La fórmula costeña de Caracol / El otro lado

La fórmula costeña de Caracol / El otro lado

El canal estrenó ‘La Cacica’, una novela para dignificar el desparpajo político de Consuelo Araújo.

Ómar Rincón, Crítico de televisión

Ómar Rincón, Crítico de televisión.

Foto:

César Sánchez Carreño

13 de noviembre 2017 , 10:30 p.m.

De los mismos de 'Sinú' o los modos políticos del amor costeño; ‘Polvo carnavalero’, o cómo se enseña a divertir a los cachacos; ‘Los Morales’, apología de la dinastía de Kaleth; ‘Tarde lo conocí’, heroísmo de Patricia Teherán… llega ‘La Cacica’ para dignificar el desparpajo político de Consuelo Araújo.

Una fórmula y una marca Caracol. Mal no. Certeza industrial en tono narrativo que gusta al televidente colombiano.Una de las marcas y fórmulas del Canal Caracol es la telenovela costeña con ídolos del pueblo caribe y en tono vallenato.

Ahora viene con ‘La Cacica’, una señora que hizo grande a la farándula y la política del vallenato. Otra bio-novela con aceptación asegurada.

El vallenato es cultura porque es la música nacional de Colombia. Y a doña Consuelo Araújo se le debe que este ritmo haya seducido a los políticos cachacos.

‘La Cacica’ fue quien vendió el vallenato como folclor al cachacazo Alfonso López Michelsen. Así, el vallenato entró por la clase alta bogotana. Su mayor obra fue la creación del Festival de la Leyenda Vallenata. Y la ‘Cacica’ por el vallenato fue ministra de Cultura y por vivir en Colombia fue secuestrada y asesinada por los bárbaros de las Farc.

El sabor y la emoción lo ponen los cantores y acordeoneros que han hecho de este ritmo simple un ejemplo estereotipado de nacionalismo mestizo: acordeón europeo, caja afro y guacharaca indígena.

El vallenato se ha convertido en el fetiche orgulloso de nuestro hermoso y prejuicioso mestizaje. Historia de héroes como Francisco el Hombre, Luis Pitre, Santander Martínez, Bolañito, Emiliano, Leandro Díaz, Escalona, García Márquez…

“Este es el amor, amor, el amor que me divierte”, se canta, y uno se hace colombiano. Un relato idílico de lo nacional y fórmula segura de ‘rating’.


‘La Cacica’ como historia televisiva tiene ese aura de la nostalgia entrañable que nos han vendido como el alma Caribe:
siempre contando historias, cantando porque, si no, ajá, imaginación desbordada, mujeres bellas, hombres bien machos y mucho ‘güisqui’.

Esa nostalgia de ese espíritu caribe se cuenta como retrato de una época en la que aparece otra vez el infaltable Escalona y sus modos de seducir con sus rimas.

Lo mejor, lo más extraño, pero más seductor, es que aparezca nuestro ‘pop-star’ mayor, el hombre que creó Macondo, don Gabriel García Márquez.

‘La Cacica’ es una bionovela sabrosa y fácil de ver.
Como siempre, bien narrada por las mujeres que personifican esa seducción costeña. Como siempre, los hombres son como niños grandes y bien machos. Como siempre, el amor y la música son la sal del Caribe.

Lo nuevo está en que se muestre cómo la política está presente en todas nuestras epopeyas y desgracias.

Y lo mejor, ese acto un poco incómodo e impúdico de atreverse a poner a García Márquez, nuestro dios literario, en pantalla.

‘La Cacica’ va a las 10 p. m. y no a las 9, como la fórmula… porque habla de política y eso es para cuando uno se está durmiendo.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión
orincon61@hotmail.com

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