‘Tenemos un líder que es un matoneador’: creador de '13 Reasons Why'

‘Tenemos un líder que es un matoneador’: creador de '13 Reasons Why'

Así opina Brian Yorkey sobre Trump. También habla de la segunda temporada de la exitosa serie. 

Serie 13 Reasons Why

La historia muestra el acoso escolar en una preparatoria de EE. UU.

Foto:

Cortesía Netflix

14 de octubre 2017 , 10:04 p.m.

Son las 6 de la mañana y está solo en el set de grabación. Le gusta ser el primero en llegar. El primer autor del siglo XXI en ganar un Pulitzer con una obra musical. El creador de la serie del año, récord histórico de audiencia a nivel planetario. Aún no amanece en el norte de California. Queda una semana para que comience a grabarse la nueva temporada de ‘13 Reasons Why’, pero Brian Yorkey ya está ahí. Camina por las cáscaras del decorado de una escuela secundaria. Las paredes son de cartón; las aulas, de corcho; los alumnos, actores; pero la polémica, verdadera.

Se dirige con amabilidad a su interlocutor, como si esperase la llamada de un amigo. No responde preguntas. Conversa. La palabra que emerge más veces en este diálogo es empatía y la pone en práctica con coherencia. Se mantiene alejado de las redes sociales y hasta hace algunas horas no había instalado WhatsApp en su celular. Nada lo distrae de su meta: retratar con madurez la galaxia adolescente. En la interacción artesanal –y en las cintas analógicas de casetes– está la clave de un creador que también hizo desbordar de público salas de teatros. Un hombre casi normal, de perfil bajo que les habla en voz alta a varias generaciones. Todas ellas lo quieren en su equipo y no para que las arengue de modo bobo, cual porrista popular, sino para que las desenmascare y les quite el pelo de la cara cuando tengan ganas de vomitar.

Egresado de la Universidad de Columbia, Yorkey dejó su amada Nueva York, al menos durante este año, para mudarse a la Costa Oeste. Fue convocado no solo por su don para escribir guiones de la talla de ‘Casi normales’ –su exitoso musical rock– sino por su capacidad de liderazgo y de conformar equipos. Es el ‘showrunner’ –neologismo de esa tarea que agrupa el rol de productor, adaptador y guionista, e incluso, en algunos casos, de director– de ‘13 Reasons Why’ (Netflix), una serie hacia la cual nadie permaneció indiferente. Basada en la novela de Jay Asher, la historia comienza con el suicidio de Hanna Baker (interpretada por Katherine Langford), una adolescente víctima de matoneo. Antes de morir, la joven graba en 13 cintas los motivos por los cuales decidió acabar con su vida. La narradora de su propia tragedia elige a un grupo de destinatarios especiales: los culpables, en diverso grado, de su decisión. Algunos padres y pedagogos acusaron a la serie de incitar al suicidio y de tener escenas muy explícitas de violencia. Nada de esto ocurría con otras series de temática adolescente, al menos en sus primeras temporadas, como ‘Beverly Hills 90210’ (‘Clase de Beverly Hills’) o ‘Dawson’s Creek’, donde los villanos de la secundaria apenas tenían escenas. Los adultos de ‘13 Reasons Why’ quedan perplejos ante el destino de Hanna, una Werner suburbana y posmoderna, menos contemplativa y más valiente que el bucólico alemán. Y, quizá, como un guiño lejano a Emma Bovary, destrozada por el desprecio y el odio masculino, Hanna conoce los rincones de una farmacia y las armas que allí se esconden.

La mamá de la diva pop Selena Gómez leyó ‘13 Reasons Why’ cuando fue publicada, en el 2007, y le regaló el libro a su hija, quien desde entonces intentó encontrar un espacio en su carrera para interpretar a Hanna Baker.
Sus responsabilidades como solista y sus problemas de salud fueron postergando el sueño y Gómez decidió que el proyecto debía hacerse igual, de inmediato, incluso aunque eso significase resignar al rol protagónico. La cantante debutó como productora y pensó en Yorkey de inmediato, el vértice más elevado de un triángulo que completó Tom McCarthy (ganador del Óscar por ‘Spotlight’), quien dirigió los primeros episodios.

