'La mujer del animal' es el mal que no tiene redención

'La mujer del animal' es el mal que no tiene redención

El realizador Víctor Gaviria regresa al cine con un crudo retrato de violencia contra la mujer.

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El filme se rodó en el barrio Nueva Jerusalén, en los límites de Medellín con el municipio de Bello.

Foto:

Archivo particular

10 de octubre 2016 , 09:44 a.m.

“Buenas, yo soy la mujer del animal. Mi marido era un violador y drogadicto; me secuestró, me violó, me maltrató, me presentó como su esposa. Durante siete años fui su víctima, estuve destruida y apocada por el miedo y el dolor. Hasta que quedé embarazada y tuve cuñada y suegra, como si nada”.

El testimonio es de Margarita, así a secas. Quien lo cuenta es Víctor Gaviria. Era el 2004 y el cineasta paisa hacía la investigación para su siguiente filme, después de ‘Sumas y restas’.

“La escuché durante media hora. Quedé perplejo”, recuerda. Su encuentro con la mujer, que cruzaba los 50 años de edad, respondía a la idea de una película sobre un justiciero de barrio que ejercía la mal llamada ‘limpieza social’. El relato de Margarita justificaba las acciones del hombre que se tomaba la justicia por mano propia en zonas marginales de Medellín, en la década de 1980.

“Pero yo no quería hacer la trama del justiciero (…). Cuando escuché acerca del animal, me llamó la atención ese alias, casi mítico, de leyes salvajes y oscuras. Pero, sobre todo, me conmovió que a ella le hubiera ocurrido eso y aún peor, su dolor de que nadie hubiera hecho algo durante siete años (de 1975 a 1982)”.

Gaviria (Medellín, 1955) responde esta entrevista telefónica desde su ciudad natal, donde vive y ha forjado su carrera como realizador y guionista. ‘La mujer del animal’ es su regreso al ejercicio cinematográfico y este lunes tendrá su estreno nacional, durante la segunda edición del Bogotá International Film Festival (Biff), después de un renombrado paso por los festivales de Roma y Toronto.

El autor que en dos oportunidades llevó el cine colombiano a la alfombra roja del Festival de Cannes –con ‘Rodrigo D: no futuro’ (1990) y ‘La vendedora de rosas’ (1998), que compitieron por la Palma de Oro– disparó en esta charla, con su acento y su ritmo pausado, dardos acerca de su reciente producción, sus cintas previas y sus proyectos.

La violencia del animal

“Cuando me decidí a hacer ‘La mujer del animal’, tuve muchos problemas para producirla: cuando mostraba el guion, se molestaban con el tema del maltrato de género porque la película es de una violencia muy explícita. Siempre pensé que debería ser así.

En algún momento, se vuelve insoportable la recurrencia en el maltrato físico: los momentos cuando él grita y pega patadas y puños, y ella grita y llora. Esa era mi idea. Quería representar la naturaleza violenta del hombre, ir más allá de lo psicológico. Trabajé con el concepto de un mal radical, que no evolucionaba, que estaba presente con la misma intensidad de principio a fin.

El mal obedecía a la descripción del personaje, tomando como premisa que solamente podía empeorar. Es un mal que no tiene atenuantes ni redención.

Al final, los productores Vladimir Peña, Francisco Pulgarín y Daniela Goggel creyeron en mi película.

Tardé años en hallar a Natalia Polo (una joven de Apartadó), la mujer, y a Tito Gómez (conductor de Rionegro que había estado en malos pasos), el animal”.

12 semanas de rodaje

“Fue largo. Le pedí a Margarita que nos acompañara (fue en el barrio Nueva Jerusalén, límites de Medellín con Bello), porque a veces la traducción que uno hace de la realidad es un teléfono roto. Yo quería, además, que la película reflejara la experiencia de pobreza de los personajes.

