Televisión de memoria / El otro lado

Televisión de memoria / El otro lado

La memoria es un asunto fundamental para el nuevo país que nace con el acuerdo de paz.

Ómar Rincón, Crítico de televisión

Ómar Rincón, Crítico de televisión.

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César Sánchez Carreño

27 de mayo 2018 , 10:00 p.m.

La memoria es un asunto fundamental para el nuevo país que nace con el acuerdo de paz. Y es necesaria para mirarnos en el espejo y realizar una autocrítica y hacer las paces.

En la Feria de Libro de Bogotá 2018, el pabellón del éxito por potencia narrativa, relato de nación y asistencia fue el pabellón 20.

Allí se inauguró el Museo de Memoria Histórica de Colombia. Su primera exposición se llamó ‘Voces para transformar a Colombia’. Y una de las voces invitadas fue la televisión de ficción.

Las voces de la ficción son necesarias para la memoria porque “pasa más país por las telenovelas y series que por los noticieros de televisión” afirmó el maestro Jesús Martín-Barbero. La televisión estuvo personificada por tres grandes autores como Juana Uribe (‘La Niña’ su más reciente éxito posterior a ‘Escobar, el patrón el mal’ y muchos más), Fernando Gaitán (‘Café’ y ‘Yo soy Betty la fea’ son Colombia en el mundo, su intento de memoria del conflicto se llamó ‘No olvidarás mi nombre’) y Dago García (el de ‘Pedro el escamoso’, ‘La saga’, ‘Amar y temer’).

Gaitán, Juana y Dago dijeron que la televisión de ficción hace memoria, es “el futuro hacia atrás” porque se trata de pensar el presente mirando el pasado; es potente porque presenta y reflexiona la memoria en “la vida cotidiana”, para desde ahí proponer “otros escenarios” donde el amor todo lo cura y la esperanza todo lo puede.

La ficción televisiva ha sido útil porque ha generado nuevas agendas para pensarnos, ya que cuenta en personas, contextos e historias y no en cifras como el noticiero.

Este hecho ha permitido diversificar las miradas sobre el conflicto. Y, además, servirnos de espejo para intentar comprender por qué es que nos hemos venido matando.

Acerca del exceso de relatos de conflicto, se justifica porque en televisión hay que ser excesivos, hay que saturar para que la historia quedé pegada a las emociones nacionales. El reto, ahora, es producir memoria expandida y saber contar la complejidad del reto que tenemos.

La guerra dejará de ser el centro del relato cuando pasemos de las historias trágicas de “los victimarios y víctimas” a las historias del humor, ya que cuando la risa aparece es que fuimos capaces de superar la guerra. El reto de la ficción es diversificar las emociones sobre esta nación que crea un nuevo relato de fundación nacional.

La ficción televisiva nos servirá si documenta que nuestra guerra no fue un asunto de guerreros, ya que todos tuvimos algo que ver con ella: no fuimos tan buenos e higiénicos, jugamos a la guerra con el silencio, con el cinismo, con el creernos los buenos cuando mandábamos a los pobres y marginados a morir.

La ficción televisiva en sus memorias diversas y plurales es una urgencia para el nuevo relato de país que estamos construyendo. Dago, Juana y Gaitán quedamos a la espera de sus telenovelas y series para el nuevo país.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión
0rincon61@hotmail.com

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