¿Le impacta la repercusión de ‘13 Reasons Why’?

No estoy ‘shockeado’. Aunque creo que todos estamos muy sorprendidos por el número de personas que han respondido al programa; el libro había sido muy popular en muchos países y había tocado muchas vidas. Sabíamos que si lo adaptábamos de modo correcto, habría una audiencia que respondería bien, aunque no sabíamos cuánta. Esa es la verdad. Queríamos hacer una serie que se viese en los hogares, es decir, que tuviese un público adulto y también joven, para que así se generase un debate.

¿Fue víctima de matoneo?

No, y tampoco era el chico que hacía matoneo. Era muchas veces quien se paraba y levantaba la voz cuando veía algo que no estaba bien. Cuando terminé de leer la novela por primera vez, cerré sus tapas y antes que pensar en la historia de Hanna, pasaron por mi cabeza los casos que había conocido en la escuela, en las víctimas de esa violencia. Me dio mucha tristeza.

¿Qué lo hizo sentir tristeza?

Las veces que no me expresé con la suficiente fuerza, que me quedé callado. A menudo vemos esos casos y no hacemos nada.

En la historia, los personajes de los adultos parecen torpes, necios o faltos de habilidades para contener a los adolescentes...

Ojalá se abra un debate serio con la serie. Escuché a muchos adultos decir que les impacta la serie por el modo como se los retrata; sin embargo, nunca escucho eso de los jóvenes, quienes sí se ven representados y consideran que muchos adultos son como los de la historia. Esto habla de lo que ocurre en las escuelas de todas partes, en la vida real.

De todos modos, no nos interesaba que fuese una historia con rigor científico, pero sí que fuese una historia verdadera

¿Qué les pasa a los matoneadores cuando terminan la escuela?

¡Uf! No lo sé. Me encantaría decir que siguen siendo los mismos mediocres. Pero hay algo de nuestra cultura que los hace triunfar, como en la política, aunque no siempre. Los chicos copian todo lo que ven. Por eso, si ponemos modelos de matoneadores en nuestra cultura, en los negocios y en la política, que no nos sorprenda que haya matoneadores en las escuelas.

Hubo repercusiones adversas con la serie que sostienen que se muestra el suicidio de modo indulgente. Algunos padres se quejaron de esta perspectiva.

La serie trata temas de modo muy gráfico y eso les preocupa. Lo respeto, pero no hay alternativa para contar una historia de estas características. Creímos que nuestra responsabilidad era ser lo más honestos y verdaderos posibles, aunque fuese brutal. La gente cree a menudo que su verdad es más verdadera que la de los demás.

El último capítulo terminó fiel a la trama que narraba el final de la novela. ¿Participará el autor de la novela? ¿Cómo será la próxima temporada?


Jay Asher va a participar como productor y también escribirá algunos episodios. Va a responder algunas preguntas que quedaron abiertas de la primera temporada. Creemos que tenemos la necesidad de continuar transmitiendo un mensaje de empatía y de lo importante que es cuidarnos los unos a los otros, porque cuando eso ocurre, las cosas cambian de modo verdadero en el mundo. Vamos a mostrar sectores y miembros de la comunidad y de su escuela. La idea es señalar que somos capaces, entre tanta oscuridad, de crear alegría. Si en la primera temporada había mucha oscuridad, en esta habrá mucha luz.

Si en la primera temporada había mucha oscuridad, en esta habrá mucha luz

La otra heroína

La palabra ‘luz’ reverbera en el tono amable de Yorkey. No es un sustantivo lanzado al azar, una metáfora trillada. Hay detrás de esta apuesta luminosa una convicción, incluso un himno. ‘Casi normales’, que cuenta con su libro y letras, y música de Tom Kitt, se presenta de modo intermitente en Argentina desde 2012.

