Análisis : ¿Por qué protestan las mujeres en su día?

Análisis : ¿Por qué protestan las mujeres en su día?

Una experta reflexiona sobre los orígenes de la conmemoración y los problemas de ellas hoy en día.

Protesta mujeres

En Tunja, las mujeres marcharon contra el maltrato y otras formas de violencia.

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Luis Lizarazo

08 de marzo 2017 , 06:27 p.m.

En el 2017 se han revitalizado las acciones colectivas de las mujeres alrededor del mundo. A inicios de año, en los Estados Unidos, las mujeres protestaron masivamente contra el nuevo gobierno y sus políticas domésticas e internacionales, poniendo en el centro de sus cuestionamientos el sexismo, el racismo y la xenofobia.

Alrededor del mundo se convoca de manera amplia a que las mujeres paremos el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, para protestar por los feminicidios, la desigualdad salarial y la explotación económica. Diversos son los países que han convocado a esta jornada, tanto en el continente americano como en Europa, Asia y el Medio Oriente.

Algunos de los videos que circulan para convocar esta jornada plantean: "Un día sin mujeres”, “Ni una menos”, “Vivas nos queremos”, “Si nosotras paramos, todo para”, “La Solidaridad es nuestra arma”.

Las acciones que se proponen son diversas, y toman forma de acuerdo a los contextos: paro general de tareas domésticas y laborales, manifestaciones, tomas de calle, proclamas, carteles en las ventanas alusivos a por qué se para, veto de productos y marcas comerciales, entre otros.

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La jornada convocada en más de 40 países contiene una riqueza interpretativa de la realidad de las mujeres en la que bien vale la pena detenerse. Una de las dimensiones que este paro internacional trae a colación, tiene que ver con la relación mujeres-trabajo, preocupación central y de vieja data de algunos feminismos y movimientos de mujeres.

Esta relación recuerda el origen del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, así como las reivindicaciones de las obreras del siglo XIX y de principio y mediados del siglo XX por mejores condiciones de vida y aumento salarial.

La convocatoria de este año vuelve y problematiza el lugar que históricamente las mujeres han ocupado en la economía capitalista. Primero, porque como parte de la mano de obra esclava, las negras e indígenas alimentaron con sus propias vidas y su trabajo la estructuración global de esta economía.

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Segundo, porque luego las mujeres pobres se insertaron en ella como mano de obra más barata que la masculina, tendencia que se ha mantenido en el siglo XX y XXI, en especial en torno a dinámicas desatadas por el neoliberalismo y la globalización como las maquilas y la flexibilización laboral.

Tercero, porque pese a que muchas mujeres de clase media y alta tienen el mismo o mejor nivel educativo que los hombres, en algunas ocasiones ganan menos que ellos y les cuesta mucho más llegar a puestos de dirección en distintos ámbitos.

Problemas latentes

A lo anterior se suma que una dimensión de su trabajo sigue siendo desvalorizada, al mantenerse la división entre trabajo productivo y reproductivo, lo que ha significado una invisibilización de los aportes de las mujeres a la economía imperante y a la sociedad, a través de todo el trabajo de cuidado que llevamos a cabo en la vida cotidiana.

Esto no sólo significa un menosprecio de una de sus grandes contribuciones a la humanidad, una de las más vitales para el mantenimiento de la vida, sino que además produce lo que las estudiosas del tema han denominado como la doble y triple jornada de trabajo.

De allí que es verdad lo dicho en los videos de convocatoria a la jornada: “Si nosotras paramos, todo para”. En caso de que todas pudiéramos y decidiéramos parar, pararían las oficinas, las labores secretariales, los hospitales, los colegios, los restaurantes y la casa, en suma, las labores de cuidado y una importante porción de las labores productivas que sustentan el mundo actual.

Adicionalmente, el Paro Internacional pone en el centro de la discusión la permanencia de la violencia contra las mujeres como una estrategia de control de sus vidas y cuerpos que no solo limita la vida de una mujer sino del conjunto de la sociedad.

Esta discusión es de gran relevancia en un momento en el que la violencia y las posturas de derecha se exacerban en el mundo entero, acompañadas de un discurso que denuncia la existencia de una ‘Ideología de Género’, que entre otras cosas busca desestimar y quitar apoyo ciudadano e institucional a las propuestas de los movimientos de mujeres, feministas y de colectivos LGBTI.

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Por último, esta convocatoria nos recuerda como el mundo del trabajo para ciertos sujetos sociales, en especial los feminizados (pobres, indígenas, negros, afros, no heteronormativos), ha estado cruzado permanentemente por la violencia; una violencia que además de física es simbólica y espiritual, pues el mundo del trabajo en el que vivimos en el siglo XXI sigue la senda de la deshumanización de hombres y mujeres que se inició siglos atrás, y que en el contexto actual no solo afecta a las capas más pobres de la sociedad, sino también a los sectores medios.

Esta acción global a la que invitan las mujeres requiere de transformaciones globales, que como bien han enseñado los movimientos de mujeres y feministas, llevan tiempo y energía, y sobre todo conciencia cotidiana de cómo parar nuestra deshumanización en una de las cosas que más nos hace humanas y humanos: el trabajo.

Una clave para detener ese proceso la da la propia experiencia histórica de las mujeres: el cuidado, que para que sea más potente debe incluir el cuidarnos en colectivo y el auto-cuidado. El Paro Internacional, más allá de si realmente todas paramos (no todas pueden hacerlo, y no todas quieren), anima a pensar qué pasaría si todas las mujeres del planeta paramos.

¡Temblaría el mundo!

Por: Diana Gómez, profesora de la Maestría en Género de la Universidad de los Andes.
Centro Interdisciplinario de Estudios Sobre Desarrollo - Cider

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