'No veo por qué se criminaliza el uso de la marihuana'

'No veo por qué se criminaliza el uso de la marihuana'

El actor estadounidense John Malkovich habla de legalización, teatro y la falta de buenos guiones.

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En el 2011, Malkovich lanzó su marca de ropa Technobohemian, que fabrica en Italia con telas japonesas.

Foto:

Technoboheminan

07 de enero 2017 , 09:28 p.m.

“Si alguien se metiera hoy en mi cabeza, no encontraría otra cosa que trabajo”, dice John Malkovich para descartar aquella fantasía que Spike Jonze alimentó en la película de culto ‘¿Quieres ser John Malkovich?’

Sin intermediarios, atiende el teléfono en la habitación de un hotel en Londres, donde estrenó ‘Good Canary’, su primera obra teatral como director, en el West End. De hablar pausado, el actor se entusiasma al comentar su presentación en Buenos Aires de ‘An Evening with John Malkovich’, espectáculo que ya llevó a Seúl, Londres y Berlín. Sobre el escenario del Teatro Coliseo, penetró los rincones más oscuros de la mente del delirante personaje que Ernesto Sabato creó en Informe sobre ciegos, texto autónomo y a la vez capítulo emblemático de ‘Sobre héroes y tumbas’.

Junto con una orquesta en vivo, Malkovich se interna en una perturbadora atmósfera por la que desfilan las obsesiones más personales del escritor argentino: locura, incesto, destino, misterio, Dios y metafísica.

¿Cómo llegó a tomar contacto con la obra de Ernesto Sabato?

No recuerdo bien. Lo leí hace 15 años aproximadamente y me impactó de tal manera que pensé en llevar al cine ‘Informe sobre ciegos’. Trabajé en la adaptación durante varios años, pero no es un libro fácil. La adaptación que hicimos era intensa, pero la perdimos, quizá en algún avión. Esa idea quedó en el olvido hasta que conseguimos hacer este trabajo, en el que se combinan la música y el texto. Cuando escuché el concierto para piano y cuerdas del compositor ruso Alfred Schnittke me transporté a la obra de Sabato. Se adapta al ambiente paranoico del texto, tan de nuestro tiempo.

¿A qué se refiere?

Hoy, los tiempos son tanto onerosos e hilarantes. Literalmente, el mundo parece ser gobernado por ciegos que no quieren ver, lo que lo hace aún más patético y doloroso. Está latente el temor de que seamos guiados por ciegos, y creo que esa es una buena metáfora en varios niveles.

En reiteradas oportunidades sostuvo no creer en la política ni en la religión. Pero en ‘Informe sobre ciegos’ se mete con ambas.

No creo en ninguna, soy muy feliz sin ningún dogma. La obra puede explorar sobre ellas libremente y eso es lo maravilloso del teatro y del texto.

¿Qué opinión tiene sobre Trump?

Ninguna.

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¿La música aparece en su vida como un lugar de experimentación?

La música tiene en mí una gran influencia, es un motor que me impulsa. Este es mi octavo o noveno trabajo con intérpretes de música clásica.

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Pero no sólo la música clásica motiva a Malkovich. Participó de ‘Phenomenal’, el ambicioso corto musical del rapero Eminem, y editó el disco ‘Like a Puppet Show’, una iniciativa integrada por el fotógrafo Sandro Miller y el compositor Eric Alexandris. El foco de este trabajo está puesto en el ‘spoken word’, una especie de ‘performance’ poética que utiliza elementos musicales y teatrales, y cuya vedette es el ritmo.

‘Like a Puppet Show’ cuenta con 11 canciones en las que participaron Placebo, The Dandy Warhols, Dweezil Zappa y Dolores O’Riordan (The Cranberries). Su primer corte fue ‘Cryolife 7:14 A.M.’, donde Malkovich recita la ‘Alegoría de la caverna’ de Platón acompañado con la voz de fondo de Yoko Ono y el piano de su hijo, Sean Lennon. “Yoko es brillante, interesante y muy enigmática –le dijo el actor a la revista Rolling Stone–. Ha vivido tanto, fue testigo de varios cambios culturales y todavía sigue haciendo cosas. Tengo un gran respeto por las personas que hacen”.

Y si hay alguien que hace es él. Sus inquietudes lo llevan siempre más allá. Por eso sorprende con proyectos como el de ‘Malkovich, Malkovich, Malkovich: homenaje a los maestros fotográficos’, en el que interpretó, para la cámara de Sandro Miller, a íconos como el ‘Che’ Guevara, Andy Warhol, Marilyn Monroe, Dalí y la mítica portada de la ‘Rolling Stone’ de Lennon y Yoko.

Con Sandro Miller mantiene una relación muy creativa, un cruce más que interesante entre la actuación, la fotografía y el cine.

Es cierto. Hemos hecho varias cosas juntos. Siempre estoy dispuesto para lo que Sandro tiene en mente. Hicimos ‘Psychogenic Fugue’ (se presentó en Los Ángeles). Estamos muy entusiasmados con el proyecto.

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Cómo no estarlo, si Miller empujó a Malkovich a transformarse en los personajes más populares de David Lynch: Frank, de ‘Blue Velvet’; Dale Cooper, de ‘Twin Peaks’; ‘The Elephant Man’ y hasta la señora del radiador de ‘Eraserhead’ (para ver los cortos es necesario ingresar al sitio web playinglynch.com y hacer una donación).