‘Casi normales’ es una obra vertiginosa, donde prima el rock en sus partituras, cuyo primer giro brusco ocurre en el primer acto. Lejos de las heroínas de Marvel, el espectador acompaña a Diana, un ama de casa, madre de dos hijos, por los laberintos de su cabeza, mientras lucha por calmar su bipolaridad y acercarse al mundo de los normales, las mentes convencionales de aquellos que no precisan de fármacos, que viven anclados en el presente. Desde ‘Casi normales’, los realizadores de musicales quieren trabajar con él. Fue Sting quien convocó a Yorkey para que escribiera junto con el dramaturgo John Logan el libro del musical ‘Last Ship’, inspirado en la niñez del músico en Newcastle.

Mencionaba recién la palabra luz, que es precisamente a lo que se alude en ‘Casi normales’. ¿Existe un nexo entre las dos heroínas que tanto conoce, Diana y Hanna?

Uy, acabo de caer en la cuenta de que Diana y Hanna riman. En ambas historias hay personas que atraviesan un gran dolor. Hay mucha gente que está luchando y mostrar estos personajes frágiles, con depresión o aislados, creo que colabora con aquellos que están en situaciones similares para que sepan que no son los únicos. Muchas veces, cuando estamos tristes, pensamos que nadie nos comprende, pero al mostrarlo en ficción, en la pantalla o en el escenario, nos sentimos representados, y así, menos tristes.

¿Cómo abordó la trama psiquiátrica de la obra teatral?

Leí mucho, desde psicología pura hasta libros más científicos. Hablamos mucho con expertos en la materia que seguían de cerca el proceso de la creación. De todos modos, no nos interesaba que fuese una historia con rigor científico, pero sí que fuese verdadera.

La gente tiene luchas privadas y si pudiéramos hallar la empatía para los demás, el mundo sería mejor

¿Podrían los personajes adolescentes de ‘Casi normales’ ser amigos de Hanna Baker?

¡Ja! Me encantaría. Creo que sí, se parecen en varias cosas, porque tienen un mismo espíritu. Son chicos demasiado inteligentes y también cínicos, que sienten muy profundo aquello que les sucede. Y cuando tienes esta personalidad en el colegio, es probable que te sientas solo y sufras dolor.

‘Casi normales’ parece ser una historia sin nacionalidad, en la ciudad o el país donde se presenta el público la adopta como si fuese un espejo de su sociedad.

No lo sé, es muy extraño. Cuando la escribimos con Tom, nos parecía que era una historia muy estadounidense, sobre gente blanca, sobre cosas de nuestra sociedad. A mí me encanta la fuerza de las versiones en español, hay algo que hace que en ese idioma lo que escribí parezca más inteligente, incluso que en inglés. Es algo en el acento. Era muy escéptico con la posibilidad de que saliera de estas fronteras, pero vi lo que pasó en Noruega y en la Argentina con las respectivas adaptaciones. Hay personas de esos países que te señalan dónde viven esos personajes, en qué barrio, a qué colegio van los chicos. Es el modo de entender el dolor de sobrellevar el duelo lo que la hace, quizá, universal.

Tanto en ‘13 Reasons Why’ como en ‘Casi normales’ los adolescentes son marginados, no encajan en su mundo. ¿Cómo se puede disminuir el matoneo? ¿Puede erradicarse?

Es un problema que plantea un desafío, porque está en la naturaleza humana. Hoy bien lo vemos en los Estados Unidos. Tenemos un líder que es un ‘bully’ (matoneador), y eso a muchos nos avergüenza y también nos atemoriza que este hombre nos represente. Creo que se podría reducir bastante con empatía. Esa es la idea central de Jay Asher en el libro: todo afecta a todo. Nuestras acciones tienen consecuencias en los demás. La gente tiene luchas privadas y si pudiéramos hallar la empatía para los demás, el mundo sería mejor.

LAURA VENTURA
LA NACIÓN (Argentina) - GDA

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