'Más que moda, nuestra idea estaba más orientada al diseño gráfico'

'Más que moda, nuestra idea estaba más orientada al diseño gráfico'

Así comenzó Custo Dalmau, el creador de una de las grandes marcas de España: Custo Barcelona.

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La línea femenina de Custo Barcelona existe desde 1986. Hoy es uno de los segmentos más exitosos de la marca.

Foto:

BCN Fashion Place

09 de enero 2017 , 01:58 a.m.

Hace 35 años comenzó con su hermano David vendiendo camisetas estampadas a los turistas en Barcelona y ahora manejan una de las marcas españolas más reconocidas internacionalmente. La bautizaron como Custo Barcelona. Sus sellos son el color, las texturas y la experimentación.

Custo Dalmau es la cara visible y comercial de la marca y a finales del año pasado fue el invitado de honor en Barranquilla Fashion Week. Esta fue una escala más en una agitada agenda que lo obliga a ser un incansable viajero. Apenas termina los desfiles con el lanzamiento de sus colecciones, se dedica a recorrer el mundo para sellar acuerdos económicos, visitar los talleres donde fabrican las prendas de su marca, encerrarse en su estudio en el Soho neoyorquino y planificar estrategias. Todo esto, además de explorar destinos para sus desfiles en pasarelas internacionales.

No lo afecta ese ritmo, asegura. “Ya estoy acostumbrado. Si no sales al mundo, no existes en el mapa. Mucho más si representas a una marca que nació en un país que está fuera del circuito de las grandes plataformas del negocio.

Diseñador atípico

Es lunes por la mañana.

Custo toma un café en el ‘lobby’ de un hotel de Las Condes (Santiago de Chile) en el que se hospeda, aunque esta tarde vaya a dejarlo para seguir con su periplo hacia Buenos Aires. En los casi dos días que estuvo en Santiago, el diseñador tuvo reuniones comerciales, recorrió algunas calles y visitó centros comerciales. A diferencia de Caracas, donde hace meses realizó una conferencia y un desfile de modas con su última colección, en Chile se dedicó únicamente a analizar sus estrategias comerciales.

“Estoy obsesionado con Latinoamérica –confiesa–. La idea es abrir más tiendas aquí”.

Custo Barcelona hoy tiene casi un centenar de tiendas en todo el mundo y se comercializa en otros 3.000 puntos de venta en grandes almacenes o boutiques de vanguardia. Desde Nueva York a Dubái. Desde Tokio a Milán. Desde Honolulu a Uzbekistán. La marca presenta desde hace dos décadas sus colecciones en la semana de la moda neoyorquina, pero también tiene una colección de moda infantil y líneas de accesorios. Ha decorado hoteles, creó un modelo especial para las motocicletas Harley Davidson y ha vestido desde Julia Roberts hasta la Barbie.

“Y conste que somos una empresa pequeña –asegura orgulloso–. Todo lo hacemos desde nuestro centro de operaciones cerca del aeropuerto de Barcelona, donde trabajan seis personas en el área de diseño. El resto es organización. Arreglarse con las fábricas que tenemos en España, Italia, Portugal y Tailandia”.

Por eso los viajes...

Custo Dalmau habla con voz rasposa y una energía envidiable. Tiene 59 años, pero se ve de menos. Es delgado. Habla con elocuencia. A primera vista su imagen –melena engominada, botas vaqueras, ‘jeans’ ceñidos, camiseta de algodón– lo aleja del tópico del creador de modas que todos imaginarían. Tiene poco o nada del diseñador de aspecto sofisticado, de costumbres excéntricas y de actitud inabordable. Su ‘look’ tampoco parece el de un empresario que maneja un sello que marca tendencia internacional. Custo, en cambio, parece un motociclista bien arreglado o un rockero que se niega a retirarse de los escenarios.

Su nombre completo es Ángel Custodio Dalmau, es originario de Tremp, el municipio con mayor población de la provincia de Lérida, en Cataluña. La moda jamás estuvo entre sus intereses. En su adolescencia integró el equipo de gimnasia olímpica de España y luego durante varios años estudió Arquitectura en Barcelona. En esa época era un aficionado a las motocicletas, coleccionaba todas las revistas y tenía la intención de recorrer el mundo sobre dos ruedas. Y así ocurrió. A fines de los 70, con su hermano David –hoy su socio comercial y la otra mitad de la compañía– consiguió el auspicio de una empresa de motocicletas y se lanzó a la aventura.

Durante un año y medio recorrieron toda América, desde Alaska hasta Tierra del Fuego.

Todo por una camiseta

La idea de hacer ropa justamente surgió luego de esa aventura. A comienzos de 1981 con su hermano David –un diseñador gráfico que evita la prensa y prefiere vigilar las operaciones de su taller de diseño en Barcelona– decidieron hacer un pequeño negocio de camisetas en las playas de Barcelona. Quisieron imitar las que usaban los surfistas de California que conocieron durante su viaje.

“Más que moda, nuestra idea estaba más orientada al diseño gráfico, pero con la diferencia de que el soporte era una camiseta en lugar de papel”, relata Custo. Su primer producto fue una camiseta de hombre estampada con una palmera y con ambiente de playa: “un producto bien simple”, dice.

