‘El marginal’ se escapa de los barrotes de su propia cárcel

‘El marginal’ se escapa de los barrotes de su propia cárcel

La serie argentina decidió asumir el reto de contar una historia ambientada en una prisión.

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11 de febrero 2018 , 01:05 a.m.

‘El marginal’ es una serie de televisión argentina que decidió asumir el reto de contar una historia ambientada en una cárcel y no quedar encerrada en los ‘barrotes predecibles’ de este ya conocido subgénero, que siempre encuentra un lugar para renovarse en el cine o la pequeña pantalla.

Y se lo considera un subgénero, pues desde hace mucho tiempo el ambiente presidiario ha servido para hablar de una naturaleza humana marcada por trazos grises (nadie es bueno y nadie es del todo malo), armar dramas de redención y hasta conseguir aventuras de supervivencia no exentas de brutalidad o dolor.

Mucho se ha rodado acerca del tema, es cierto, pero el planteamiento que revela ‘El marginal’ (emitida por Universal Channel de lunes a viernes, a las 9 p. m.) no se sale de esos rumbos narrativos, pero toma unas cuantas curvas para darle un tono fresco y muy verosímil: tanto que ya ha sido criticada en su país ante la posibilidad de que represente una apología del delito.

Sin embargo, esa discusión no parece tener una base sólida, frente a una serie que tiene lo suyo para llamar la atención. Miguel Palacios es un expolicía que se infiltra en un presidio para seguir la investigación del secuestro de una joven, mientras trata de que no se sepa nada de su pasado en ese peligroso espacio.

Es cierto que uno podría compararla o encontrar conexiones con la trama de la producción brasilera ‘Uno contra todos’, en la cual un hombre es confundido con un peligroso capo en una penitenciaría; pero el alma de ‘El marginal’ es más corrosiva.

Es su dosis de suspenso lo que enriquece los conflictos cotidianos dentro del centro de reclusión. Todo parece estar en equilibrio: la violencia, la lucha de poderes y los rastros de corrupción que bordean las paredes de ese reclusorio y por fuera de él.

Hay un tratamiento especial en el ritmo que también cumple con la tarea de sacar la historia del universo claustrofóbico, aunque son esas cuatro paredes las que edifican el verdadero protagonismo de la producción.

El espectador olvida el encierro y se centra en los personajes, construidos a partir de diálogos muy bien pensados para las dinámicas sociales que se van gestando conforme pasan los episodios. Eso funciona también porque los actores consiguen convencer de su rol dentro de este pequeño universo de supervivencia. Habría que sumar aquí la participación del actor colombiano Daniel Pacheco, quien interpreta en la serie a James: el custodio de la secuestrada.

Pacheco aporta una actuación orgánica y fuerte que ya se ganó un espacio para la segunda temporada de la serie, que pronto se vería también en Colombia.

ANDRÉS HOYOS VARGAS
En Twitter: @AndresHoy1

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