¿Podrá ‘Sex and the City’ sobrevivir al nuevo feminismo?

¿Podrá ‘Sex and the City’ sobrevivir al nuevo feminismo?

A 20 años de su primer episodio, se actualizan estudios culturales sobre la afamada serie.

'Sex and the City'

De izq. a der: las actrices Kim Cattrall (Samantha Jones), Cynthia Nixon (Miranda Hobbes), Sarah Jessica Parker (Carrie Bradshaw) y Kristin Davis (Charlotte York).

Foto:

AFP

14 de julio 2018 , 07:35 p.m.

“El sexo en Nueva York es distinto al sexo en cualquier otro lado. Puede ser molesto; puede no dar satisfacción; pero, más importante que todo, el sexo en Nueva York rara vez tiene que ver con el sexo”. Así arrancaba la periodista Candace Bushnell la primera de sus columnas para el semanario ‘The New York Observer’, tituladas ‘Sex and the City’, en las que años más tarde se basaría la afamada serie de televisión.

¿De qué se trata el sexo en la Gran Manzana entonces? “La mayor parte del tiempo es sobre el espectáculo, el vestido del diseñador del momento, tiquetes para el partido de básquet de los Knicks o el puro pánico a no estar solo”, aventuró Bushnell.

Pero para la catarata de estudios y cátedras universitarias que han salido desde entonces, y para las notas en todos los medios con motivo del 20.° aniversario de la primera temporada de ‘Sex and the City’ (salió al aire el 6 de junio de 1998), lo que el sexo en Nueva York trajo fue una revolución. Sus canales fueron las columnas de Bushnell, luego el libro y, sobre todo, las diez temporadas en la pantalla chica más dos películas protagonizadas por Sarah Jessica Parker, Kim Cattrall, Cynthia Nixon y Kristin Davis.

“Cambió la manera en la que pensamos sobre las mujeres y el sexo, la forma en que las mujeres hablan de sexo, la forma en que se encaran las relaciones. Hay pocas series que hayan tenido el impacto cultural de esta. Aún para quienes no veían el programa, cambió la percepción cultural de la mujer soltera”, dice Jennifer Keishin Armstrong, autora del flamante tratado ‘Sex and the City and Us’.

“Del estereotipo de solteras tristonas rodeadas de gatos pasamos a las fabulosas y divertidas, de las cuales la serie fue pionera –agrega–. Realmente dieron un giro radical en la historia de la televisión de un día al otro”.

Según la propia Naomi Wolf, Carrie Bradshaw (la protagonista de la serie), si bien un personaje de ficción, “hizo tanto por las mujeres como algunas de las feministas más de avanzada de la vida real”.

Pero primero, naturalmente, estaba el sexo, que después de todo aparecía en el título de la serie. ‘Sex and the City’ abordaba temas como el ‘ménage a trois’, el sexo anal, los juguetes sexuales, los coqueteos con el lesbianismo y los orgasmos fingidos. “Decía la verdad y limpió el paladar respecto de las versiones azucaradas de las series sobre mujeres que la precedieron”, sostienen Kim Akass y Janet McCabe en el libro de análisis académico ‘Reading Sex and the City’.

Cambió la manera en la que pensamos sobre las mujeres y el sexo, la forma en que las mujeres hablan de sexo, la forma en que se encaran las relaciones

“Muchos críticos dijeron que fueron demasiado lejos, que las mujeres no hablan así. Algunas mujeres lo hacían, otras lo harían, otras nunca. Pero su exageración, si eso era, abrió nuevos caminos para que las mujeres se animen a expresarse de manera franca, y sin pedir disculpas, sobre los deseos. Y eso es una contribución enorme”, subraya Armstrong.

“‘Sex and the City’ era una serie sobre sexo y con muchas escenas de sexo, pero por primera vez dicho espectáculo televisivo estaba dirigido a las mujeres y eso le dio un matiz distinto: no estaba para excitar, el sexo era para marcar un punto”, continúa.

En su libro, Armstrong, historiadora de la televisión que tuvo ‘best sellers’ sobre ‘Seinfeld’ y Mary Tyler Moore, cita a Patrick Michael King, el creador de la serie, quien sostuvo: “Nuestras historias sobre el sexo eran graciosas y a veces muy escandalizadoras, pero siempre quedaba claro que eran para ilustrar cómo evolucionamos a través de nuestras experiencias”.

