Sociedades en crisis / Opinión

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Mauricio Laurens analiza las cintas 'Hell or High Water' y 'Hedi'.

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05 de febrero 2017 , 01:48 a.m.

‘Hell or High Water’ –en su versión original–, también conocida como ‘Comanchería’, filmada en Nuevo México y Texas, ostenta cuatro nominaciones al Óscar: mejor película, guion original, edición y rol secundario para el veterano Jeff Bridges. Un ‘western’ contemporáneo que pone en escena el bandidismo de dos hermanos cómplices, quienes deciden asaltar a mano armada pequeños bancos esparcidos en el oeste, para efectos de cubrir el fideicomiso de un polvoriento rancho a favor de sus hijos y sobrinos.

Una película de ambiente rural, honesta y sin mayores pretensiones, deja entrever el descontento actual atravesado por sus tradicionales pobladores de raíces republicanas y conservadoras: caída del precio del petróleo y los biocombustibles, crisis económicas en sus negocios, desempleo, pérdidas consecutivas de sus valores inmobiliarios, tasas de usura aplicadas por el sector bancario, y racismo creciente hacia mexicanos de origen y etnias indígenas.

Al comienzo de su acción, la cámara se detiene sobre una valla que dice: “Tres incursiones en Irak y nosotros no recibimos nada”. Las atmósferas descritas, más allá del abandono social y sus implicaciones políticas, nos conducen hacia la trama clásica de pistoleros itinerantes que adolecen de bajos principios morales y establecen una complicidad frente al mal que sobrepasa sus respectivos lazos familiares –un padre divorciado sin mayores perspectivas y un expresidiario desprovisto de escrúpulos–.

El director David Mackenzie, escocés, abandona los esquemas propios de Hollywood para describirnos asuntos escamosos de innegable trascendencia. Expone, también, aquel espíritu guerrero de los nativos comanches y despliega afirmaciones calumniosas por parte del viejo alguacil de cómo estos delincuentes son excepcionalmente blancos y no se drogan.

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‘Hedi’, melodrama familiar tunecino del novel director Mohamed Ben Attia, fue premiado en la Berlinale como ópera prima, al igual que recibiera el Oso de Plata para el creíble protagonista Majd Mastoura. Además de su exótica procedencia, posee la virtud de abordar las rigideces morales de una clase media alta de prácticas musulmanas frente al rebusque cotidiano y una creciente occidentalización en convivencia con sus tradiciones ancestrales.

Hedi (nombre del protagonista), un aburrido investigador ambulante de mercados para carros usados, no se siente a gusto en su actividad profesional y tampoco se somete a contraer matrimonio con una señorita de mayor estatus social… Aunque sus imágenes pecan de fondos desenfocados y oscuridades nocturnas, el mostrar estereotipados ambientes vacacionales europeos le concede riqueza descriptiva a su representación narrativa.

MAURICIO LAURENS
Especial para EL TIEMPOmaulaurens@yahoo.es

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