La esclavitud moderna presentada en una obra de teatro

La esclavitud moderna presentada en una obra de teatro

El Festival de Manizales presenta 'Los malditos', que habla de temas como la inmigración.

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El argentino Quique Fernández, la española Soraya del Rosario, el uruguayo Gustavo Saffores y Emilio Buale, de Guinea Ecuatorial, son los protagonistas de la obra 'Los malditos'.

Foto:

Archivo particular

06 de septiembre 2016 , 02:36 p.m.

Abrumado por el cielo amenazante y sin horizontes y transitando un desierto que se ha convertido una especie de inmenso cementerio lleno de anónimos, el pequeño Suleimán toma la difícil decisión de seguir adelante en su camino y dejar atrás a su gran amigo, Musa, quien acaba de caer víctima de una bala.

Ambos, cansados de la miseria y buscando el bienestar de su familia, decidieron huir de su país, Malí, y embarcarse en una tortuosa travesía de más de 6.000 kilómetros hacia Europa. Es un viaje inclemente en el que además de soportar los abusos de esos traficantes que acomodan personas como si fueran material de construcción tienen que atravesar el inhóspito desierto del Sahara.

El pequeño niño de doce años es el protagonista de 'Me llamo Suleimán', el libro y obra de teatro del escritor español Antonio Lozano, en el que el autor le daba rostro a esa gran drama de la inmigración.

“Hemos ido desde lo pequeño a la generalidad, lo que hicimos fue darle nombre a un niño y a ese viaje, todas las vicisitudes que se encontraba para poder llegar al primer mundo”, cuenta Mario Vega, el director de la adaptación teatral, quien volvió a formar dupla con Lozano para contar, este vez a grandes trazos y con una especie de brocha gorda, más detalles sobre la llamada esclavitud moderna.

Con el grupo Una Hora Menos, Lozano y Vega presentarán en Manizales la obra 'Los malditos', en la que el escritor utiliza de nuevo su pluma para adentrarse en los grandes movimientos humanos del mundo contemporáneo.

Esta vez no solo será la inmigración, asegura Lozano, sino también los rechazados internos, los refugiados de guerra, el tráfico de órganos, la trata de personas y la esclavitud infantil.

Aquí se plantea desde el sentido contrario, no desde lo individual de Suleimán sino desde el gran drama universal y los grandes movimientos migratorios forzados que se producen en el mundo, ya sea en Siria, Colombia o en África, que por necesidad, por hambre, por guerra, o por lo que sea, se ven forzados a desplazarse de manera involuntaria”, dice Vega.

Enmarcada en una trama de novela negra, la obra se enfoca en el asesinato de una joven senegalesa que había sido forzada a prostituirse. “Es un caso brutal de maltrato de mujeres... Digamos que se puede deducir por la trama que nos encontramos en el archipiélago Canario, aunque en ningún momento se habla de una ciudad, porque es un fenómeno que se da en diferentes lugares del planeta”, asegura Lozano.

Para el director, haber enmarcado la historia en ese género de suspenso ayuda a equilibrar todo el peso que tiene la temática del espectáculo. “Genera una mezcla muy curiosa que te permite disfrutar de un asunto tan duro que de otra manera sería hasta complicado de digerir”, dice.

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Todos los hilos del relato se van desenredando gracias a la investigación de Armado, un periodista uruguayo, que llegó a tierras canarias junto a sus padres, quienes también estaban huyendo de un conflicto social, la dictadura de su país. En uno de sus viajes de trabajo en el Congo, Armando conoció a Dieudonné, a quien ayudó a escapar de la guerra civil que estaba desangrando a su país.

Lozano, quien nació en Marruecos, ha lanzado varias publicaciones en las que ahonda en las revueltas sociales del continente africano.

Así lo hizo en 'El caso Sankara', novela en la que retrata a Thomas Sankara, quien fue presidente de Burkina Faso y era considerado el ‘Che Guevara’ africano, pero finalmente fue asesinado en un golpe de estado.

La pobreza de África es provocada por los países más poderosos del planeta, porque es un continente que tiene grandes recursos económicos y naturales que son estratégicos para la industria universal. Las grandes multinacionales no dudan en obtenerlo de la manera en que sea, dejando a los pobres africanos sin esos recursos y obligándolos por lo tanto a la pobreza o condenándolos a la inmigración”, expone Lozano.

El personaje de Dieudonné tiene entonces una gran resonancia social, porque viene de esa república en la que, según Lozano, está cerca del 80 por ciento de la existencia del coltán, un mineral fundamental para poder fabricar móviles o para la industria armamentística y aeronáutica.