Si le hubieran dado a elegir, habría sido beisbolista. Pero no era lo suficientemente bueno y se dejó tentar por el teatro. Una idea que al principio le resultaba estúpida y que lo llevó a renunciar a un camino que ya estaba marcado, el de seguir una carrera relacionada con el medio ambiente. A los 19 años dejó su ciudad natal, Benton (Illinois), para iniciar sus estudios, que se ajustaban a la herencia familiar. Como su padre era un reconocido conservacionista, pasó buena parte de su infancia en el bosque, conquistando las aguas del río Ohio en una canoa.

Ha rodado cerca de 100 películas, desde hace 40 años integra la compañía de teatro Steppenwolf y es dueño y diseñador de la línea de ropa masculina Technobohemian. Tiene un restaurante, Bica do Sapato, en el Barrio Alto de Lisboa, y un viñedo en el sur de Francia junto con su mujer, Nicoletta Peyran. “Tengo tantos objetos de interés que si no me hubiera dedicado a la actuación, no sería infeliz”, asegura.

¿Siempre fue tan inquieto?

Me considero productivo, inquieto. No se trata de ser el mejor, sino de hacer lo mejor posible en lo que estés haciendo. En casa se suponía que todo lo que uno hacía lo debía hacer bien o no tenía sentido hacerlo.

¿Se considera un buen lector?

Leía mucho, sobre todo cuando era joven. Curioseaba. Hoy lamento no poder hacerlo, no tengo ese tiempo en el que me atrevía a descubrir autores.

Usted se psicoanalizó durante mucho tiempo. ¿Esto influyó en su vida y en su manera de actuar?

Mucho, influyó en mi manera de encarar la vida y también en mi trabajo como actor.

¿Qué vinos produce con su bodega LQLC (llamada así para combinar los nombres Les Quelles y Lacoste, correspondientes a un viñedo y al pueblo de montaña donde se encuentra, respectivamente)?

Producimos en cantidades minúsculas ‘cabernet sauvignon’, ‘pinot noir’ y un rosado de ‘cabernet’.

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Mide cuidadosamente sus palabras y sus respuestas pecan de ser precisas, sin adornos. Considerado un actor camaleónico, Malkovich ha trabajado con directores de la talla de Manoel de Oliveira, Volker Schlöndorff, Michelangelo Antonioni, Paul Newman, Steven Spielberg, Peter Yates, Stephen Frears, Jane Campion y los hermanos Coen, y ha puesto el cuerpo a villanos que quedaron en la memoria colectiva, como ‘En la línea de fuego’, además de participar en varias películas olvidables.

(Conozca aquí otras noticias acerca de estrellas de Hollywood)

“Muchas veces son más interesantes las personas que están detrás del proyecto que la película misma –reconoce–. El personaje puede ser desafiante y no necesariamente el ‘film’ resulta bueno. Francamente, cada vez es más difícil encontrar buenos guiones, y la diversión está en los retos”.

En el 2002 estrenó ‘Pasos de baile’, su debut como director ¿Tiene interés en volver a dirigir?

Como actor todo es mucho más fácil. Produje películas y estuve a punto de dirigir varios proyectos, pero por distintas razones no salieron. No lo descarto, soy consciente de que requiere de mucho tiempo y energía. Por eso me gusta el teatro, todo es más simple: eliges el texto, piensas cómo llevarlo y lo haces.

Siempre encuentra la excusa para volver a los escenarios...

Uno puede volar. El teatro es vivo, orgánico, es libre, es efímero como la vida. Uno está ahí. En cambio, los personajes en el cine son una cosa fija. Nunca abandoné el teatro, intento siempre hacer algo, ya sea como actor, director o productor. El teatro es mi hogar, es el lugar donde me siento más cómodo. Por eso encuentro siempre la excusa perfecta para volver a mi primer amor, ya sea al teatro más puro, a la ópera, o a una propuesta como ‘An Evening with John Malkovich’.

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En el último Festival de Cannes, presentó simbólicamente ‘100 Years, The Movie You Will Never See’, la película dirigida por Robert Rodríguez que permanecerá en una caja de seguridad hasta el año 2115, cuando verá la luz. “Me interesó el proyecto y por eso preferí involucrarme no sólo actuando, sino también escribiéndolo –comenta–. Es interesante imaginar la reacción de quienes la verán en un futuro”. Mil invitados de todo el mundo ya recibieron la cita al estreno. Será el 18 de noviembre del 2115 en la Casa de Louis XIII en Cognac (Francia). La invitación pasará de generación en generación.

Su regreso a la televisión será con el drama ‘Humboldt’, inspirado en el ‘best seller’ Emily Brady ‘Humboldt: Life on America’s Marijuana Frontier’ (algo así como ‘La vida en la frontera de la marihuana en Estados Unidos’). ‘The Hollywood Reporter’ publicó que Malkovich será el protagonista y el productor ejecutivo de esta producción, tras su participación en la serie ‘Crossbones’, que fue cancelada y en la que interpretó al pirata Barbanegra.

En la actualidad, 27 estados de su país permiten el uso medicinal de la marihuana. Washington, Oregón, Alaska, Colorado, California, Massachusetts y Nevada admiten el uso recreativo en un mercado regulado. ¿Qué opinión le merece la legalización de la marihuana?

No la consumo, pero no veo por qué el alcohol y el cigarrillo son de consumo libre y se criminaliza el uso de la marihuana. Soy fumador y empecé a beber ya grande, en mis 30.

***

John Malkovich suele decir que no mira la vida por el espejo retrovisor y que por eso insiste en mantener la mirada siempre adelante, llevando consigo el aprendizaje de lo vivido y de lo compartido. “Cada hombre es árbitro de sus propias virtudes”, parafrasea el pensamiento que William Faulkner inmortalizó en ‘El ruido y la furia’, y que abraza como si fuera un apostolado.

FABIANA SCHERER
LA NACIÓN (Argentina) - GDA

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