Una mirada crítica a la juventud mexicana desde el cine

Una mirada crítica a la juventud mexicana desde el cine

La cinta 'Te prometo anarquía' retrata a una pareja de jóvenes rebeldes y adictos al dinero fácil.

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El director contactó a Eduardo Martínez (izquierda) y Diego Calva a través de Facebook.

Foto:

Archivo particular

07 de diciembre 2016 , 06:03 p.m.

El tono de tragedia en Te prometo anarquía aumenta con el desarrollo del metraje: el afán por conseguir dinero fácil, las familias fracturadas, un amor frustrado y el sexo sin protección son algunos detonantes del drama que protagonizan dos adolescentes, Johnny y Miguel.

De extracciones sociales distintas, recorren en sus patinetas las calles de Ciudad de México. Venden su sangre al mejor postor y tienen sexo en hoteles baratos. Se aman, pero no lo dicen. Se usan y ambos lo saben, aunque sin reconocerlo.

“Intento hablar de emociones, pero de las que duelen o me duelen. De lo que no se dice. Creo en la imagen y trato de que las cosas no se digan mediante el diálogo. En Te prometo anarquía, los protagonistas solo se dicen te quiero una vez y es por celular. Le apuesto más al silencio”, cuenta Julio Hernández Cordón, el director de la película.

La cinta ya se puede ver en Cinema Tonalá (Bogotá) y Cinemateca Museo La Tertulia (Cali). Este jueves llega al Colombo Americano de Medellín.

El realizador y guionista tiene 41 años, pero su conexión con la edad de sus personajes impacta, sobre todo por la forma como plasma sus emociones. “A lo mejor soy un poco adolescente en mi manera de actuar. A lo mejor...”, bromea.

En su filmografía, un vaivén entre el documental y la ficción, ha plasmado historias que impactan por su nivel de realismo, aunque siempre parten de su imaginación (sus otros largos son Polvo y Gasolina).

“Asumí una estética particular porque quería hacer mis películas con mis tiempos y a mi manera. Entonces, sin saberlo bien, empecé a mezclar los géneros y entendí el poder de eso: el artificio no es tan visible, existe, pero sus costuras son invisibles”, dice.

Y agrega: “Muchos documentalistas me dicen que no soportan la ficción, que les parece ajena y naif, pero que con mis películas no les pasa eso. Para mí, ese comentario es el mejor premio”, dice.

Casado, con tres hijos y dedicado de tiempo completo al arte cinematográfico, Hernández Cordón responde este cuestionario en los descansos que le deja la edición del que será su próximo filme, Atrás hay relámpagos, que rodó en Costa Rica, país que junto con Guatemala y México han sido sus terruños de crianza (nació en Carolina del Norte, Estados Unidos).

Él sabe que está ante el insumo de su siguiente filme cuando sonríe constantemente al pensar en esa historia.

“Me atrae contar las vivencias de los incomprendidos; de gente que no logra convivir con su presente, que quiere que las cosas sean diferentes pero que no sabe cómo decirlo; se escabullen del panfleto y de la acción. Pero ante todo me gusta encuadrar, poner la cámara, construir otro espacio a través de los lentes. Que lo feo parezca bello por lo que se escucha, por lo que se encuadra o por mis personajes”.

Parte del estilo que lo ha caracterizado, además de sus apuestas visuales y la luz de sus escenas, es el trabajo con actores sin formación y el uso de música que no solamente acompaña sino que, incluso, reemplaza la forma de comunicación entre los personajes.

“Esta vez utilicé canciones que oí cuando escribí el guion. Mi idea era mantener la emoción y la atmósfera que sentí cuando estaba tecleando la historia o mientras caminaba por la calle y pensaba en el relato”, explica el realizador, que encontró a los actores de Te prometo anarquía en Facebook.

“Me he dedicado a observar a las personas, a robarme elementos de ellos para construir mis personajes. Les digo que en mis películas no se actúa, sino que se miente. Todos sabemos mentir y mentir es construir historias (…). Me enamoro de las personas con las que trabajo. Nunca se lo digo. Es un enamoramiento narrativo”, indica.

‘En el cine, solo importa la taquilla’

“El dinero fácil se va. Creo que los jóvenes se involucran en el crimen organizado por ser inocentes, por aburrimiento y rebeldía. Hoy, no importan los medios para enriquecerse, solo el fin. Y eso lo siento también en el cine, que dejó de ser, hace mucho tiempo, una manera de expresión artística. Lo im
portante es la taquilla”, asegura el director Julio Hernández.

SOFÍA GÓMEZ G.
Cultura y Entretenimiento

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