King veía el humor como una forma efectiva de romper tabús y hacer del sexo, en todas sus variantes, algo más aceptable. Sin embargo, esto no es necesariamente suficiente hoy. El problema tiene un antecedente directo, que fue recientemente analizado por ‘The Guardian’. Cuando Friends encontró una nueva vida en Netflix, se suponía que los ‘millennials’, enamorados de la nostalgia de los 90, se volverían los nuevos fans. Lo que pocos esperaban era que encontrarían al guion transfóbico, homofóbico, sexista y ‘size-ist’ (que discrimina ciertos tamaños de cuerpo).

‘Sex and the City’ también puede ser vista bajo esa óptica. Después de todo es la historia de cuatro mujeres blancas cisgénero (cuya identidad de género coincide con su sexo biológico). En un episodio, Carrie, la protagonista, abandona a un amante bisexual diciendo que la bisexualidad es “una escala en el camino a la Ciudad Gay”. Samantha, su amiga ultraliberada, describe al Meatpacking District, donde vive, como “trendy by day, tranny by night” (con onda durante el día, de transexuales durante la noche). Ambos episodios son a menudo señalados como clásicos ejemplos de falta de sensibilidad a las políticas de género y sexuales que se volvieron prevalecientes.

Aunque todavía ‘Sex and the City’ no ha tenido una reacción negativa al estilo de la de Friends, la serie luce “extremadamente anti-woke” para los estándares contemporáneos, en palabras de ‘The Guardian’. ‘Woke’ es el término de moda para describir a quien está siempre en el lado correcto de las guerras culturales del momento, pero es un terreno resbaladizo.

“El problema es que es una guerra muy difícil de ganar, y aunque seas ‘woke’ ya no es suficiente: siempre habrá grupos que no encuentren tu producción creativa lo suficientemente iluminada”, se resigna el crítico cultural James Panero, editor de ‘The New Criterion’. El clásico ejemplo al respecto es ‘Girls’, que se vio como el sucesor directo de ‘Sex and the City’.

Como esta última, Girls trataba sobre cuatro amigas en Nueva York, solo que vivían en Brooklyn en vez de Manhattan, no tenían ambiciones claras y la escritora y protagonista, Lena Dunham, desnudaba su cuerpo lleno de imperfecciones como símbolo de autenticidad. El guion era lo opuesto al lujo de ‘Sex and the City’ y se mostraba progresista a ultranza.

Naturalmente, Dunham estuvo a la cabeza del movimiento Me Too, pero cuando uno de los guionistas de su serie fue acusado de acoso sexual, ella salió en su defensa. Aunque después se disculpó, inmediatamente fue calificada de hipócrita y “feminista hípster”. Y todos salieron a recordar que en Girls, si bien los personajes usaban ropa de algodón orgánico y eran veganos (todo en las antípodas de los Manolo Blahnik y los Cosmopolitans de ‘Sex and the City’), las escenas de sexo básicamente eran entre gente blanca heterosexual de clase media o media-alta profesional. Y Dunham fue acusada también de perpetuar estereotipos raciales en la vida real.

En medio de la polémica, a la defensa de ‘Sex and the City’ salió Cynthia Nixon, que está casada con una mujer, es militante de los derechos LGBT y abandonó la actuación para postularse a gobernadora del estado de Nueva York, por el Partido Demócrata. “La serie es sobre lo importante que son las amistades cuando no estás casada y cómo tus amigos se vuelven tu familia. Es sobre todo algo que llega a las personas solas y a la comunidad gay”, dijo. Y aunque reconoció que la falta de diversidad en el programa es “irresponsable”, varias voces emblemáticas de la comunidad afroamericana se confesaron fans y declararon que se veían representadas en los personajes creados por Bushnell.

“El único momento en el que no hablamos es cuando ‘Sex and the City’ está en la tele –rapea Jay Z en el dueto con su mujer, Beyoncé, conocida admiradora de la serie–. Ella tiene fiebre de Carrie”.

Lejos de Bridget Jones

Pero si no era sobre el sexo –políticamente correcto o no–, ¿sobre qué trataba ‘Sex and the City’? En lo que todos los analistas suelen concordar es en que el sexo era solo una parte de este perfil novedoso de solteras, con control sobre sus vidas y ganas de pasarlo bien. Pero lo que también era revolucionario era que estas no eran necesariamente amables.

Al mismo tiempo que ‘Sex and the City’, salió –también primero como libro y luego en el cine– ‘El diario de Bridget Jones’, de la inglesa Helen Fielding. Los temas que abordaba eran similares: solteras profesionales, con fuerte grupo de amigas que buscan el amor, aunque no sea esto lo que necesariamente las define. Ambas creaciones lanzaron al mercado editorial lo que sería la gran tendencia de la década: la ‘chick-lit’.

