Los secretos del cubo Rubik que fascinó al mundo hace 40 años

Los secretos del cubo Rubik que fascinó al mundo  hace 40 años 

Es uno de los juguetes más vendidos de la historia y de los mejores métodos de aprendizaje.

Exposición sobre el cubo Rubik

Un niño juega con una escultura durante la exhibición ‘Más allá del cubo Rubik’, en el Global Harbor Museum de Shanghái.

Foto:

AFP

05 de noviembre 2017 , 11:22 p.m.

En 1974, el arquitecto, escultor y diseñador Erno Rubik tenía 29 años y vivía con su madre en un modesto apartamento de dos habitaciones en Budapest, capital de Hungría. Un día, decidió coger pequeños bloques de madera y unirlos con cuerdas elásticas. “En esa época yo era un profesor joven y enseñaba diseño. Estaba buscando herramientas manuales para ayudarles a los estudiantes a entender los movimientos tridimensionales. Y eso llevó al nacimiento del cubo”, cuenta Rubik.

Cuando las cuerdas se rompieron, el arquitecto aplicó un poco de ingeniería simple para que las piezas se movieran de forma independiente sin que el mecanismo se desmoronara. Cortó y lijó los pequeños bloques, los ensambló y marcó cada lado del cubo con un adhesivo de distinto color. Y, acto seguido, empezó a girarlos. “Era obvio que el prototipo contenía un problema para ser resuelto como un rompecabezas –señala–. Fue maravilloso ver cómo después de unos pocos giros, los colores se mezclaban. Después, decidí volver a poner los cubos en orden. En ese momento, me encontré de frente con el gran desafío: ¿cuál era el camino de vuelta?”.

Por más que el profesor giraba su invento, los colores quedaban cada vez más revueltos. Al principio, ni siquiera sabía si el problema tenía solución. Admite que tener el cubo en las manos era como estar frente a un código secreto que no podía leer. Después de un mes, y tras probar distintas secuencias de movimientos, Rubik le mostró a su madre un cubo con sus colores en orden. “Recuerdo cuán orgulloso estaba cuando se lo mostré”, dice. “Y ella estaba muy feliz, con la esperanza de que, a partir de ese momento, dejaría de trabajar tan duro en eso”.

Un método de aprendizaje

Bautizado inicialmente como el ‘cubo mágico’, este rompecabezas mecánico tridimensional se empezó a comercializar en Hungría tres años más tarde. Pocos podrían haber anticipado su éxito: era un 'puzzle' de alta complejidad –tiene una alineación correcta y 43 quintillones equivocadas– y, a diferencia del común de los juguetes, no hablaba, disparaba o requería baterías. Aun así, se convirtió en uno de los más vendidos de la historia, con más de 350 millones de unidades. En las últimas cuatro décadas, se publicaron más de 60 libros sobre él, inspiró un movimiento artístico (el ‘rubikcubismo’) y ostenta el Récord Guinness por ser el juguete más vendido en un período corto de tiempo, con más de 100 millones de ventas entre los años 1980 y 1982.

El desafío de resolver este colorido objeto estimula distintos tipos de aprendizaje. En Chile, por ejemplo, el cubo forma parte de las actividades recreativas no tradicionales del Grupo Enseña, empresa de servicios que crea soluciones creativas y educativas centradas en la formación integral de las personas.

Su práctica favorece el desarrollo de los procesos psicológicos superiores: entre ellos, la memoria, a nivel visual y asociativa

“Su práctica favorece el desarrollo de los procesos psicológicos superiores: entre ellos, la memoria, a nivel visual y asociativa”, señala Nicolás Novoa, cofundador y director ejecutivo de la empresa. “Por otra parte –agrega–, beneficia la inteligencia lógico-matemática, como las habilidades de razonamiento y de algoritmos, y la inteligencia kinestésica, que tiene que ver con los movimientos rápidos y, por ende, con el desarrollo de la motricidad fina”.

Los distintos métodos para ordenar el cubo dieron origen al ‘speedcubing’, una disciplina en la que exponentes de todas las edades tratan de resolverlo a la mayor velocidad posible. Esta práctica se ha expandido a lo largo de 80 países y su mayor hito son los campeonatos mundiales que se celebran cada dos años. Su ente regulador es la World Cube Association (WCA), una organización con comités, delegados y membresías. “Las grandes competiciones son casi como un cruce entre el golf y el ajedrez: es intelectual, pero la multitud se vuelve loca después de unas buenas soluciones”, dice Ian Scheffler, autor del libro ‘Cracking the Cube’. “Los mejores cubers realizan, en promedio, más de 10 movimientos por segundo, y muchos improvisan en el acto”, señala Scheffler.

