La pareja que le presentó el tango al mundo

La pareja que le presentó el tango al mundo

Historia de los bailarines de tango Juan Copes y María Rego, retratada por el cineasta Germán Kral.

Juan Copes y María Rego

Juan Copes y María Nieves Rego bailaron juntos por más de tres décadas.

Foto:

Cortesía Wide House

20 de marzo 2017 , 01:46 a.m.

Si hoy el tango es un baile con proyección internacional, es, en gran medida, gracias a dos octogenarios argentinos. Si hoy el tango ha salido de los arrabales bonaerenses para convertirse en símbolo de sensualidad y reserva de sofisticación en películas como ‘Perfume de mujer’ (Martin Brest, 1992), es mérito de Juan Carlos Copes y María Nieves Rego. La pareja más icónica del tango pasó medio siglo mirándose a los ojos y trenzando sus dedos y sus piernas al ritmo del bandoneón. A sus respectivos 84 y 81 años siguen practicando, pero ya no lo hacen juntos.

Su tumultuoso viaje personal y profesional ha sido recogido en un documental filmado por el cineasta argentino Germán Kral y producido por Wim Wenders. Su título: ‘Our last tango’.

María Nieves y Juan Carlos se conocieron cuando tenían 14 y 17 años de edad. Ella creció en un ambiente humilde y tuvo una infancia difícil. Como el dinero escaseaba, no tenía juguetes, así que, como relata en el filme, improvisaba y se hacía sus muñecas con retales de tela con los que vestía botellas vacías de gaseosa. Cuando su padre falleció comenzó a trabajar limpiando casas en La Boca, a la corta edad de 11 años. A las milongas empezó a acudir de niña con su hermana, pero al principio solo se le permitía mirar. Dio sus primeros pasos de baile dubitativa, no sabía ni siquiera que el tango era cosa de dos. “Agarraba una escoba y me subía a caballito”, detalla en el documental. Después vendrían el cara a cara y los tropezones, porque:

No había otra manera de aprender que no fuera pisando pies

(Además: Un viaje histórico por la melancolía del tango)

En aquel entonces la juventud frecuentaba clubes hoy ya cerrados, como Estrella de Maldonado, donde María Nieves cruzó miradas con Copes por primera vez, y el Club Atlanta, un templo del tango que a finales de los años 40 y principios de los 50 llegó a reunir a miles de parejas al aire libre.

“Yo me había enamorado de él –confiesa la bailarina durante el metraje–. Iba a bailar porque el tango era la alegría de los pobres, pero el baile no me importaba mucho en sí, sino la persona”.

Es curioso que lo que empezó como una mera afición se convirtió en la razón de su existencia.

Con el tiempo, ella fue tomando confianza y adquiriendo destreza. “Ella era ligera y yo, lento”, describe Juan Carlos, quien afirma que en María Nieves encontró a su ‘Stradivarius’.

El bailarín y coreógrafo también procedía de una familia modesta. Era buen estudiante y, como todos los chicos de la época, estaba interesado en el fútbol y en los motores, pero al visitar una milonga, en la adolescencia, quedó rendido ante el magnetismo del baile.

En el amor y en el odio


Tras su conjunción en la vida, en el amor y en el baile, el tándem se erigió en un fenómeno global que revolucionó el baile del pueblo, al punto de que con los años se convertirían en una suerte de embajadores mundiales del ritmo. En 1951 ganaron el concurso nacional de tango, y pocos años después iniciaron una gira por toda Latinoamérica y actuaron junto al famoso compositor Astor Piazzolla.

Fueron los primeros en sacar el baile argentino de los clubes de Buenos Aires y subirlo a las tablas de los teatros del mundo, Nueva York incluido. Actuaron en el mítico programa ‘The Ed Sullivan Show’, por el que pasaron luminarias de la música como los Beatles y los Rolling Stones. Y durante el cumpleaños de Ronald Reagan bailaron en la Casa Blanca como parte de la celebración.

“El auge como baile fue entre 1935 y 1950. A partir de entonces, entra el rock en escena y el tango empieza a morir como danza popular, y los cantores empiezan a tener una predominancia mucho mayor –explicó Germán Kral durante el encuentro con EL TIEMPO, en Toronto–. Fue Copes el que tuvo la idea de hacer coreografías y contar historias a través del baile. Fueron ellos quienes lo llevaron adelante a partir de mediados de los 50, quienes lo resucitaron de la decaída escena de las milongas y lo encumbraron en tango ‘shows’ ”.

Pero no todo fueron alegrías. Durante sus cinco décadas de unión se amaron y se odiaron, afrontaron dolorosas separaciones para regresar de nuevo a su pasión por la danza. Llegaron, incluso, a contraer matrimonio en Las Vegas, en 1965. Pero Juan se marchó justo inmediatamente después a un ‘tour’ mundial, dejando atrás a María, quien se quedó en Buenos Aires. “Ella pensaba que yo le pertenecía, pero era ella la que me pertenecía –llega a reconocer Copes en un arranque machista durante el documental–. Siempre la respeté en el sentido humano, pero tuve mis debilidades”. Las infidelidades fueron numerosas y las lágrimas, abundantes.

