‘Creo que la actuación es catártica’: Sam Rockwell

‘Creo que la actuación es catártica’: Sam Rockwell

Su papel de un policía en ‘Tres anuncios por un crimen’ lo tiene cerca de ganar su primer Óscar.

Sam Rockwell, actor ‘Tres anuncios por un crimen’

Hijo de actores, Sam Rockwell cumplirá 50 este año. Hace unas semanas ganó el Globo de Oro por su papel en ‘Tres anuncios...’.

Foto:

Mario Anzuoni / Reuters

11 de febrero 2018 , 12:20 a.m.

El oficial de la policía James Dixon es de esos personajes de la gran pantalla que despiertan sentimientos encontrados: rabia, risa, lástima. Es un hombre de mediana edad, acomplejado, que vive con una madre conflictiva, enferma y absorbente. Tiene problemas de actitud, de agresividad, de odio.

Sam Rockwell, el actor que interpreta a Dixon, es famoso por su temperamento cambiante. En los rodajes pasa de la alegría a la seriedad y hasta a la hostilidad en pocas horas. Tal como su personaje.

“El proceso de la actuación, en realidad, no lo entiende nadie. Ni yo mismo (…). Es muy extraño porque un día puedo ser el más social, contar chistes y hacer bromas, pero al día siguiente estoy callado, concentrado en alguna escena. Depende de la jornada que tenga”, comenta Rockwell sobre su experiencia en ‘Tres anuncios por un crimen’ (‘Three Billboards Outside Ebbing, Missouri’), que ya se puede ver en los cines del país.

Pese a las tres décadas dedicadas a la actuación (en teatro, cine y televisión) y al centenar de títulos en su filmografía, pareciera que apenas en Tres anuncios… Rockwell hubiera encontrado la horma de su zapato para destacar en el cine.

En el filme, Mildred (Frances McDormand, ganadora del Óscar por ‘Fargo’, de 1996) usa una particular forma de llamar la atención sobre la inoperancia policial en su pueblo, meses después de la violación y el asesinato de su hija. La mujer paga para que se instalen tres vallas en las afueras del lugar, acusando al director de la Policía (Woody Harrelson, que con este papel suma tres nominaciones al Óscar). Este hecho desata una ola de conflictos racistas y sociales, que tendrán como protagonista al agente Dixon, papel por el que Rockwell está nominado al Óscar a mejor actor de reparto.

El intérprete californiano, de 50 años, conversa en esta entrevista –a la que tuvo acceso EL TIEMPO por cortesía de 20th Century Fox– sobre cómo fue trabajar con el realizador y guionista Martin McDonagh en ‘Tres anuncios por un crimen’, película con siete nominaciones al Óscar y una de las favoritas a quedarse con los galardones más importantes que concede la Academia de Hollywood.

Es la tercera vez que comparte con McDonagh (hizo ‘Tres anuncios…’ y ‘Siete psicópatas’ en cine, y ‘Behanding in Spokane’, en teatro. ¿Qué lo atrae de este director?

Son las cosas que escribe Martin. Cada página está llena de sorpresas. Todo el tiempo estás pensando: “¡No puede ser que este tipo haga esto!”. Y cuando el tipo lo hace: “¡Qué carajos hizo!”. Son detalles que hacen increíbles a los personajes. Parte de lo divertido de la actuación es variar los arquetipos en los cuales nos fundamentamos los seres humanos. Y eso él lo tiene claro, así que resulta muy divertido de llevar a la actuación.

‘Tres anuncios por un crimen’ encaja en los universos que plantea McDonagh, violentos y conflictivos…


Esta vez sitúa la historia como un wéstern: pone las reglas, las rompe y las restablece. Pero ya no son las mismas reglas iniciales, sino unas distintas que surgieron a partir de lo que hiciste. Y eres consciente de eso. Si clasificaras en un género la película, sería algo así como una tragicomedia del Oeste mezclada con tragedia griega.

¿Cómo halló el tono para darle vida al oficial Dixon?


La mayoría de las herramientas me las dio Martin en el guion. Sin embargo, fui a Misuri y conversé con algunos policías; hubo uno que me impactó particularmente y me ayudó a conceptualizar el personaje. La forma en la que hablaba me inspiró. Parecía un policía salido de una serie de televisión, que tomaba una bebida energizante de manera compulsiva. Claro, Ebbing no existe, pero en los pueblos pequeños pasan cosas similares, como que el Departamento de Policía esté cerrado un domingo.

Esta clase de acercamiento con la realidad ayuda. Hay un momento de la preparación en el que te preguntas: ¿Qué aspectos de mi personalidad son similares a los del personaje? ¿Qué tan violentos, enojados o tristes podríamos llegar a estar? ¿Somos capaces de ser héroes o villanos? Las respuestas pueden depender, simplemente, de que estés teniendo un buen o un mal día. Así dejamos de ser normales y nos convertimos en narcisistas o sociópatas.

¿Cómo definiría a Dixon?


Creo que al comienzo del filme luce divertido, pero con el paso de los minutos se va convirtiendo en algo más siniestro, una especie de Travis Bickle moderno (el trastornado antihéroe de la película ‘Taxi Driver’, de Martin Scorsese).

¿Cree que la actuación es terapéutica?

Más bien catártica.

¿Peligrosa también?

Para nada. Pienso en la catarsis que logro en el trabajo, pero no es algo que me lleve a casa. Cuando termino la filmación, me desconecto por completo (…). Todo lo que hago en favor de los personajes lo considero diversión. Lo que creo son verdaderos retos son otras cosas; por ejemplo, en la mitad del rodaje me enfermé. Y así, con un montón de medicamentos encima, tuve que filmar las secuencias más intensas de mi personaje. Eso fue muy complicado.

CULTURA
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