Asghar Farhadi: el cineasta artesano de los dramas domésticos

Asghar Farhadi: el cineasta artesano de los dramas domésticos

El director retrata en 'El cliente' la reacción de una pareja tras hecho de violencia en su hogar.

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Los actores Shahab Hosseini y Taraneh Alidoosti interpretan a Emad y Rana, la pareja protagonista del filme 'El cliente'.

Foto:

Cineplex

04 de enero 2017 , 11:16 p.m.

Asghar Farhadi tiene la tremenda habilidad de convertir un conflicto doméstico en una gran tragedia cinematográfica; de la misma forma que pone a los personajes de sus historias, personas del común, en situaciones que no saben cómo manejar.

Los personajes de El cliente fueron creados de forma que el espectador siente que Rana y Emad son una pareja común, con características propias. Ambos están sumergidos en el mundo de la academia y de la actuación; pero se enfrentan a una situación crítica que revela aspectos inesperados de sus personalidades”.

Farhadi responde un cuestionario para EL TIEMPO en los espacios que le deja el rodaje del que será su siguiente proyecto. Por ahora, se estrena en Colombia El cliente (como se conocerá The Salesman), su más reciente película, preseleccionada por la Academia de Hollywood entre los nueve títulos de los que saldrán los nominados al Óscar a mejor cinta extranjera.

Con 44 años de edad, la reputación en la gran pantalla de este director y guionista iraní como artesano de relatos sencillos de gran profundidad se ha construido a través de una filmografía que incluye A propósito de Elly (2009), la premiada Una separación (2011) –que ganó el Óscar en 2012–, El pasado (2013) y, ahora, El cliente.

Comparado frecuentemente con realizadores iraníes como Jafar Panahi (Taxi Teherán), Bahman Ghobadi (Las tortugas también vuelan) o Majid Majidi (Los niños del cielo), Farhadi dio detalles de su nueva película.

¿Cómo intuye el potencial dramático del que será su próximo filme?

Tomo notas a partir de historias sencillas de las que he sabido en el pasado o que han estado en mi cabeza por largo tiempo. Cuando la oportunidad de rodar un filme en Irán se da, empiezo a recoger esos apuntes que he estado tomando por años. Además de eso, me encanta hacer películas que tengan el esquema del teatro. Hice teatro cuando era joven y significó mucho para mí. El cliente es un relato que encaja en las tablas; de hecho, empecé a desarrollar los diálogos y personajes como si fuera un montaje teatral.

¿Sigue un proceso regular con sus actores?

Varía en cada película. Con El cliente supe quiénes iban a ser protagonistas desde que escribí el argumento. En general, hay una o dos partes del guion en las que sé con qué actores trabajaré. Eso me ayuda un montón para ahondar en el universo del filme y en el set es más cómodo también porque podemos retroalimentarnos.

En la cinta, Emad está furioso por lo que le sucedió a su esposa (alguien entró a su casa y la golpeó). Pero no sabe cómo reaccionar...

Cuando ya tengo al actor, le pido que se encargue de construir el pasado de su personaje. Algunas veces lo discutimos, y otras, ellos tienen la libertad de hacer cambios en el guion. Lo único que les pido es que sus propuestas no afecten la esencia de sus roles.

Recuerdo que en una conversación que tuve con la actriz Taraneh Alidoosti (Rana), me consultó por la familia de su personaje. Le dije que en la historia que tenía en mente, los allegados de la chica vivían en una ciudad diferente, más pequeña. Ella me contestó: ‘Al saber esto, debo ir en una dirección diferente, pues Rana es una chica de provincia’.

Entre líneas, hay una crítica a la situación de la mujer en Irán: el silencio ante el maltrato por evitar un escándalo social...

En Irán creces con la idea de ser prudente, de que tanto el cuerpo como la familia son privados. Desde que eres un niño aprendes esa dicotomía entre hombre y mujer, que allá es muy marcada. Así que esos temas no se abordan para no caer en el irrespeto. Adicionalmente, hay un problema respecto al juicio colectivo, la forma como los demás te ven.

Usted es de los realizadores más representativos de su país. ¿Lo siente como una pesada responsabilidad?

No lo veo como una presión, sino como una oportunidad. Reconozco que ninguna película podría retratar a una sociedad entera, somos más de 70 millones de personas con una variedad enorme de creencias y de formas de vida. Cada filme es el retrato de un segmento, al mismo tiempo que está contado desde un punto de vista particular, lo cual lo delimita más. Intento que eso no me condicione y más bien aprovecho esa oportunidad como una ventana para mostrar mi país.

SOFÍA GÓMEZ G.
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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