El irlandés que tiene 3.000 matrimonios encima

El irlandés que tiene 3.000 matrimonios encima

Willie Daly es el casamentero más famoso de Irlanda, un país donde se arreglan bodas hace siglos.

Willie Daly, casamentero irlandés

El ‘último casamentero irlandés’, como lo conocen en todo el mundo, nació hace 74 años.

Foto:

Instagram @matchmaking_lisdoonvarna

07 de enero 2018 , 10:55 p.m.

Cupido existe. Y no vive en Roma, como podría pensarse, sino en Lisdoonvarna, un pequeño balneario de Irlanda. Se llama Willie Daly, tiene 74 años y durante el último medio siglo se ha dedicado a “encontrar amor” para otros. En resumen, este irlandés es un casamentero profesional y vocacional si se quiere, pues su abuelo y su padre –agricultores, como él– también tenían el don de juntar medias naranjas.

Su fama ha venido creciendo a la par con la del Matchmaking Festival de Lisdoonvarna, la feria de búsqueda de pareja más grande de Europa, que cada año atrae a unas 40.000 personas, y del que Daly es la imagen oficial. De hecho, ya lo conocen al otro lado del Atlántico. En febrero fue contratado como anfitrión de un ‘crucero del amor’ por el Caribe, dirigido a estadounidenses con ganas de sentar cabeza.

Aunque dice que obtiene muy poco de este oficio, no parece irle mal en los negocios. Además de la vieja granja familiar –con vista al océano y en la que cultiva papas y alquila caballos–, tiene un ‘pub’ y un hostal en el pueblo, generalmente ocupado por personas que han ido en busca de sus servicios.

A Daly, un hombre de barba espesa y ojos pequeños, le atribuyen el arreglo de unos 3.000 matrimonios. Muchos de ellos han pasado a engrosar su “libro de la suerte”, un cartapacio amarillento con información de las personas que han acudido a tres generaciones de los Daly para encontrar pareja.

“Si tocas el libro con ambas manos y cierras los ojos durante cinco o diez segundos, te enamorarás y casarás dentro de seis meses –asegura él con gestos de Merlín campirano–. Si tocas el libro con una mano, estarás enamorado dentro de seis meses. Y si ya estás casado, no importa por cuánto tiempo, y tocas el libro con ambas manos, vas a revivir la semana de la luna de miel desde esa misma noche (risas)”.

En esta entrevista con EL TIEMPO, hecha desde Londres vía Skype, el último casamentero tradicional de Irlanda habla de su oficio.

¿De dónde salió el ‘libro de la suerte’?

Este es (lo acerca a la cámara del computador de una de sus hijas). Tiene 160 años y se le están cayendo las hojas. Mi abuelo se lo dio a mi padre y no lo abro mucho porque se desmorona. Pero es un libro con suerte, un libro de amor afortunado. Si voy a algún lugar sin él, como casamentero, no me siento igual. Supongo que es porque ha estado en la familia durante tanto tiempo. Me hace sentir confiado, que soy más acertado en el momento de elegir y que lo hago todo mejor.

¿Cómo se inició usted en esto?

Heredé la profesión de mi padre y de mi abuelo. En Irlanda, la tradición de los matrimonios concertados se remonta al siglo XVI o XVII. En el pasado, las jóvenes trataban de encontrar su propia casa y una familia encantadora; el hombre podía ser un poco viejo, pero daría un amor maravilloso. Tener un hombre encantador del que te enamorarías era una bendición extra. El oficio no ha cambiado mucho para mí: la gente todavía viene a mí buscando amor y una casa agradable. De hecho, me sorprende que los jóvenes me digan: “Quiero lo que mi madre y mi padre tienen, que es un buen hogar, y niños. Ser feliz”.

¿Cómo era el oficio hace 50 años?

No lo hice formalmente hasta los 24 años. Encontrar las parejas era algo laborioso, había un montón de detalles, como cuánto querían los hombres en términos de la dote. Porque en ese tiempo la mujer debía aportar dinero.

Mi padre encontró a mi media naranja, a la persona perfecta. Yo la había visto en un ‘pub’, donde me pidió que cantara una canción

En mi país hay un dicho: ‘En casa de herrero, azadón de palo’... ¿Cómo es posible que usted sea divorciado?

Mi padre encontró a mi media naranja, a la persona perfecta. Yo la había visto en un ‘pub’, donde me pidió que cantara una canción. Era una chica muy bonita que acababa de venir al pueblo. Yo había bebido demasiado y dije: “Oh, ella es como una mantequilla”. Pero fue mi papá el que la invitó a la granja. Cuando vino, él le preguntó: “¿Te casarías con Willie?”. Y ella dijo: “Lo haría”. Eso ocurrió en octubre y nos casamos en febrero. Tuvimos ocho hijos y una vida encantadora, pero al final se nos había ido... Yo me había ido. Todavía somos los amigos perfectos. Volví a pensar en mí, lo cual está bien. Admito que me gustaría casarme de nuevo, pero sigo diciendo que lo haré cuando envejezca (risas).

