Lo simple de Caracol / El otro lado

Lo simple de Caracol / El otro lado

El canal sigue la costumbre y con eso le basta. ‘A otro nivel’ y ‘Tarde lo conocí’ lo demuestran.

Ómar Rincón, Crítico de televisión

Ómar Rincón, Crítico de televisión.

Foto:

Andrea Moreno / Archivo EL TIEMPO

08 de octubre 2017 , 11:00 p.m.

Caracol gana sin crear. Sigue la costumbre. Y con eso le basta. ‘A otro nivel’ y ‘Tarde lo conocí’ lo demuestran otra vez.

'A otro nivel' reconoce tres asuntos muy colombianos: todos podemos o creemos cantar, todos queremos triunfar más que por talento por buenaondismo y somos muy melodrama.

Así, cada participante viene con su dolor a cuestas y llega con su familia como su apoyo, el melodrama es inmenso, tanto que en cada derrota uno quiere llorar y en cada triunfo del participante, sonreír.

El cantar es poner el cuerpo a la vida con sentimiento. Y esta es la tierra donde sentimiento diluye razones e ideas. No sabemos hablar pero sí cantar.

Y de verdad es que los participantes cantan mejor que lo que conversan. Sus frases son de lugar común, pero el sentimiento gana al desafine y la falta de rigor para el talento.

En esto los concursos musicales y de baile se parecen: una historia sincera de dolor y esperanza detrás de cada participante, la familia como animador moral y algo de talento.

La diferencia siempre está en los jurados y presentadores. Y tal vez esto es lo mejor que tiene este concurso. Paulina Vega es maravillosa, pareciese que no tocara la tierra, se mueve como un ángel que impregna todo de ternura y hermosura: se viste, habla, sonríe y actúa como una diosa.

Y en los jurados está el encanto y desparpajo de Silvestre Dangond: se le ve gozando, se le siente verdadero; el tono de maestro de la humildad que asume Fonseca y que le sirve para seducir televidentes; y el feo pero que se supone sabe de Kike Santander. La fórmula funciona y bien.

‘Tarde lo conocí’ es la otra fórmula de éxito: una ‘bio-pic’, una historia verdadera de triunfo contra el destino encarnada por un ídolo popular (cantante, deportista o narco).

Este formato significa la reinvención de la telenovela (ya que aunque tiene el amor como eje, este no significa la vida), con una historia verdadera (basada en la contundencia de los dolores, luchas y deseos de la vida real, generalmente una historia que conocemos) y el éxito como final (ganaron al destino y se convirtieron en ídolos populares).

Y todo adobado con comedia (el reír es nuestra manera de contarnos), música (donde mejor somos) y Caribe (la sabrosura).

‘Tarde la conocí’ reconoce esa potencia que hay en la mujer caribeña: verraca, seductora, divertida, desparpajada y cantadora.
Y en este caso la protagonista es fascinante porque es muy bonita y actúa con una naturalidad envidiable.

Lo Caribe nos localiza en un territorio conocido. Por eso, que sea un melodrama divertido nos luce sincero y que los hombres sean mal actuados y buenos para nada y las mujeres todas sublimes es lo más normal.

‘Tarde lo conocí’, además, se adoba con humor y música vallenata; y ahí sí, todos, somos colombianos.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión

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