Una oportunidad para escuchar las historias de los adultos mayores

Una oportunidad para escuchar las historias de los adultos mayores

En el concurso nacional Historias en Yo mayor participaron 1.242 adultos mayores que enviaron.

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Las menciones de honor fueron para Fabio de Jesús Zuluaga, Julio César Zapata Serna y Luz Amanda Castrillón Valencia.

Foto:

Archivo particular

09 de noviembre 2016 , 01:31 a.m.

Historias en Yo mayor es uno de los pocos concursos que buscan escuchar a los abuelos. Allí los protagonistas no son escritores emergentes, voces jóvenes o futuras promesas, sino mayores de 60 años. Unos con vocación de escritores y otros que se han vuelto cuenteros con el pasar de los años. Muchos a quienes pocos escuchan y otros que se han vuelto memoria viva del antaño.

Este concurso, que se hace desde hace cinco años, contó en esta oportunidad con la participación de 1.242 adultos mayores de 19 departamentos del país que enviaron 810 cuentos escritos y 432 narraciones orales.

En esta edición también hubo espacio para las historias del Chocó, que tuvieron una categoría especial llamada herencia de mi pueblo, en la cual 80 adultos mayores contaron leyendas, cantos y alabaos.

Entre los tres primeros lugares de cada categoría fueron reconocidos dos adultos mayores de Medellín.

María Jiménez ocupó el tercer lugar en la categoría narración oral con un relato de cuatro minutos grabado en video y que lleva el nombre Los noviazgos en mi época.

Y Óscar Moreno fue ganador del tercer lugar en la categoría cuento escrito por su texto La llegada del progreso.

También se otorgaron tres menciones de honor a otras historias destacadas de adultos mayores paisas.

En estas dos categorías, los jurados fueron de primera categoría: Alberto Salcedo Ramos y Mónica Savdié, en cuento escrito, y Alina Lozano y Álvaro Bayona, en narración oral.Historias en Yo Mayor es organizado por la Fundación Saldarriaga Concha junto con Fahrenheit 451.

La voz y el cuerpo para contar cuentos

María Jiménez evita estar quieta y sentada. Es amante del movimiento, de la expresión, del poder de la voz, de mirar a los ojos y, sobre todo, del humor y las anécdotas.

Se vino de Yalí, su pueblo natal, como una quinceañera tras un sueño de terciopelo. Pero ella emprendió el viaje cuando rozaba los 60 años.

Venía convencida de que el pueblo que la vio nacer estaba estancado y no estaba logrando ser la actriz de cine, teatro y televisión, y la contadora de historias reales o de fantasía que siempre quiso ser.

En la ciudad se encontró con la Corporación Viva Palabra, donde logró estudiar cuentería y oralidad.

Allí asistió a las clases durante cinco semestres, se graduó pero no quiso irse. En la Corporación encontró su nuevo lugar en el mundo y una nueva identidad, pues quedó bautizada con un nombre artístico, el de María Zorín.

Su primera presentación como cuentera fue en el festival internacional que hace la Corporación. Resultó ganadora y ese fue el impulso que necesitó para meterse de lleno en la oralidad.

A sus 71 años se ve llena de energía. Sus historias hablan de la tradición antioqueña, del cambio de las costumbres, del entorno natural en el que creció.

“Lo que más me gusta de contar es ver a la gente contenta.

Dar a conocer todo esto que tengo aquí guardado y que la gente se deleite”, dice mientras se aprieta el pecho plena de orgullo y satisfacción con su labor.

La narración con la que ganó el concurso la tituló Los noviazgos en mi época. En esta hay fragmentos de su experiencia, pues fueron sus padres los que arreglaron el matrimonio en el que estuvo durante 20 años y en el que nunca conoció el amor.

“En la época de los sesenta los padres tenían muchas prohibiciones. Me decían ‘cuidadito mijita, retiradita de ese muchacho que se la come’, pero no le decían a uno cómo era que se la comía”, relata ella.

Sus primeros pasos en la cuentería estuvieron influenciados por su familia. Su madre tocaba guitarra y su padre contaba historias a los niños en el parque principal de Yalí.

La herencia llegó hasta ella y luego saltó dos generaciones. Ahora es su bisnieta María Ángel, de 8 años, quien escucha embelesada sus historias y dramatiza sus textos.

Su anhelo es seguir viendo a su público al frente hasta sus últimos días. Hacerlos reír y rememorar mientras ella deja fluir la palabra, pues Zorín afirma: “el día que no estudie un cuento es porque estoy enferma”.

Escribir para ‘hacerle el quite a la vejez’

“Los viejos escriben sus memorias y los jóvenes llenan hojas de vida”. Con esta frase comienza Óscar Moreno a contar cómo consiguió llevarse el tercer puesto del concurso, a sus 74 años.

Su cuento, La llegada del progreso, es una recopilación de aquello que en su infancia le contó su abuela.

Ella, oriunda de Copacabana (Antioquia), fue testigo de la llegada del ferrocarril de Antioquia y a su nieto le contó cómo en esta población conocida como El Sitio, en los albores del siglo pasado, comenzó a crecer la expectativa por la llegada de la locomotora. Nadie sabía a ciencia cierta qué era esa máquina a la cual llamarían tren.

Los primeros intentos de Moreno por escribir ficción los logró incluso después de estar pensionado, en los talleres de escritura de la Biblioteca Pública Piloto.

Allá aprendió una regla que esta vez decidió romper por completo: nunca escribir para mandar a un concurso.
Su maestro le enseñó que lo mejor era escribir por gusto y sin afán. Luego, si surge la oportunidad, tal vez pensar en participar en los concursos.

Esta vez invertir las cosas le funcionó. En tres meses armó el relato de tres páginas que fue seleccionado por los jurados.

La pluma de Moreno comenzó a forjarse en sus años de periodista, ya que fue locutor y caricaturista en medios regionales, especialmente de la zona de Urabá, cuando aún no existían las facultades de comunicación.

Pero han sido los años de retiro y las duras experiencias de la vida los que se han encargado de pulir su prosa. Desde que se pensionó, hace 14 años, se ha dedicado de lleno a escribir, a pintar óleos y a visitar la biblioteca de su barrio La Floresta. Lo hace, según él, sin más pretensión que mantener las neuronas despiertas.

“Soy un aprendiz de escritura, apenas estoy en ‘mi mamá me mima’ ”, cuenta él con humor.

Todas las mañanas, se sienta al frente de su computador para investigar y redactar el libro que prepara, un texto biográfico en el cual quiere ahondar en las historias de grandes escritores a los que el alcohol los llevó a extremos.

Su experiencia personal fue la inspiración para escoger la temática de su primer libro. El alcoholismo lo fustigó en sus años más productivos.

Cuenta que en la década del setenta llegó a tener graves problemas con la bebida y la marihuana, tanto así que trabajaba a cambio de ron y pescado. En ese momento de su vida hizo un pare y recibió la ayuda que lo levantó de nuevo. Lleva más de 30 años de vida abstemia, en los que solo sabe del licor por las páginas que escribe.Al libro le falta edición y retoques. Espera publicarlo pronto y compartirlo con sus amigos en los clubes de lectura que frecuenta.

DIANA SOFÍA VILLA M.
Para EL TIEMPO

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