El rico y polémico legado de Henry Ford, a 70 años de su muerte

El rico y polémico legado de Henry Ford, a 70 años de su muerte

Fue uno de los hombres que marcaron la ruta económica y social del siglo XX.

Industrial Henry Ford

Fotografía de 1921 de Henry Ford frente a su modelo T.

Foto:

Archivo AFP

05 de abril 2017 , 06:17 p.m.

El 7 de abril de 1947, cuando un derrame cerebral acabó con la vida de Henry Ford, de 83 años, era uno de los hombres más ricos del mundo. Había nacido en una familia pobre y, al momento de su muerte, amasaba una fortuna cercana a los 200.000 millones de dólares, una de las más grandes de la historia.

Ford se convirtió en uno de los mayores ejemplos de ‘american way’, de cómo, en teoría, en el sistema capitalista cualquier persona puede escalar socialmente valiéndose de sus capacidades y gracias a la libertad económica. Pero, más que eso, fue el pionero de un modo de producción que, hasta después de la mitad del siglo pasado, significaba uno de los puntos históricos más altos del capitalismo.

Básicamente, Henry Ford es el padre de la producción en masa y del primer automóvil que se fabricó bajo ese modelo, el Ford T.

Uno de los grandes méritos de su modelo es que, al producir en serie, abarató los costos y amplió el mercado, de manera que ya no solo los más ricos podían acceder a un vehículo. Es más, Ford empezó a pagar a sus empleados casi el doble de lo que pagaban las industrias en la época (1914), bajo la premisa de que ellos mismos debían poder comprar uno de los autos que fabricaban en algún momento.

Pero no se trata solamente de un carro –icónico, por demás, en la historia automovilística–, sino de todo lo que esto significó para el comportamiento de la economía y las industrias durante varias décadas y para el presente. El Ford T fue, ni más ni menos, uno de los hitos de nacimiento de la clase media moderna en Estados Unidos.

Un modelo llamado fordismo

El crecimiento de la producción industrial en serie antes de la Primera Guerra Mundial se convirtió en un modelo aplicable a toda la industria. Años más tarde, el teórico marxista italiano Antonio Gramsci le daría el nombre de fordismo.

Bajo el fordismo se organizó la forma de vida industrial característica de la primera parte del siglo XX, correspondiente al Estado de Bienestar -que provee de servicios sociales a sus ciudadanos en el marco de una democracia y una economía capitalista- y a una sociedad de consumo.

De hecho, Ford creía en que el Estado de bienestar era posible a través de la sociedad de consumo, por lo que recibió críticas de los sectores económicos más tradicionales de su época. Wall Street no veía con buenos ojos establecer un horario de 40 horas semanales de trabajo y un salario mínimo.

Las críticas no eran solo de los economistas conservadores, sino también de la izquierda. Para Gramsci, marxista, el aumento de salarios obedecía a la necesidad de compensar el desgaste físico y psíquico de los trabajadores en medio de una economía donde lo diverso empezaba a perderse frente a lo homogéneo.

Por otro lado, a Ford no le gustaban los sindicatos, y se dice que algunos de sus funcionarios usaron prácticas de intimidación para evitar que tuvieran la fuerza de países europeos.

En todo caso, el fordismo llegó a un punto de desgaste con la tercera revolución industrial, la electrónica, y con un cambio de modelo económico hacia la década de 1960 que propendía por unas relaciones laborales más flexibles y por un Estado que, a diferencia del benefactor, interviniera lo menos posible en la economía, el mismo que luego terminó recibiendo el nombre de neoliberal.

Ford Motor Company: el imperio

Para 1896, Ford inventó su propio vehículo autopropulsado que, a la postre, se convertiría en la piedra fundacional del imperio Ford. Pero se dedicó tanto a hacerle mejoras a su invento, que tuvo diferencias con sus inversores en la Henry Ford Company. Esta pasó a llamarse Cadillac.

En 1914, sus altos salarios atrajeron a los mejores mecánicos de Detroit (Michigan), una fórmula ganadora, pues se reflejó en la productividad y la reducción de costos de formación a sus empleados. Ford lo llamaba “motivación salarial”.

Pero las bases reales del imperio Ford se pusieron en 1908, con la aparición del Ford T que, entre otras innovaciones, traía por primera vez el volante a la izquierda. Además, era fácil de conducir y de reparar. En cuestión de 12 años, la mayoría de conductores en Estados Unidos habían aprendido a conducir con el Ford T y la mitad de automóviles del país eran de la compañía Ford.

El Ford T se produjo durante un periodo de tiempo que hoy resulta impensable: 18 años, hasta que fue reemplazado por el Ford A, el segundo gran éxito de la compañía, con novedades como la caja de cambios de 3 velocidades. Este salió a la venta en 1931, cuando la Ford ya producía un tercio de la producción mundial de automóviles.

La Ford, como se le conoce simplemente, sigue siendo una de las automotrices con más ventas e ingresos en el mundo.

Los ecos culturales de Ford

Una de las mayores polémicas alrededor de la figura de Henry Ford radica en su postura antisemita, por tanto, cercana al nazismo alemán. En 1918, Ford compró ‘The Deadborn Independent’, un periódico de marcada tendencia contra los judíos que funcionó casi hasta finales de la década de 1920.

Se dice que varios textos publicados en ese periódico llegaron hasta el líder nazi Adolf Hitler, en cuyo libro, ‘Mi lucha’, Ford es el único norteamericano citado.

Además de esto, Hitler, como canciller alemán, quiso impulsar la industria automovilística con un ‘auto del pueblo’ al que pudiera acceder el alemán promedio: el Volkswagen. Sin embargo, este no salió al mercado sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Hitler estaba muerto.

Antisemita o no, otro de los legados de Henry Ford y su familia es la Fundación Ford, creada para promover la democracia y la reducción de la pobreza, y con la cual la familia Ford ya no tiene vínculo directo.

Por otro lado, la figura de Ford se mantuvo en varias producciones culturales, como la miniserie ‘The Men Who Built America’ (‘Los hombres que construyeron Estados Unidos’), producida por Stephen David para el canal History, y sobre todo en la película 'Tiempos Modernos', de Charles Chaplin, y en el libro de Aldous Huxley ‘Un mundo feliz’.

En la novela de ciencia ficción de Huxley Ford ocupa una posición central, tanto que los años se cuentan como d. F. (después de Ford). Además de las alusiones a este como una figura muy parecida a Dios (‘Oh, my Ford’) y del valor de la T (del Ford T) como reemplazo de la cruz cristiana. En la visión literaria y futurista de Huxley, el legado de Ford lleva a una sociedad automatizada y alienada. En últimas, a una sociedad sin libertad.

De ahí que, así como es indiscutible el legado de Ford para el desarrollo social y económico del siglo XX, lo son también sus consecuencias, las mismas que han suscitado polémicas, críticas y admiración, casi en la misma proporción, desde distintos sectores, incluso siete décadas después de su muerte.

JUAN DAVID LÓPEZ MORALES
Redactor ELTIEMPO.COM
En Twitter: @LopezJuanDa

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