“Por ejemplo, cuando estábamos construyendo los ranchos, yo le preguntaba a ella: ‘Entonces, ¿él llegó y tocó la puerta?’… Y Margarita me decía: ‘No, Víctor, cuál puerta. Eso era una tabla apoyada’.

– Ok. Entonces el tipo se asomaba por la ventana…

– ‘Espere, Víctor, cuál ventana. Eso era un hueco’”.

La flor marchita

“Cuando Margarita contaba su drama, la gente no le creía. ‘¿Pero, acaso usted no le tuvo tres hijos?’. La gente daba alguna excusa para ocultar su complicidad, su cobardía, su miedo.

La relación de Margarita con el animal sufrió un proceso de normalización; con el paso del tiempo, ella se convirtió en su esposa. Nadie se enteró (ni se interesó en saberlo tampoco) de que esa familia es fruto de una violación, fundada en la violencia y el abuso.

Margarita es buena narradora, con una excelente memoria, pero también muy coherente: cuando teníamos escenas de actuar la violencia, ella se iba. Nunca verá la película, no le interesa. Tiene una integridad admirable. Para ella, lo contado es suficiente”.

‘Rodrigo D’ y el camino

“La rodamos en 1986, eso ya es historia patria (se ríe). Uno no es muy consciente de eso, porque se es resonancia de muchas cosas, no me siento el comienzo de nada. ‘Rodrigo D’ era un homenaje a ‘Umberto D.’ (Vittorio de Sica, 1952) y aparece el ‘No futuro’ porque la película adquiere una dinámica propia, ya no es una historia de tiempos muertos del neorrealismo italiano, sino de tiempos estallados, de ultraviolencia y desesperanza total.

Yo les decía a mis amigos que como uno no sabe cuándo va a volver a hacer una película, debíamos sembrar esa semilla muy hondo, que impactara a la gente, que se convirtiera en una referencia de realidad de ahí en adelante.

Gracias a ‘Rodrigo D’ entendí su importancia. La película toda es un testimonio de ellos, de sus palabras que solo tradujimos al lenguaje audiovisual.

El actor natural tiene eso tan hermoso, ese tono tan propio. Esa era mi idea, no asegurar que trabajar con actores naturales era el camino”.

‘Sangrenegra’: la frustración

“Esta historia (inspirada en la vida del famoso bandolero de la violencia partidista de los años 50) tenía una preproducción larga y un rodaje similar. Di con un productor que no quería perderse el chance de cambiar a un descarriado como yo...

No pudo, claro. Yo no puedo pretender unos resultados trabajando como se hace en otras películas: se escoge a los actores (profesionales) en uno o dos meses y se rueda en cinco o seis semanas… pero uno no puede buscar lo mismo acá.

Él no tenía experiencia, nunca entendió las dificultades de una película de época. Resultó mediocre y pensó que iba a quedar buena dizque porque la hacía yo”.

El cine colombiano

“Las nuevas generaciones de autores van dejando sus documentos, pero la gente no está interesada en verlos, sino que va al cine para ver historias de poder, hiperactivas, como las de Hollywood. Muy distinto a lo nuestro, pausado, donde el espectador debe involucrarse.

Hubo un pico muy alto de asistencia, cuando las películas colombianas hacían más de un millón de espectadores, entre el 2000 y el 2005, pero era cuando la televisión no había saturado al público.

La TV se dio cuenta de las historias valiosas que contaba el cine y se apropió de ellas, a partir de ‘Sin tetas no hay paraíso’. Y ahora no perdonan (‘Escobar’, ‘Bloque de búsqueda’, ‘Los tres Caínes’).

Lo irónico es que ellos nos criticaron hasta el cansancio porque hablábamos mal del país, que nos enamoramos de la violencia, pero ahora es distinto cuando ellos se apropiaron de la receta para subir el ‘rating’ y la sobreexplotaron.

SOFÍA GÓMEZ G.
Cultura y Entretenimiento

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