'La ley del corazón', la última serie de la libretista Mónica Agudelo

'La ley del corazón', la última serie de la libretista Mónica Agudelo

La reconocida escritora falleció en el 2012. La obra fue terminada por su hermano, Felipe Agudelo.

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De izquierda a derecha: Sebastián Martínez, Laura Londoño, Luciano D'Alessandro, Iván López, Mabel Moreno y Rodrigo Candamil, algunos de los protagonistas.

Foto:

Archivo particular

28 de noviembre 2016 , 12:59 a.m.

Era imposible decirle no a un personaje de ‘La ley del corazón’, así fuera grande, mediano o pequeño. Por eso, desde los protagonistas hasta los casi 400 actores que participaron en la producción aceptaron estar ahí, con mucho gusto.

Finalmente, iban a hacer parte del universo maravilloso de una de las mejores libretistas de la televisión colombiana, Mónica Agudelo Tenorio, fallecida en el 2012 y cuya última creación, que terminó su hermano Felipe, se verá desde este lunes a las 9 p. m. por RCN.

Cuenta la historia de un grupo de abogados que trabajan en un bufete. Son 13 los protagonistas, muy al estilo de Mónica Agudelo (‘Hombres’, ‘Brujeres’, ‘La hija del mariachi’, ‘Amor sincero’, ‘La madre’, ‘La costeña y el cachaco’, ‘Señora Isabel’, ‘Sangre de lobos’ y ‘La maldición del paraíso’, entre otras).

Son ocho hombres y cinco mujeres los que marcan esta historia que, cuenta Felipe Agudelo, “es su trabajo de la madurez. El universo de los abogados nos había interesado desde niños, por razones familiares y porque fuimos televidentes de esas series. Y ella se dio cuenta de que a pesar de lo exitosas que son estas producciones en otras partes, en Colombia no se habían intentado”, dice.

Los nombres de los actores principales van desde los reconocidos Carlos Benjumea y Judy Henríquez (su protagonista de ‘Señora Isabel’) hasta Yesenia Valencia, Rodrigo Candamil, Manuel Sarmiento, Mario Ruiz, Sebastián Martínez y Mabel Moreno, entre otros.

“Pienso que están los mejores de todas las generaciones. El ‘casting’ fue laborioso. Se necesitaba contar con un gran elenco protagónico, dado que es un bufete con más de diez personajes, que no solo llevan sus casos sino que viven su vida en tiempos en que el amor es inseguro y cuestionado – dice Felipe–. Se llegó a una nómina maravillosa e integrada por talentos sin mucha figuración como protagonistas”.

Y agrega que tal como ocurrió con ‘Hombres’, “hubo una especie de corte generacional”, pues en ese momento Margarita Rosa de Francisco, Alejandra Borrero, Ernesto Benjumea, Nicolás Montero y Luis Fernando Hoyos, algunos de sus protagonistas, jóvenes en 1997, su año de producción, se mezclaron con figuras trascendentales en la televisión como Gloria Gómez y Gustavo Angarita.

Los casos de derechos de familia y penal son los que se ven en ‘La ley del corazón’. “Consideramos que sus historias son las de mayor interés emocional y narrativo y empezamos a recopilar las que nos contaron diferentes abogados o que conocíamos”, comenta.

“Eso sí, aclaro que la serie es totalmente de ficción y no tiene pretensión documental. La realidad nos sirve para darle veracidad. Si bien la mayoría de los casos son tomados de la realidad, están transformados por la imaginación y las exigencias dramatúrgicas de la televisión”, explica.

Pero, como siempre en todo lo que hizo Mónica Agudelo, puso personajes llenos de sentimientos, dudas, contradicciones, fuerzas “que se mueven de la equidad entre hombres y mujeres a los cambios a nivel familiar, que a todos nos atañen”, continúa Felipe.

Además, con su humor negro, porque, como dice Fernando Gaitán, el mejor amigo de Mónica Agudelo, “a pesar de la tragedia y el drama del derecho, está en su visión particular para enfrentar los casos, siempre con sorpresa y con sus maravillosos diálogos”.

Felipe, que trabajó en el cierre de ‘La ley del corazón’ con Ricardo Sarmiento y Natalia Santa, dice que, por supuesto, “Mónica me hizo falta todo el tiempo. A pesar de que trabajamos juntos y tuvimos una estrecha relación, ella siempre tenía la primera y la última palabra en sus historias”.

Por eso, “cada vez que me senté frente al computador intenté pensar solo en ella, en cómo lo habría hecho, en cómo lo habría resuelto y en cómo lo habría dicho. Extrañamente, nunca tuve problemas con la historia, esta fluyó fácilmente, sin trabas. Yo a veces sentía como si me la estuviera dictando. Para mí fue como entregar una carta de amor y gratitud de 4.500 páginas”, termina.

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