Parecía que ese querer tormentoso daba alas a la creatividad de sus coreografías. Lo que vivían era un triángulo amoroso, cuyo tercer vértice era el baile. “Su relación era tan fuerte y explosiva que los hacía crear cosas que ningún otro pudo, por la energía en carne viva y por su amor por el tango, que era mayor que el que se tenían como pareja”, concluye el director de la película.

Finalmente, Juan se casó con una mujer dos décadas más joven, Miriam, con la que fue padre de dos hijos. María Nieves nunca fue madre por razones profesionales. “Mi sueño no era ser una artista, sino forma una familia; y salió todo al revés”, sentencia Rego, la leyenda del tango.

Su relación era tan fuerte y explosiva que los hacía crear cosas que ningún otro pudo, por la energía en carne viva y por su amor por el tango, que era mayor que el que se tenían como pareja

Éxito en París

En 1983, el director de ‘music hall’ argentino Claudio Segovia llevó el musical de Broadway ‘Tango argentino’ a París. Y más adelante, a todas las esquinas del mundo. El montaje fue un éxito clamoroso durante 20 años y supuso el renacer del género.

“Me contó Claudio que la noche del estreno general en Buenos Aires, un amigo le dijo: ‘¿Y con estos gordos y viejos te vas a ir a París?¿Quién los va a querer ver?’. Llegaron a la capital francesa y el público se volvió loco. La gente se peleaba para entrar al teatro, estaban todas las funciones completas”, se entusiasma Kral.

Juan y María Nieves eran, por supuesto, la pareja más rutilante del espectáculo. Pero entre ellos la situación había llegado a un punto de no retorno. La tensión era tal que bailaban pero no se dirigían la palabra. Se hablaban mal entre dientes, pero no discutían para no desconcentrarse. Hasta que en 1997, Juan prescindió de su veterana pareja de baile.

El proceso de la filmación de la película les ha removido viejos dolores y viejas algarabías, y el director logró al fin su reencuentro. “Ha sido una tarea titánica. Me llevó tres años con el corazón en la garganta”, compartía Kral durante la presentación en el pasado Festival Internacional de Cine de Toronto.

El ‘beat’ de los 40

Tras la ruptura total, María Nieves se retiró y se deprimió, hasta que consiguió un papel en el musical ‘Tanguera’, en el 2000. Este regreso supuso su reconexión con el tango y la aclamación del público, que a fecha de hoy la sigue adorando.

Y ahora, este tributo. En ‘Our Last Tango’, el que fue un dúo relata su historia a un grupo de jóvenes bailarines y coreógrafos de tango de Buenos Aires, que se encargan de transformar los dramáticos y gloriosos momentos de Copes y Rego en piezas de exhibición.

La película cuenta con las jóvenes figuras de este baile en la actualidad y con la música de la reputada orquesta Sexteto Mayor. Entre los tangueros que recrean las escenas del pasado destaca Pablo Verón, en el papel de Juan Carlos. El artista es un bailarín muy conocido que protagonizó ‘The Tango Lesson’ (Sally Potter, 1998).

“El tango está hoy muy presente en Buenos Aires. Se baila mucho y hay afición entre gente de 18, 19 y 20 años –se alegra Kral–. Lo que se baila hoy es el sonido de los 40. Si escuchas las orquestas del periodo, los estribillos son muy cortos y el ‘beat’, impresionante; parecen orquestas de rock”.

Juan y María bailaron esos ritmos. Y todavía hoy lo siguen haciendo. Él sale a bailar cada noche en los más renombrados espectáculos de la capital argentina. En el 2001 publicó su autobiografía, ‘¿Quién me quita lo bailado?’, en la cual su autor, Mariano del Mazo, lo describe como “el muchacho que llevaba en su agenda la contabilidad de sus levantes; el pibe que sufrió los desamores de sus viejos; el patadura que conquistó las pistas con paciencia y con pasión; el amante de Nélida Roca; el bravucón que defendió a las piñas (a los puños) su parada en el Club Atlanta; el padre de una hija que no siente propia; el ‘latin lover’ de la alta sociedad neoyorquina de los años 60; el coreógrafo porfiado; el hombre de mundo que se codeó con Gene Kelly y con Piazzolla, con Ronald Reagan y Aníbal Troilo; el bailarín del siglo”.

María Nieves, por su parte, todavía da clases y participa como jurado en certámenes. De vez en cuando también baila, y en esas prodigiosas ocasiones siempre es recibida con ovaciones cerradas de la audiencia en pie.

Ambos, Juan Carlos y María Nieves, continúan hoy enamorados, pero del tango, solo del tango.

BEGOÑA DONAT
Para EL TIEMPO
Toronto

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