Imitándose a sí mismo / El otro lado

Imitándose a sí mismo / El otro lado

Caracol se repite: concursos sin innovación e historias con el mismo sonsonete. Pero así le va bien.

Ómar Rincón, Crítico de televisión

Ómar Rincón, Crítico de televisión.

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Andrea Moreno / Archivo EL TIEMPO

05 de junio 2017 , 12:00 a.m.

Llegó ‘Desafío súper humanos’ y, si no fuera porque hubo cambio de bellas, todo sería igual al de siempre. Llegó ‘Los Morales’, lo que se hereda se canta y está igualita a todas las novelas del Caribe musical.

‘Desafío súper humanos’. La innovación es Catalina en cambio de Margarita. Ambas son muy bellas, muy profesionales y muy buenas presentadoras.

Los concursos siguen igualitos. Los melodramas son los de siempre: envidias, mala leche, lágrimas. Las cámaras, en lo mismo de mostrar: tetas, culos, bíceps, lágrimas y caras del sufrir. Los participantes, bien de músculos y bajitos de habla y argumentos.

‘Desafío...’ es un concurso siempre igual, más de 10 años imitándose a sí mismo.

Y en eso está el placer de verlo: no reta al televidente ni de cabeza ni de mirada ni de goces. Le cumple con lo mismo, como el sancocho de la mamá que siempre es igual. Y tal vez eso es lo que gusta. Y está bien, cada perro con su hueso.

Molesta que en este concurso se exploten los peores males colombianos: el clasismo, el regionalismo y el ganar a las que sea y como sea.

El programa es una celebración sádica de las clases sociales basada en dinero y bienestar, ya que destierra que en lo popular hay sabiduría que no pasa por la plata, y desconoce que los cerebros y las ideas sirven para algo.

Celebra la mala onda, la mala leche y el ganar por ganar y lo adoba con orgullos y venganzas regionales. Una celebración de lo peor del ser colombiano.

‘Los Morales, lo que se hereda se canta’. Otra vez la misma historia del desparpajo Caribe. Hombres machistas, mujeriegos, gocetas y parranderos. Mujeres bellas que se enamoran como tontas de estos chistositos y cantores.

Es la misma historia, llámese Rafael Ricardo, Diomedes Díaz o Kaleth Morales. ‘Los Morales, lo que se hereda se canta’ como bionovela es más de lo mismo. Nada nuevo en estética, actuación o historia. Más de lo mismo y con la fórmula de vallenato, humor y vidas superadas a punta de sacrificio, suerte y talento.

Y gusta. Gusta porque es pura gozadera, ya que la vida no hay que tomarla en serio sino con humor, en parrandas y cantando vallenato.

Gusta porque expresa el sueño del macho colombiano: mujeres bellas que se atontan por estar enamoradas y aceptan los maltratos y las manipulaciones masculinas como parte de la raza hombres.

Gusta porque refleja ese Caribe que nos libera de esas solemnidades cachacas y esas morales estorbosas de lo paisa.

‘Los Morales, lo que se hereda se canta’ es la otra colombianidad. No la clasista, regionalista y a las que sea del ‘Desafío’, sino la otra.

Esa que cree que somos gocetas de la vida, que el humor nos salva el alma, que nacimos cantando y que saldremos adelante por cuenta de talentos naturales como cantar, jugar o bailar.

Caracol cada vez da más de lo mismo: concursos sin innovación e historias con el mismo sonsonete. Pero así le va bien. Y es que tal vez el televidente popular no quiere otros cuentos. Triunfa la estética de la imitación.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión

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