El regreso de ‘La 100’, el templo de la salsa en Barranquilla

El regreso de ‘La 100’, el templo de la salsa en Barranquilla

El sábado fue reabierto con un espectáculo musical de la legendaria Orquesta de Pacho Galán.

Estadero La Cien Barranquilla

Milton Figueroa (izquierda), hijo de Ralphy 100, es uno de los herederos y gestores de La 100.

Foto:

Carlos Capella / EL TIEMPO

17 de abril 2018 , 07:15 p.m.

A pesar del inclemente sol que azota a Barranquilla por estos días, la alegría, el goce y la emoción eran visibles entre quienes llegaban a la esquina de la calle La Cruz con Providencia (calle 29B con carrera 24), en el tradicional barrio Rebolo, suroriente de Barranquilla, donde se destaca una edificación de paredes pintadas de amarillo y azul intensos, y rejas rojas.

Allí ha venido funcionando, con intervalos, desde hace 59 años La 100, un espacio de esparcimiento considerado uno de los templos de la salsa brava en Barranquilla y declarado patrimonio cultural gracias a que fue en ese establecimiento donde se programó por primera vez ese ritmo y música antillana en Colombia, según cuentan historiadores espontáneos.

El sábado fue reabierto entre cervezas frías, anécdotas y un espectáculo musical con la legendaria Orquesta de Pacho Galán, entre otras agrupaciones.

Su nombre lo debe a la canción La número 100, de Alberto Beltrán, porque cuando todavía era una tienda, un zapatero que se convirtió en fiel cliente y siempre acudía a tomar cerveza introducía una moneda en un ‘traganíquel’ programando ese tema.

Grandes figuras de la música pasaron por el establecimiento en sus tiempos de esplendor en los años 60 y 70, cuando visitaban la ciudad. Se tiene memoria de Celia Cruz, Ismael Rivera, Cheo Feliciano, Joe Cuba, Ismael Miranda, Héctor Lavoe, Rubén Blades, Richie Ray, el Gran Combo de Puerto Rico, la Fania All Stars, la orquesta La Conspiración, entre otros.

Por eso, cuando se regó la noticia de su reapertura, poco a poco fueron llegando los bailadores, en su mayoría ‘reboleros’ de pura cepa, que aún viven o vivieron los mejores años de su vida en el barrio, donde además disfrutaron de la cultura que se respira en cada calle de ese sector.

Como era lógico, la salsa reinó en la idea que surgió de la fundación Los 100 del Barrio Abajo, integrada por personas que se criaron en el popular sector de la ciudad, que buscan que el lugar vuelva a vivir sus épocas doradas y “recuperarlo como epicentro de un programa de recuperación del suroriente de Barranquilla para cambiar el imaginario que tiene mucha gente de que este es un sector inseguro, con muchas dificultades sociales. Queremos demostrar que no es así”, como manifestó su director, Carlos Ramos Maldonado.

De arranque, se hizo reconocimiento a personajes insignia de Rebolo, destacando a Rafael Figueroa, más conocido como Ralphy 100, e insignia del lugar; al locutor Pedro Juan Meléndez, a Enrique Salcedo, primer rey momo del Carnaval de Barranquilla, los tres ya fallecidos; a Darío Lozano, un octogenario que aún es reconocido como el peluquero estrella del barrio, y al historiador Freddy Cervantes.

Con el transcurrir del tiempo, los asistentes iban entrando en ambiente, pasaban de bailar sentados en la silla, con una ‘fría’ en la mano, a ‘tirar pase’ solos en medio del ambiente festivo que se vivía tantodentro como por fuera del establecimiento.

El picó El Cobra Roja fue el encargado de sonar las canciones que pedía el público. Picoteros como Ósman Torregrosa, Renso Rodríguez y Carlos Mayan tomaron los controles por ratos, pero el tornamesa estuvo siempre dispuesto para los visitantes que quisieran programar las canciones que escogieran de los 5.000 discos de larga duración (LP) que logró reunir Ralphy 100 mientras estuvo vivo.

Ralphy 100

El barranquillero Rafael Figueroa Lindo nació en el popular barrio Rebolo, donde vivió hasta sus últimos días. Fue rey momo del Carnaval de Barranquilla en el año 1996, un merecido reconocimiento a sus aportes a la cultura de la Arenosa. Su hijo Milton es quien ahora lleva las riendas del negocio, que se volvió el mejor amanecedero de Barranquilla entre los 60 y 90.

Su colección de más de 5.000 discos la obtuvo, en principio, de clientes que trabajaban en el puerto de Barranquilla, quienes los compraban durante sus viajes y se los llevaban a Figueroa como regalo. En varios viajes que hizo a Nueva York, adquirió varios de los LP que conservan en su casa como un tesoro.

ELIANA AVENDAÑO SOLÍS
Especial para EL TIEMPO

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