Pero Bridget traía consigo ideas más a la antigua sobre el ideal del romance, a pesar de ser un personaje fuerte e independiente. No en vano la autora se basó en Elizabeth Bennett, la protagonista de ‘Orgullo y prejuicio’. “Bridget luchaba con el alcohol y la balanza y sufría de baja autoestima, pero también parecía disfrutar de su vida, sus amigos, su familia y su estatus de clase media británica. Carrie, por el contrario, que sabía cuán delgada y atractiva era, y que salía con la élite neoyorquina regularmente, era cínica y dada a los vaivenes de humor, y se saboteaba a sí misma”, sostiene Armstrong.

“No escribo libros para que la gente quiera a los personajes. Estas son mujeres que toman decisiones que quizá no sean las mejores en términos de moralidad”, aclaró al respecto Bushnell.

Su modelo era mucho más cercano a las mujeres de Edith Wharton, neoyorquinas hasta la médula, aunque de un siglo atrás. En particular, en los estudios culturales se suele señalar a ‘Sex and the City’ como iluminado por el espíritu de Lily Bart, la entrañable y repulsiva protagonista de ‘La casa de la alegría’, de Edith Wharton. Aunque, claro, la referencia a clásicos de la literatura es complicada al hablar de productos culturales sobre mujeres y sus sentimientos.

“Es adorable. Es liviano. No es Tolstói”. Así describe Samantha las columnas de Carrie en la ficción. Esta le insiste que no está tratando de ser Tolstói. “Pero, por supuesto, sí era eso lo que quería”, concluye Bushnell en el libro con un dejo autobiográfico. Porque ‘Sex and the City’ tiene el problema –que nunca tuvo ‘Girls’– de la frivolidad. En ‘Sex and the City’ la frivolidad era parte de una estética creativa –al punto que la ropa era llamada la “quinta protagonista” de la serie– y esta liviandad arrancaba en el sexo que le dio origen.

“Hasta ‘Sex and the City’, el sexo era algo oscuro y con tufillo a sucio. Nosotros lo hicimos rosa. Y abrillantado. Lo sacamos a la luz y lo convertimos en algo que daba poder a las mujeres, pero que también era gracioso”, sostuvo King.

Hasta ‘Sex and the City’, el sexo era algo oscuro y con tufillo a sucio. Nosotros lo hicimos rosa.

¿Puede eso sobrevivir hoy? Algunos tienen dudas. “Ya ni siquiera la búsqueda de alegría escapista es una excusa para el televidente, como podía ser antes de Trump, antes del 11-S”, sostiene ‘The Guardian’. Para el matutino británico, hoy todo tiene que ser más ‘dark’ (series de ‘lifestyle’ lujoso como ‘Big Little Lies’, que no podrían haber existido sin el antecedente de ‘Sex and the City’, giran en torno a un asesinato, por ejemplo).

Y Germaine Greer dijo sus palabras sobre Carrie Bradshaw una década atrás. Pero sin minimizar sus complejidades, algunas de las feministas más relevantes del momento se niegan a abandonar el placer de ver la serie. Roxane Gay confesó en su colección de ensayos ‘Bad Feminist’ –de lectura esencial para cualquier fan de ‘Sex and the City’ conflictuado–: “Tengo ciertos intereses, rasgos de mi personalidad y opiniones que pueden no estar alineados con la corriente del feminismo imperante, pero aún así soy feminista”.

Por su parte, Chelsea Fairless, editora que se volvió famosa por sus críticas a la serie desde la perspectiva ‘woke’, declaró: “Por supuesto que la feminista perfecta nunca miraría ‘Sex and the City’. Es demasiado blanca y materialista, y no es lo suficientemente seria. Pero me agoto solo con pensar la fuerza de voluntad de mi parte que requeriría boicotearla. Prefiero usar toda esa energía para desmantelar el patriarcado”.

Pero quizá sea Candace Bushnell la más apropiada para explicar por qué, pese a todos los cambios en la sociedad y las críticas desde la perspectiva contemporánea, la serie se mantiene vigente: “Todos tenemos conflictos. Ahora se resuelven de manera distinta, quizás ‘online’. Pero la cuestión de querer encontrar a alguien, un alma gemela, o no quererla, las cosas que uno aprende sobre sí mismo en una relación, todo eso es la naturaleza humana”.

JUANA LIBEDINSKY
LA NACIÓN (Argentina) - GDA
En Twitter: @LANACION

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.