A pesar de la popularidad alcanzada por su invento, Erno Rubik es cultor de un riguroso bajo perfil. No le gustan las entrevistas, y, para este artículo, solo aceptó responder un puñado de preguntas por correo electrónico. “Nunca busqué la fama o la riqueza. De hecho, he tratado arduamente de ser la misma persona privada que era antes del éxito del cubo”, señala. “Creo que entiendo bastante bien el cubo y disfruto de los infinitos desafíos que presenta a la mente humana. Sin embargo, no soy un ‘speedcuber’, por lo que, a medida que avanzan los tiempos de resolución, me quedo muy relegado detrás de los jóvenes magos que lo resuelven bajo los diez o, incluso, los cinco segundos”.

Una historia de azar

Algunos datos: el cubo de Rubik original mide 5,7 centímetros en cada lado y está formado por 27 “minicubos” que se dividen en distintos tipos: seis centros —que son inamovibles—, doce aristas y ocho esquinas. En la práctica hay solo 26 de estas piezas, ya que la que debería ocupar el lugar del centro, es reemplazada por el mecanismo que le permite hacer todos los movimientos. “Al jugar al cubo se desarrollan habilidades de organización y planeación, dice Novoa. “Las personas, finalmente, tienen que desarrollar estrategias a la hora de armarlo. Y todo esto, por consecuencia, trae el desarrollo de la creatividad para solucionar problemas”.

A pesar de su éxito transversal, el cubo solo pudo ser conocido al otro lado de la Cortina de Hierro gracias a la intervención de un par de actores claves. Uno de ellos fue Tom Kremer, empresario británico, creador de juguetes y fundador de Ediciones Notting Hill. En 1979 asistió a la Feria del Juguete de Nuremberg (Alemania) y vio el cubo por primera vez. “Quedé fascinado por un objeto que parecía moverse de una manera imposible”, relata Kremer. “Todos los que lo tenían en sus manos no podían resistirse al impulso de jugar con él. Podían dejarlo por un rato, pero, incluso cuando seguíamos conversando, sus manos se extendían casi involuntariamente para empezar a girarlo de nuevo”.

El responsable de llevarlo a Nuremberg fue Tibor Laczi, un hombre de negocios húngaro radicado en Viena que, meses antes, había descubierto el cubo en medio de un viaje de trabajo a Budapest. “Ambos estamos sosteniendo en nuestras manos una maravilla del mundo”, le dijo Kremer, quien obtuvo los derechos mundiales del cubo fuera de Hungría.

En 1979, usó esos derechos para firmar un contrato de licencia con la estadounidense Ideal Toy Company. El ‘cubo mágico’ no era lo suficientemente distintivo para ser usado como una marca registrada. Muchos nombres fueron sugeridos, como ‘el cubo inca’ o ‘el cubo maya’. Pero a todos nos gustaba cómo sonaba ‘Rubik’. Como prueba de distinción para el registro de marcas, buscamos si había más de 5 personas con ese apellido en la guía telefónica de Nueva York. Y, por suerte, solo había 4”, cuenta Kremer.

Rápido y amistoso

Desde su aparición, distintos matemáticos y diseñadores de algoritmos han tratado de responder una pregunta: ¿cuál es el número mínimo de movimientos necesarios para garantizar que uno puede llevar el cubo, desde cualquier posición, hasta la original? En el 2007, Gene Cooperman y Daniel Kunkle –dos matemáticos de la Universidad Northeastern de Boston– probaron que este puede ser resuelto en 26 movimientos o menos. En el 2010, esta cifra fue actualizada por un grupo de investigadores que ocuparon un supercomputador de Google. “Se ha probado que 20 movimientos son suficientes”, afirma Jessica Fridrich, la profesora de ingeniería eléctrica que diseñó la estrategia Fridrich, el método más reconocido para resolver el cubo. Considerada como una de las pioneras del ‘speedcubing’, Fridrich llegó a tener un récord personal de 11 segundos en los 80.

Actualmente, el rey de la disciplina es el australiano Feliks Zemdegs quien ganó el último Campeonato Mundial de São Paulo y el año pasado logró un tiempo de 4,73 segundos

Actualmente, el rey de la disciplina es el australiano Feliks Zemdegs (estudiante de economía e ingeniería), quien ganó el último Campeonato Mundial de São Paulo y el año pasado logró un tiempo de 4,73 segundos.

En su libro, Scheffler plantea que el cubo se convirtió en una suerte de emblema de la era moderna: cruza fronteras, sin considerar barreras idiomáticas, y representa una de nuestras mayores aspiraciones: lograr el orden en medio del caos.

GUILLERMO TUPPER
EL MERCURIO (Chile) - GDA@guillermotupper

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