Quiero un gato, ¿cómo lo elijo?

Quiero un gato, ¿cómo lo elijo?

Consideraciones para tener en cuenta antes de tener una mascota.

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Los gatos también tienen su personalidad, según la raza. Por eso es mejor consultar antes con un veterinario o con quien tenga uno.

Foto:

123rf

23 de septiembre 2016 , 08:00 p.m.

 ¿Adulto o cachorro? ¿Hembra o macho? ¿Pelo largo o corto? ¿Un persa o un siamés? ¿Adoptado o comprado?
Estas son algunas de las preguntas que una persona debe hacerse cuando ya ha decidido que la mascota que quiere tener es un gato. Y esa decisión, lo ideal, es que la haya tomado después de analizar si tiene tiempo para cuidarlo (por más independientes que sean, requieren de su atención), recursos para sostenerlo (recuerden que comen, que hay que llevarlo al veterinario, que se puede enfermar...) y ganas de conservarlo por mucho tiempo; no son objetos desechables.

Adulto o cachorro. Este punto es clave. Un gatito puede requerir más atención en su cuidado y educación, que uno adulto.

Según Gina Spadafori y Paul D. Pion, autores de Gatos para Dummies, “un gatito puede ser una mala opción para familias con niños pequeños o para una persona mayor o con dificultades de movimiento”. Y las razones que dan es que los niños no entienden el concepto de suavidad y podrían lastimarlos sin querer. En el caso de los adultos con dificultades, podrían hacerlos perder el equilibrio por aquello de lo juguetones y traviesos.

Pero si los niños son más grandes, bienvenido, pues ayudan en su cuidado y educación, a la vez que se entretienen.
Un gato adulto ya tiene definida su personalidad, ya conoce la rutina de hacer sus necesidades y se puede dejar más tiempo solo, si tiene que trabajar.

Macho o hembra. Para muchos no hay diferencia. El punto clave acá es que uno y otra sean esterilizados para aplacar sus instintos sexuales y territoriales.

Peludo o no. Hay que partir de que todos los gatos cambian de pelo sin importar su largo, y eso puede se un dolor de cabeza para algunos. Pero claro, los peludos botan más que otros y requieren cuidados adicionales. Lo demás tiene que ver es con la estética y la sensación de suavidad al acariciarlos.

Elegir una raza. Tenga en cuanta que cada raza tienen sus características físicas y de personalidad. Por ejemplo, los siameses son activos y curiosos; los bengalí son más calmados y así con todas las razas. Lo mejor es consultar antes.

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