Los rostros múltiples de Dicken Castro, un 'talento excepcional'

Los rostros múltiples de Dicken Castro, un 'talento excepcional'

El arquitecto y decano de los diseñadores gráficos en Colombia falleció a los 94 años.

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Castro fue un creativo por excelencia. A su muerte deja una obra en diseño que trascendió varias generaciones.

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Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO

22 de noviembre 2016 , 08:28 a.m.

“Un ser humano hermoso, eso era Dicken Castro...” fue lo primero que dijo la crítica de arte Ana María Escallón, cuando se enteró de su muerte, ocurrida el lunes en Bogotá, a los 94 años.

Luego de un prolongado silencio, la historiadora del arte recordó que en agosto pasado había visto por última vez a este maestro antioqueño de la arquitectura y el diseño gráfico.

Oriundo de Medellín (nació en 1922), Castro estudió arquitectura en la Universidad Nacional e hizo un posgrado en la Universidad de Oregon, en Estados Unidos, entre otras actividades que lo llevaron a convertirse en un referente del diseño gráfico en el país, gracias a la creación de logotipos y símbolos como el de la caja de compensación familiar Colsubsidio, el de la moneda de 200 pesos y el del XXXIX Congreso Eucarístico, celebrado en Bogotá, entre muchos otros de gran trascendencia.

La Asociación de Diseñadores Gráficos de Colombia le preguntó en una oportunidad sobre este último, y él explicó que fue el más difícil de concluir. Y agregó: “Tal vez el proyecto que más gocé fue el del Congreso Eucarístico, durante el cual ocurrió la primera visita del Papa (entonces Pablo VI) a Colombia. Yo tuve el privilegio de hacer un símbolo para este evento. Eso fue en 1968”.

Harry Child, directivo de Interdesign, también recuerda que Castro fue su decano en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de los Andes. Sin embargo –reitera–, “tenía un talento excepcional como diseñador gráfico, pero, sobre todo, una facilidad para hacer amigos y ver la vida de la manera más bella y transparente”.

Así lo confirmó su hijo Jerónimo, presidente de Colfuturo: “Su vida estuvo llena de alegría, con una capacidad de ver lo bello en lo más simple. Vivió su vida a plenitud, estuvo siempre rodeado de gente que lo quiso y lo admiró, y fue un excelente ser humano y un bello papá”.

De su matrimonio con Lía Jaramillo también son hijos Cristóbal, artista y herrero; Rosalía, comunicadora social; Pedro, comunicador y desarrollador de software, y el arquitecto Lorenzo Castro. A ellos se suman diez nietos.

Gran nadador

Iván Cortés, director de la revista Proyectodiseño, también recordó que Dicken Castro fue un nadador consumado. En un texto de esta publicación especializada que compartió con EL TIEMPO, explica que “en su juventud participó en importantes campeonatos, y hasta pasados los 80 años seguía haciendo sus piscinas diarias en el Club de Los Lagartos, donde, precisamente, realizó algunos diseños arquitectónicos”.

Además, era un creador nato, gracias a su gran capacidad de observación, que conjugaba con su amor por lo autóctono (desde lo precolombino hasta sus investigaciones sobre la arquitectura popular, como la que hizo sobre la guadua o sobre la gráfica de las chivas).

Otra anécdota que evoca Cortés, a través de Proyectodiseño, tiene que ver con un afiche que acompañó el quehacer diario en la oficina del maestro. Este destacaba, en una tipografía tradicional de las chivas, con la frase ‘aquí me quedo’. Sin duda, una premonición de su legado, que recorre avisos de instituciones y empresas en el país que llegó para quedarse.

Este diario también habló con Álvaro Espinosa, quien trabajó durante varios años con Castro.

Según este diseñador gráfico de la Universidad Nacional, “al margen del talento que le permitió trascender con sus creaciones y convertirse en pionero del oficio con la simbología, algo admirable fue la sensibilidad de su arte enfocada en lo cotidiano con la cual –por ejemplo– hizo un estudio sobre los buses, tomando variedad de detalles y volviéndolos de expresión popular”.

