Llega una criatura fantástica / Opinión

Llega una criatura fantástica / Opinión

El realizador mexicano Guillermo del Toro presenta su más reciente película ‘La forma del agua’.

Guillermo del Toro, director de 'La forma del agua'

Guillermo del Toro con su León de Oro por la cinta 'La forma del agua', durante el Festival de Cine de Venecia.

Foto:

Claudio Onorati / EFE

07 de enero 2018 , 12:40 a.m.

En diez días los cinéfilos colombianos estaremos atraídos e inquietos por un monstruo anfibio y mutante, originario de las selvas suramericanas, que posee cuerpo atlético y piel fosilizada de reptil bajo una armadura estilo medieval recubierta de garfios.

Atrapada en una pileta de laboratorio y maltratada por sus guardianes, la ‘cosa’ agrede por instinto animal excepto a una aseadora muda llamada Elisa Espósito, quien se siente fascinada por tal criatura hasta ofrecerle aquella delicia que devora con ansiedad: huevos cocinados. Objeto de prevención científica, en los pasados años 60, podría transmitir virus desconocidos y males indeseables… Su virtuosismo narrativo, con el sello atribuido al realizador mexicano Guillermo del Toro, alcanza las dimensiones de una fábula romántica levemente terrorífica. Ostenta signos evidentes de tragicomedia orquestada, de principio a fin, por el prolífico y muy cotizado compositor parisiense Alexandre Desplat. Precedida su fama por el León dorado del Festival de Venecia, cuenta con siete candidaturas a los Globos de Oro y encabeza el favoritismo de los críticos norteamericanos al Óscar.

Además de fantasear en el mundo insospechado de los deseos palpables de comunicación afectiva, que traspasa las barreras de lo natural, esta original ficción calificada de pieza maestra demuestra cómo puede recrearse una fantasía en el marco de lo cotidiano y lograr ambientar una época libertaria con referentes nostálgicos del cine clásico y la televisión en blanco y negro.

Se impone una atmósfera realista de galpones húmedos y pasadizos siniestros propios de un descuidado laboratorio bélico. Presenta a dos personajes comunes capaces de desconcertar al público: aseadoras provistas de baldes, detergentes y traperos, quienes transportan sobre ruedas sus herramientas de trabajo –notables Octavia Spencer y la comediante británica Sally Hawkins–.

Antecedentes de una mitología relativamente moderna saltan a la vista: el hechizo enamoradizo de ‘La bella y la bestia’ (aunque la primera se sale del prototipo de princesa atractiva), el original King Kong con el gorila antediluviano cuyo furor cede ante la esbeltez de una muchacha neoyorquina, el primer Frankenstein puesto en escena por James Whale con aquella niña que no le teme al engendro de laboratorio y le regala flores silvestres, e incluso, el célebre animado Shrek cuando la fea siente admiración por un... burro.

Del Toro reconfirma su divertida vocación de género expuesta primero por la misteriosa ‘Cronos’ y la no menos turbadora presencia sobrenatural de ‘El espinazo del diablo’, justamente laureado desde el otro lado del Atlántico gracias a las crudezas emanadas del régimen franquista (‘El laberinto del fauno’), y convertido en leyenda de Hollywood por las secuelas del monstruoso ‘Hellboy’.

MAURICIO LAURENS
maulaurens@yahoo.es

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