo en el placer masculino, sino también en la sexualidad de la mujer.

¿Y hay público para ese tipo de porno?

El público existe, pero hay que educarlo para que pague por ello. En esta industria, la gente no está acostumbrada a pagar por lo que ve.

Es muy básico pensar que a los hombres les gustan unas cosas y a las mujeres otras simplemente por lo que tienen entre las piernas

¿Hasta qué punto se sigue creyendo que las películas eróticas son para las mujeres y el porno, para hombres?

Este es un estereotipo que me molesta bastante. Se da por el hecho de creer que a las mujeres nos gusta el sexo suave, las caricias y la iluminación bonita y delicada, y que a los hombres les gusta el sexo fuerte y los planos ginecológicos. La realidad es que esto es una cuestión muy binaria. Es muy básico pensar que a los hombres les gustan unas cosas y a las mujeres otras simplemente por lo que tienen entre las piernas: depende de tus experiencias personales, de qué cosas has probado… Este es un estereotipo que hay que romper.

¿Se considera una pornofeminista?

Yo trabajo en el porno-mainstream, no ruedo únicamente porno feminista, y eso me da una posición intermedia para poner partes de mi discurso feminista dentro de una industria hegemónica. Y sí, he rodado películas en las que se me presenta como la mujer objeto, pero es el precio de poder estar en la industria.

Debe haber mucha gente que piensa que no se puede ser actriz porno y feminista…

Es otra de mis grandes batallas. Si el feminismo habla de los asuntos que atañen a la mujer, y desde luego la sexualidad le atañe y la pornografía está totalmente ligada, ¿cómo me puedes decir que el porno no es una cuestión feminista?

¿En qué se basa su discurso sobre la sexualidad?

El tipo de sexualidad que se presenta en la pornografía es muy normativo. Además, existe una hipocresía muy grande que a mí me resulta curiosa, porque en el cine porno hay prácticas como el BDSM (actividades con amarres, dominación, sumisión, sadismo y masoquismo, pero siempre consentidas) que son periféricas, mientras que otras cosas que son bastante extremas, como las penetraciones anales o las orgías, son consideradas normales. Existe una distorsión muy grande en lo que tiene que ser la sexualidad, y esto me parece negativo. Además, la pornografía reproduce unos modelos de belleza muy estandarizados. No existe variedad: no hay chicas un poco más gorditas, no hay chicos con el pene un poco más pequeño… ¿Por qué no mostrar otros tipos de cuerpos, de belleza y, también, otras prácticas? El gran problema de la pornografía es la falta de diversidad.

¿Qué otros estereotipos la molestan?

Hay que empezar a pensar que no todo el mundo que trabaja en la industria lo hace porque no tiene otra opción. Dejar de pensar que este es un trabajo tan indigno, tan degradante, que alguien sólo lo haría porque no tiene otra opción. Esto nos invisibiliza a los que nos dedicamos a ello por decisión propia. Especialmente si eres mujer, porque el hombre que se dedica a la pornografía es un casanova, un macho alfa, alguien socialmente respetado, mientras que la actriz porno es una guarra, una persona que está usada, que nunca va a encontrar marido, que va a estar manchada el resto de su vida.

Esto tiene que ver con la moral judeocristiana que dice que las mujeres tenemos que guardar nuestra flor, nuestro cuerpo, nuestra virginidad, para nuestro hombre, sin entender que las mujeres también somos entes sexuales y también queremos disfrutar de nuestra sexualidad de una forma tan libre como los hombres.

En Cartagena vetaron un congreso de pornografía “atendiendo razones de seguridad, orden público, sana convivencia e impacto negativo en la percepción del turismo
para la ciudad”. ¿El mundo sigue siendo hipócrita frente al sexo?

Absolutamente. Desde pequeños nos explican que si trabajas lo suficiente podrás llegar a ser lo que quieras, cuando la realidad es que si te dedicas a ciertas profesiones que a ojos de la sociedad no son morales, o son denigrantes, tu opinión deja de contar y de repente pasas a ser relegado a un estrato inferior de la sociedad. Justo ayer estaba leyendo un caso que viene muy a cuento. La actriz Chloë Sevigny rodó The Brown Bunny, un filme en el que hay una escena de una felación no simulada. La película es buena, no hay ningún problema con la película, pero no sabes la que se armó en los medios porque esta actriz, que hace cine convencional, hizo una escena de porno explícita. Su agente la despidió, los medios se la comieron, en Cannes empezaron a abuchearla hasta que pararon la película y la actriz tuvo que salir de la sala llorando...

Para muchos jóvenes, la pornografía sigue siendo la única educación sexual que reciben. ¿Cree que el porno ético está contribuyendo a hacerla mejor?

Que el porno sea un educador sexual es algo lamentable. Y esto tiene que ver con el hecho de que los adolescentes no reciben suficiente educación sexual en casa y tienen que buscarla en internet. Es como si quieres aprender a conducir y, como nadie te enseña, ves la película Rápido y furioso y aprendes que hay que conducir de forma temeraria y agresiva. Lo que no es lo adecuado, porque estás tomando como referencia una ficción. Con el porno puede existir un cierto tipo de pornografía educativa, pero no creo que toda la industria deba tomar esa responsabilidad.

¿Cree que ‘50 sombras de Grey’ ha dado una visión distorsionada del sexo?

Es un fenómeno bastante curioso. Una literatura mala, que además presenta una visión negativa y patológica del sadomasoquismo. Pero, por otra parte, las personas que no se cuestionaban que puede haber algo más aparte de la sexualidad normativa se han dado cuenta de que existen otras prácticas. Y su mente se ha abierto para explorar más allá.

En dos palabras

¿Qué le gusta hacer cuando no está grabando?

Viajar. Me gusta probar cosas nuevas, salirme de mi zona de confort y me gusta mucho la adrenalina. Los viajes mezclan todas estas cosas.

¿Qué proyecto le quita el sueño?

Por ahora trabajo mucho en mi canal de Youtube, donde, por ejemplo, tengo una serie que es muy popular: ‘Un día en la vida de una actriz porno’. Allí grabo los días en los que tengo rodajes y muestro todo, desde que me levanto hasta que me voy a dormir por la noche.

¿Qué guía su vida?
La meta de mi existencia, lo que guía las decisiones de mi vida, es la búsqueda de la libertad.

¿De dónde sacó esta faceta de activista?

Es un sello de mi personalidad. Me gusta mucho quejarme de las cosas que no funcionan, me gusta buscar soluciones y me gusta usar mi posición de personaje público como altavoz para expresar condiciones que no son justas o no son equitativas.

¿Cuánto gana una ‘pornstar’?

Mucho menos de lo que la gente piensa.

¿Qué dice su familia de su trabajo?

Al principio supuso un problema, desde luego. Les costaba entender que era una decisión libre y que me gusta hacerlo.

¿Y qué dice su pareja?

Tengo pareja, y la he tenido durante todo el tiempo que me he dedicado a la pornografía, pero es una relación poliamorosa. Aunque no me dedicara a la pornografía tendría una relación abierta, porque es el tipo de relación que mejor funciona para mí. De hecho, jamás he tenido el más mínimo problema.

Irene Larraz
Para EL TIEMPO

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