Y en seguida explica dónde estuvo la clave del éxito: “Funcionó porque diseños así no se hacían en Europa. Los estampados estaban lejos de ser una maravilla. De hecho fuimos a visitar a los fabricantes de Mataró (un municipio de Barcelona que entonces concentraba la producción textil) para buscar alguno que aceptara fabricarlas, fue difícil que uno aceptara”.

Era 1982, España estaba en plena efervescencia mundialera, y las camisetas empezaron a venderse como ‘souvenir’ entre turistas. Los diseños costaban 360 pesetas –un poco más de tres euros actuales–, entonces una cifra carísima. Aun así se trasformaron en moda entre los jóvenes y sus diseños comenzaron a formar parte del catálogo de tiendas que eran referencia de estilo en Barcelona.

Desde sus orígenes, explica, Custo tuvo claro que la base de su propuesta se basaría en los estampados, el color y la mezcla.

“Muchos creen que rechazamos el negro. Eso no es cierto. Hace unos años hicimos una colección en que en el 70 por ciento de las prendas dominaba esa tonalidad, pero estaba lejos de ser todo completamente oscuro. Mezclamos texturas brillantes, con cortes superpuestos y logramos un efecto vanguardista”, comenta el diseñador, reconociendo, sin embargo, que su sello es conocido por la fusión de colores. “Nos dimos cuenta –concluye– de que nuestros clientes se sienten cómodos llevando colorido.

A mediados de los 80 los estampados de sus diseños comenzaron a hacerse más gráficos y abstractos. Hasta entonces solo se concentraban en moda masculina y sus colecciones eran aplaudidas en la desaparecida pasarela Gaudí de Barcelona. En 1986 la marca realizó su primera colección de moda femenina.

“Fue un riesgo, porque es un campo más ambicioso que la ropa masculina. Pero también nos dimos cuenta de que abría un gran camino, porque con los diseños de mujer se podía experimentar más”. Así fue y al finalizar la década, sus colecciones se vendían en toda España. De las camisetas habían pasado a la ropa femenina con vestidos, chaquetas y pantalones. Entonces empezó a rondar la idea de internacionalizar la marca.

La Customanía

Custo se entusiasma al recordar los viejos tiempos: “En 1996 fuimos la primera marca no desarrollada en Estados Unidos y la primera española, en participar en la temporada de desfiles neoyorquinos. Entonces esa semana estaba recién despuntando como una fecha importante en el calendario de ‘shows’ de moda. Hoy es la pasarela más grande en cantidad de desfiles y eventos de moda”.

La internacionalización de la marca empezó en 1995, luego de mostrar sus colecciones en la Semana de la Moda Londres. Se lanzaron a conquistar el mercado estadounidense sin estrategias claras ni plan de ataque. La maniobra fue sencilla. Custo viajó a Los Ángeles para vender sus colecciones en varias tiendas, pero solo tres boutiques –cuya propuesta estaba más cercana a la moda alternativa– compraron algunos de sus diseños. Entonces, el escenario no coordinaba con su propuesta colorida y gráfica: a mediados de los 90 triunfaba el minimalismo, impuesto por Calvin Klein, y el ‘grunge’, una corriente que seguía la tendencia rockera de Nirvana y otras bandas de Seattle. El código de vestir se dividía entre la simpleza absoluta o la desfachatez y el desarreglo. Los colores vivos estaban fuera del encuadre ‘fashion’.

Pero ocurrió lo inesperado. Un día la dueña de una de estas tiendas le comentó que había visto una de sus camisetas en un capítulo de Friends.

“Luego, los personajes de la serie continuaron apareciendo con nuestra ropa –cuenta–. Actrices, como Drew Barrymore, las llevaban en las imágenes que publicaban las revistas, y Julia Roberts usó una camiseta en la película ‘La novia fugitiva’, y Bridget Fonda llevó otra en ‘Jackie Brown’ de Quentin Tarantino”. El efecto Hollywood fue casi instantáneo. Los comentarios fueron multiplicándose y los pedidos aumentaron. Se empezó a acuñar el término ‘customanía’: “Todo fue una locura. Incluso hubo gente que nos dijo que le pagamos a Julia Roberts para que usara nuestras camisetas, pero era imposible. ¿Con qué dinero?”

Tiendas como Saks y Neiman Marcus comenzaron a hacerles pedidos. Henri Bendel montó vitrinas especiales en su tienda de la Quinta Avenida. Eso marcó su aterrizaje neoyorquino. Con el éxito llegaron las invitaciones y la medida de cambiar el nombre de la etiqueta a ‘Custo Barcelona’. Lo hicieron para aclarar su procedencia española: “Muchos compradores nos preguntaban si éramos franceses o italianos. En una feria pusimos ese cartel y todos empezaron a llamarnos así y lo dejamos”.

A Custo hoy le gusta definir su propuesta como ‘premium accesible’: es decir moda de buena calidad, de vanguardia, pero con un precio no prohibitivo.

“No somos una marca de supersofisticación, no es nuestro espíritu –aclara–. Para nosotros lo importante es la creatividad. Ser capaces de decir algo nuevo en cada colección. ¡Llevamos 35 años! En la moda eso es mucho tiempo. La moda es por naturaleza perecedera. Es difícil y cuesta trabajo estar de moda”.

JUAN LUIS SALINAS T.
EL MERCURIO (Chile) - GDA

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