¿Cómo lo contactan quienes buscan su ayuda?


Por teléfono o carta. También pueden buscarme mediante cosas más modernas, como el correo electrónico. El festival en Lisdoonvarna resalta mi vida profesional porque recibe mucha publicidad. También pueden contactarles a ellos.

¿Cómo se sintió en el crucero por el Caribe?

Parece que, como la cerveza Guinness y el Baileys, su talento se está convirtiendo en un producto irlandés de exportación... Mi viaje al Caribe fue como consejero y casamentero de honor para los pasajeros. Fue un punto culminante, fantástico. Me encantaron Jamaica y México. Por mi profesión de casamentero he ido a Estados Unidos, a Singapur, y el año pasado fui invitado a Holanda. Yo diría que el mundo ha progresado, pero hay más necesidad de amor que la que había antes. La gente necesita amor, necesita seguridad.

¿Cuál ha sido su año más exitoso como casamentero?

Creo que en el 2011 hubo un número muy alto de gente que se casó, principalmente por la recesión. Las muchachas ya eran más independientes, con carreras, trabajos y dinero, así que se habían vuelto más exigentes a la hora de encontrar pareja. Pero cuando llegó el 2011, y con él la caída de la economía, la gente comenzó a buscar seguridad otra vez. Así que antes de preguntar cosas como “Willie, ¿tiene pelo bonito?”, me interrogaban sobre de si la otra persona era confiable desde el punto de vista financiero o si tenía una casa. En un buen año logro alrededor de 320 matrimonios, principalmente durante el festival, que dura unas seis semanas.

Usted dijo que resultaba más fácil concertar matrimonios hace años, cuando las mujeres eran más tradicionales. ¿Cree que deberían ser menos independientes para tener un matrimonio exitoso?

En el pasado, el hogar era todo para la mujer. Conseguir su casa y tener unos niños encantadores era esencial, y se casaban entre los 17 y los 25 años. Pero, infortunadamente, sacrificaban sus sueños en muchas instancias. Hoy, las mujeres buscan más seguridad emocional que material. En cuanto a los hombres, la mayoría está buscando a alguien muy parecido a su mamá: una persona agradable.

¿Cuando las personas se encuentran, cuánto tiempo tardan en comprometerse?

El periodo es bastante corto porque, cuando vienen, tienen en sus mentes que quieren encontrar el amor y casarse. Cuando presento a dos personas con el mismo plan, es probable que pasen unos seis u ocho meses antes de que se casen. Tienen que hacerlo rápido porque tal vez cambien de opinión en 12 meses (risas).

¿Qué piensa de plataformas en línea para encontrar pareja como Tinder o Match.com?

No sé nada sobre Tinder ni sobre el otro, pero he oído cosas buenas de ambos, y todo el mundo dice que debería entrar en eso. Tal vez lo que me hace diferente es que no tengo internet para conocer a la gente. Cuando yo hablo con alguien es más una cosa de toque humano.

¿Cómo encajan los homosexuales en una tradición como la suya?


Esa es una buena pregunta, y seré honesto. Aunque esporádicamente alguna joven entraba a mi club y decía “no estoy buscando un hombre, busco a una mujer”, tuve que luchar con mi perspectiva durante un buen tiempo, porque no estaba seguro de algo que nunca había hecho. Ahora los veo como seres humanos que se diferencian de mí en sus sentimientos y en sus mentes. Pero es gente de verdad, con sentimientos reales. Eso de discriminar no es para mí, pero no he logrado que ninguno de ellos se case gracias a mí (risas).

‘Colombianos e irlandeses compartimos hábitos’

¿Cómo invitaría a un colombiano al Festival?

Creo que Colombia tendría una fantástica integración con Irlanda porque ambos son países con un gran sentido del humor. Hay una gran cantidad de solteros en Irlanda, jóvenes apuestos que se sentirían muy atraídos por las colombianas. Además, me parece que los colombianos y los irlandeses tienen los mismos hábitos de bebida y de baile. Los irlandeses salen de fiesta hasta las 3 o 4 de la mañana.

Las colombianas son muy guapas
y por lo general tienen bonitos ojos cafés, una apariencia que sería muy atractiva para los irlandeses, y ese es un gran paso. Cuando los irlandeses las vean se enamorarán de una vez y querrán casarse en un par de semanas (risas). Se les garantiza encontrar a alguien para enamorarse. Irlanda es un lugar encantador para vivir, un país agradable que aún no está tan influenciado como otros, que conserva su individualidad y está lleno de romance, amor y bebida.

MARÍA DEL MAR RICCI - GDA
Para EL TIEMPO

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