'La muerte de un viajante', un drama moral iraní / Opinión

'La muerte de un viajante', un drama moral iraní / Opinión

Esta película asiática abordar situaciones penosas, o contradictorias, de su difícil cotidianidad.

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Los actores Shahab Hosseini (izquierda) y Taraneh Alidoosti protagonizan esta historia, dirigida por Asghar Farhadi.

Foto:

Archivo particular

07 de enero 2017 , 10:43 p.m.

Su estreno llega precedido por masivas nominaciones al Globo de Oro, el Óscar y los círculos norteamericanos de críticos, así como importantes reconocimientos anteriores al guion y la actuación masculina en Cannes 2016. Se trata del más reciente triunfo de una vital y no pocas veces perseguida cinematografía asiática que abandona su mirada sencilla y popular para abordar situaciones penosas, o contradictorias, de su difícil cotidianidad.

Un prólogo magistral, entre bambalinas, acompaña los créditos del montaje escénico y ensayo teatral en Teherán de ‘La muerte de un viajante’, del dramaturgo estadounidense Arthur Miller –alusivo a la ilusoria y cruda realidad de un agente viajero y su confundida familia–. Enseguida se abre una contundente crítica social, además de política y sexual, con la evacuación por terremoto de un viejo apartamento afectado por grietas y descuidos administrativos.

Gracias a la conducción de dos magníficos artistas profesionales, uno de ellos profesor de arte dramático, asistimos al desarrollo de complejas relaciones humanas e interpersonales acentuado por un incidente hogareño en donde el viejo cliente de una prostituta irrumpe equivocadamente en la nueva residencia del respetable matrimonio de actores conformado por Emad y Rana Etesami.

Del melodrama familiar y evidentemente conyugal al ‘thriller’ de trasfondo moral con el planteamiento de ciertas intrigas individuales, o encuestas personales, que nos aportan el esclarecimiento de las debilidades humanas surgidas en torno a ellos: deseo de la mujer del prójimo, sospechas de infidelidad, venganza irracional del autojusticiero y redención de los pecados cometidos por terceros. Como quien dice… aplicar un castigo más cruel que la misma falta a la moral pública.

El ambiente urbano descrito es el de un colapso emocional cuando alterna golpizas y retenciones del anciano infiel –un protagonista secundario–, quien comete frecuentes adulterios y ve casualmente desnuda a una mujer casada… Los registros actorales prevén tensiones sicológicas capaces de afectar la concentración en el escenario y generar remordimientos de conciencia con resultados inesperados.

Director y guionista: Asghar Farhadi, egresado de la escuela de Arte Dramático de la Universidad de Teherán y maestro en Dirección Escénica. Con ‘La separación de Nader y Simín’, su quinto largometraje, se llevó por vez primera el Óscar a la República Islámica de Irán y expuso preocupaciones esenciales por obra y gracia de un sensible proceso de divorcio, donde la mujer lleva las de perder si no cuenta con la autorización del marido. Entonces puede hablarse de autor, puesto que Farhadi analiza una emergente clase media expuesta en el transcurrir citadino a situaciones complicadas.

MAURICIO LAURENS
Especial para EL TIEMPOmaulaurens@yahoo.es

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