El país que da de todo / Opinión

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En Colombia se promociona la cantidad, pero no se habla de calidades e innovaciones en el cine.

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21 de agosto 2016 , 12:29 a.m.

Cincuenta y cinco largometrajes estrenados en los dos últimos años se proyectan gratuitamente en casi 200 municipios de la totalidad de departamentos para un total de 1.800 funciones –por iniciativa de Proimágenes Colombia y Mincultura–. Lo anterior evidencia la crisis económica sobrellevada por una industria nacional cuya mayoría de estrenos pasa inadvertida y no cuenta con la aceptación del público frente a una taquilla desbordada en donde el último ‘blockbuster’ animado, o de acción y chatarra, supera en un fin de semana las recaudaciones del primer semestre en curso.

Se promociona la cantidad, pero no se habla de calidades e innovaciones, con datos aterradores al revisar las cifras oficiales suministradas por los exhibidores. Aun quienes vivimos pendientes de sus relativos logros y fracasos no hemos visto o querido ver la mitad de tales engendros. Una experiencia personal: 25 de estas cintas las desconozco, diez de ellas no sé dónde se mostraron (‘El callejón’, ‘Demental’ o ‘Vivo en el limbo’), nueve las rechacé de antemano (títulos infames como ‘Güelcome to Colombia’ y ‘Por un puñado de pelos’), cuatro no me llamaron la atención (‘Reggae Chicken’ o ‘Estrella quiero ser’) y de otras 2 nunca me acuerdo.

Al calificar de 1 a 5, encuentro los siguientes resultados: 10 con más de cuatro, 6 apenas rozan el tres y 16 se rajaron. Mejor no citar algunas de estas últimas para no herir susceptibilidades. ¿Qué está pasando? Se hacen películas por montones que pretenden cazar espectadores, un cuello de botella donde no hay suficientes campañas promocionales ni estrategias de comercialización. Recomiendo ver o revisar las piezas mencionadas a continuación, sobre las cuales he comentado previamente en este espacio periodístico y/o en emisiones culturales de la HJUT: cuatro documentales encabezados por el exhaustivo reportaje sobre el Grupo de Cali (‘Todo comenzó por el fin’), la reconstrucción de un crimen de Estado desde una óptica familiar (‘Carta a una sombra’), la lucha costeña por la restitución de quienes fueron despojados (‘Un asunto de tierras’) y los desgarradores testimonios de una víctima del Bronx (‘Infierno o paraíso’).

Ocho dramas diversos que reflejan aspectos oscuros de nuestra incuestionable realidad: la intolerancia familiar e infantil en ‘Gente de bien’, las penurias atravesadas por ‘Ella’, el ambiente descompuesto de ‘Las tetas de mi madre’, el exorcismo corporal de ‘Siembra’, ‘Alias María’ (guerrilla), ‘Jardín de amapolas’ (droga), ‘Manos sucias’ (bandidismo) y... ‘Siempreviva’ (holocausto). Cuatro comedias que van más allá de la caricatura, el remedo de acentos y el chiste fácil: las barranquilleras ‘El faro’ (en el Morro del Rodadero) y ‘Ruido rosa’ (vejez y soledad), la provinciana ‘El soborno del cielo’ y la recreación de un desasosiego pretendidamente cubano ‘Todos se van’.

MAURICIO LAURENS
Especial para EL TIEMPOmaulaurens@yahoo.es

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