Espinosa también recuerda una investigación sobre la cultura Tumaco, realizada entre 1972 y 1973, aproximadamente. “Trabajamos mucho sobre cómo se imprimían los rodillos de esta cultura en las telas y se aplicaron en estampillas, hasta volverlas gráficas y de colección. A esto le sumaron su admiración por las cosas que existían en la naturaleza y, por lo tanto, una gran sensibilidad”, anotó.

Leal y firme

Dos cualidades muy muy importantes, aparte de su legado en el diseño, y quizás lo que lo llevó a ser querido y apreciado aún más, fueron la firmeza y la lealtad con sus amigos.

“Hablé con él hace dos meses y medio, y recordamos muchas anécdotas. Siempre fue muy especial con mi esposa Esperanza y conmigo”, anotó Espinosa, quien le atribuye otra aptitud a Castro: “Un humor especial”.

El aporte a la arquitectura también estuvo representado en su trabajo en los mercados populares (ver recuadro) y de proyectos como el centro de convenciones de Paipa, que realizó con el su colega Alberto Saldarriaga.

Álvaro Espinosa tiene otro recuerdo especial de Dicken Castro. El diseñador se encontraba realizando una investigación sobre formas y figuras, con base en imágenes de los rostros humanos, y Castro accedió a posarle para esa serie de fotografías, en 1979.

La vena de arquitecto de Castro se complementó con la decanatura del programa de Arquitectura de Interiores de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, en Bogotá, entre 1992 y el 2005.

Flavio Romero, presidente de la Sociedad Colombiana de Arquitectos (SCA), lo recuerda como un gran exponente del oficio, no obstante su reconocimiento como diseñador gráfico. Incluso, realizó investigaciones importantes sobre la guadua.

“Fue maestro de maestros, de quien aprendimos mucho”, anotó Romero, quien señaló cómo por su aporte a la profesión (la arquitectura) se tomó la decisión de crear, en el 2004, el Premio Arquitectura de Interiores, que –de hecho– fue identificado como Premio Dicken Castro Duque. Incluso, en 1996 fue el encargado de diseñar el logo de la Bienal Colombiana de Arquitectura, aún vigente.

Docencia y otras obras

Dicken Castro –quien abrió la primera oficina de diseño gráfico en Colombia tras regresar de Europa, a principios de los años 70– también se especializó en Planeamiento Urbano en Róterdam (Holanda), lo que lo llevó a trabajar en la Oficina de Planificación de La Haya. Después regresó a la Universidad Nacional como profesor de las facultades de Bellas Artes y de Arquitectura.

Su actividad docente fue complementándose con exposiciones, entre ellas, en 1957, la de acuarelas en el Museo La Tertulia, de Cali.

Luego llegaron otras, en 1970, en la Biblioteca Luis Ángel Arango, donde mostró algunos de sus diseños bajo el nombre ‘Símbolos’.

En 1976 se consolidó con la exposición ‘Diseñadores precolombinos’, en el Centro Colombo Americano, y un año después, ‘Tres arquitectos y artistas’ –una serie de acuarelas y crayones– lo llevó a la galería de la Sociedad Colombiana de Arquitectos.

Como arquitecto, Castro nos legó proyectos de gran relieve, principalmente en Bogotá, como el teatro y el refugio infantil del Club Los Lagartos (1955), el mercado de Paloquemao (1960), y la plaza de mercado del barrio Restrepo (1967).

A estos se suman, en Ipiales, Nariño, el diseño del centro de exposiciones y bodegas de Alpopular (1976). Igualmente, Castro promovió la creación del gabinete de artes gráficas del Museo Nacional.

GABRIEL E. FLÓREZ G.
ECONOMÍA Y NEGOCIOS

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