“Para obtenerlo al precio que desean los países industrializados han provocado la guerra que más muertos ha generado en el mundo desde la Segunda Guerra mundial europea”, añade el autor.

Pero Lozano enfatiza en que estos fenómenos que afectan a cientos de miles de personas rara vez salen a la luz pública, están muy cerca de nosotros pero no los vemos, y para conocerlos él tuvo que “bucear” entre las investigaciones que realizan ONGs y agencias de la ONU. Por eso, uno de las apuestas de esta pieza teatral es exponer estos flagelos.

“Rara vez indagamos sobre cuáles son las razones que los producen –reflexiona el escritor–, lo mismo ocurre con el tráfico de órganos, que es otro de los grandes dramas que se aborda en esta obra. Los que entregan sus órganos son gente que viene de países pobrísimos, que se encuentran en una situación de extrema, los que los compran ilegalmente son países ricos, que no están interesados en que se conozca este vil negocio internacional”.

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Cuando vive en España, Dieudonné se enamora de Fatiha, una antigua prostituta que descubre que su mejor amiga ha sido asesinada.

La historia avanza y todas las coincidencias entre los personajes se van cercando, por lo que van apareciendo las duras tragedias personales que generan esos conflictos de los que habla Lozano.

Cuenta Vega que si bien todo el equipo artístico se sentía consciente de la esclavitud contemporánea y de la trata de personas, verlo compilado de la manera en que lo hizo Lozano fue un verdadero “mazazo”.

“Entendimos que son cosas que siguen estando ahí y de las cuales directa o indirectamente somos partícipes a través de nuestros gobiernos y de las cosas que compramos y demás. Encontrarnos con esta realidad en la cara es algo que hace el hecho teatral sea más atractivo”.

El equipo no se quedó en una adaptación literal del texto sino que creó una puesta en escena llena de recursos teatrales y una banda sonora compuesta por José Brito e inspirada en la 'Séptima Sinfonía' de Beethoven.

Como elemento escenográfico central está una gran red que va trasladando el relato del apartamento de Armando a los territorios africanos y de vuelta a las playas españolas.

Además, se utilizan diversas proyecciones, un recurso que Una Hora Menos ya había usado en Me llamo Suleimán para dibujar el contexto de la agotadora travesía y que aquí ilustran los dramas detrás de las estadísticas de estas catástrofes mundiales.

Y hasta hay marionetas, que aparecen en momentos en los que se cuentan situaciones atroces, como el maltrato a uno de los personajes femeninos.

“Esas herramientas van más en sugerir que en mostrar –argumenta Vega–... Aprovechamos los recursos pero sin explotarlos, sí bien es verdad que usamos un detalle de marionetas en un momento determinado no ahondamos en el género sino que lo apuntamos como pinceladas, como un color más que nos permite ver determinados momentos que son excesivamente dramáticos”.

'Los malditos' es el resultado de una coproducción entre seis festivales que hacen parte de la Red Eurolatinoamericana de Artes Escénicas.

Es por eso que su elenco está conformado por actores de diferentes países: el uruguayo Gustavo Saffores, que ya ha mostrado sus matices actorales en Manizales con sus colaboraciones con el dramaturgo Gabriel Calderón; Emilio Buale, de Guinea Ecuatorial; la española Soraya del Rosario y el argentino Quique Fernández.

El elenco entonces es un aporte más a esa idea de globalidad que mueve la obra. “Todos vienen de escuelas y de líneas de trabajo totalmente diferentes –cuenta el director–... Teníamos esa duda de cómo iba a funcionar artísticamente el grupo, pero después lo que se genera en escena es una coralidad de acentos, de colores, que le da un sentido muy interesante, muy plástico”.

La idea, recuerda Vega, nació en el Festival de Manizales del año pasado luego de la presentación de 'Me llamo Suleimán'.

El director del encuentro, Octavio Arbeláez, ya había definido que la presente edición tendría como eje temático el posconflicto y entonces se empezó a discutir la posibilidad de crear un montaje con estas características.

El resultado es una coproducción que además de sus presentaciones en España realizará una gira por ciudades de Latinoamérica.

“Creo que nos equivocamos en las producciones artísticas cuando trabajamos solo desde un lado, todos cada vez más debemos ser partícipes del hecho teatral... Hacer partícipe al máximo número de gente en la gestación del proceso nos permite crear un producto más cercano a los intereses propios del programador o del público y por otro lado se enriquece, mientras más voces más posibilidades tiene”.

Funciones

Los malditos se presentará el 6 y el 7 de septiembre en el Teatro Los Fundadores. Informes de boletería: www.festivaldemanizales.com.

YHONATAN LOAIZA GRISALES
CULTURA Y ENTRETENIMIENTOEn Twitter: @YhoLoaiza

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