Matrioshkas, el arte de ‘reproducir’ la belleza

Matrioshkas, el arte de ‘reproducir’ la belleza

La muñeca de madera que guarda otras en su interior es el recuerdo más popular de Rusia.

Matrioshkas

Los personajes del momento, como Donald Trumpo, Vladimir Putin y Ángela Merkel, enriquecen la oferta de las tradicionales matrioshkas, que represen- tan a las campesinas rusas.

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Roman Pilipey / EFE

02 de junio 2017 , 05:08 p.m.

Esa recia campesina cubierta con un colorido y florido pañuelo, hecha de madera ahuecada, trae una sorpresa, y otra, y otra más en su interior: réplicas de ella cada vez más pequeñas. Las matrioshkas son las representantes universales de Rusia, así como la torre Eiffel, de Francia, y la estatua de la Libertad, de Nueva York.

Su característica forma ahuevada no ha cambiado durante más de un siglo y simboliza la idea de maternidad, fertilidad, la familia grande y unida, el nacimiento de las hijas... y hasta de las nietas, porque abrir una matrioshka madre equivale a ir descubriendo la poética alma rusa mientras se llega a la más pequeña.

Un paseo por cualquiera de los mercadillos o las calles más turísticas de Moscú revela, sin lugar a dudas, que este es el objeto más buscado por los visitantes.
Filas de matrioshkas de distintos tamaños, colores y temáticas inundan las estanterías con sus muñecas en formación casi militar. Algunas ya abiertas, muestran las criaturas que acoge la mayor, otras cerradas para que sea el comprador quien descubra el secreto.

A pesar de su enorme popularidad, es poco conocido el origen de estas muñecas. La idea más extendida es que esta figura tan rusa procede en realidad de Japón, de donde a finales del siglo XIX trajo los primeros ejemplares un mecenas ruso. Y hay quienes sostienen que la idea de pintar estas muñecas de madera vino de la tradición religiosa de decorar huevos en Pascua.

Lo que está claro es que las primeras matrioshkas rusas fueron creadas en los albores del siglo XX por Serguéi Maliutin, tornero de madera, y que el pintor artesano Vasili Zviózdochkin las decoró según la ropa tradicional que se vestía en los pueblos.

En aquellos tiempos, el nombre Matriona era uno de los más populares para las niñas rusas, de ahí que el juguete se llamara desde entonces matrioshka.

En 1900, esa primera matrioshka rusa fue presentada en la Exposición Internacional de París, donde ganó una medalla de bronce por su originalidad.

Su propia revolución

A partir de los años 30 del pasado siglo, el Estado soviético tomó las riendas de la producción y surgieron fábricas en distintas ciudades rusas.

En la época de la URSS, había matrioshkas rusas, ucranianas, bielorrusas y de otras nacionalidades. La conquista del espacio generó toda una serie de muñecas cosmonautas, con cascos y escafandras, aunque predominaban las tradicionales con flores rojas y verdes y otras a imitación de los pañuelos típicos rusos.

Durante la perestroika, el proceso de apertura propiciado hace 30 años por Mijail Gorbachov, surgieron las primeras matrioshkas políticas, que representaban a los líderes soviéticos, comenzando por el ideólogo Marx, y siguiendo por Lenin, Stalin, Jrushev, Gorbachov y Yeltsin.

Con el tiempo, el abanico de políticos se ha ido ampliando y adecuándose a la realidad. Putin y Trump son ahora algunos de los personajes más populares, y aún no ha desaparecido el anterior inquilino de la Casa Blanca, Barack Obama.

Ángela Merkel, el rey Juan Carlos I de España, Hugo Chávez, Fidel Castro, la reina Isabel de Inglaterra o François Hollande son otros de los líderes mundiales que decoran estas muñecas.Ellos conviven con futbolistas famosos, personajes de Walt Disney, Spiderman o los Simpson, que también se suman a la oferta de estos souvenirs.

Dos lugares para comprarlas

En la capital rusa, uno de los lugares turísticos con más oferta de matrioshkas es la céntrica calle Arbat, una arteria peatonal repleta de tiendas de recuerdos, cafés y cadenas de restaurantes.

Más en las afueras, en el nordeste de Moscú, el antaño bucólico mercadillo de Ismáilovo, hoy convertido en un mercado de pulgas ordenado y muy turístico, ofrece una ingente variedad en puestos al aire libre, a diferencia de las vitrinas de Arbat, y a precios algo más bajos.

EFE

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