La narcoficción / El otro lado

La narcoficción / El otro lado

Lo narco es un formato narrativo de la TV que ha logrado juntar lo colombiano con lo mexicano.

Ómar Rincón, Crítico de televisión

Ómar Rincón, Crítico de televisión.

Foto:

César Sánchez Carreño

22 de julio 2018 , 11:25 p.m.

La conquista colombiana de México y el USA latino viene por los lados de la gestión y creación televisiva. Televisa y Univisión eran los reinos del entretenimiento a la mexicana, pero ahora quienes dirigen y producen noticias y telenovelas son colombianos.

Esto, sin embargo, no significa que estos poderosos se hayan ‘colombianizado’, sino que nos hemos ‘agringado’. Un ejemplo, La piloto.

Esta es la novela del horario narco de Caracol. Una producción México-Colombia-USA, escrita por el colombiano Jörg Hiller, producida por el colombiano Patricio Wills y la colombiana Camila Misas, dirigida por otro colombiano, y en el papel de la villana la colombiana María Fernanda Yepes… La conquista de México.

La historia cuenta que Yolanda, una chica que sueña con ser piloto, termina volando avionetas utilizadas para trasportar drogas en México, Colombia y Centroamérica, y se enamora del hombre equivocado… y todo condimentado con mucha bala, mucho sexo, mucho delito, muchas chicas hermosas vestidas para desnudar, mucha seducción de azafatas de avión, mucha maldad de narco, mucho exceso.

Su éxito está en que refleja la ética de nuestras sociedades.

Esta es una producción más ‘mex-USA’ que colombiana, más del narco en clave norteña que paisa.

Por ejemplo, hay mucha acción: persecuciones, tiroteos, secuestros, policías, DEA, narcos… en cada capítulo hay bala porque sí y porque no: y esto es muy propio de lo gringo.

En Colombia la acción la contamos verbalmente: el patrón manda a matar, luego le informan por el noticiero que el trabajito se hizo.

También hay mucho sexo: viven semidesnudos o en la cama, los hombres son superpotentes que pueden tener sexo todo el día, a las chicas les gusta usar su cuerpo como arma letal y de engaño, todo se resuelve con sexo.

En Colombia, el sexo lo contamos más que vivirlo: el patrón compra chicas para lucir y cuidar, casi nunca se acuesta con ellas, solo las exhibe ante sus amigos y enemigos; la mujer es otra propiedad por cuidar.

Los narcos mexicanos son muy bonitos, casi siempre hipster de barba semicuidada, con actitud de galán de la colonia Roma, aroma de Miami y mirada neoyorquina; se visten de negro y cuero, y solo viven para delinquir y sexuar. En Colombia los narcos son feos, barrigones, de mal gusto, mal hablados, groseros y familiares y buenos amiguetes; su ideal es México y no Miami.

En lo que sí son iguales las narco-novelas colombianas y las ‘mexi-USA’ son en la ética de narco. Y es que esta parece ser la ética del mundo capitalistas actual: todo por el billete, nada por la sociedad; la ley y los afectos se compran; el matoneo y la amenaza es la ley del capital. El Estado no existe. El enemigo es alguien a quien hay que matar. La DEA es el enemigo más poderoso, el político y policía local son los mejores amigos.

Lo narco es un formato narrativo de la televisión de ficción que ha logrado juntar lo colombiano con lo mexicano y con lo Miami. Su éxito está en que refleja la ética de nuestras sociedades.

Ómar Rincón
Crítico de televisión
orincon61@hotmail.com

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