Foto: Archivo/Tolima 7 días
Los patrullajes de las tropas de la Sexta Brigada se hacen en todas las carreteras para neutralizar una nueva acción violenta en este corregimiento.
De continuar las acciones violentas en este corregimiento de Rioblanco, muchas familias dejarían la región para salvaguardar sus vidas.
Los tres secuestros momentáneos a los miembros de una misma familia y los dos asesinatos presentados esta semana en Herrera, tienen al borde de la locura a los cinco mil habitantes de este corregimiento de Rioblanco, estratégico para las Farc por ser un corredor que lleva a Planadas y a Florida, en el Valle.
Hubo años de tranquilidad pero hoy pocos duermen. El temor se siente en sus calles y muchos tienen las maletas listas para salir de esta tierra ganadera que con Gaitania (Planadas) y Calarma (Chaparral) figura entre las mejores productoras del café más exquisito del Tolima.
"Hay miedo, todos quisieramos irnos", dice un agricultor que ayer visitó la zona urbana de Herrera y asistió al velorio de Gilberto Lozano y Leydi Arias.
El ganadero, padre de 4 hijos, y la ama de casa, con dos hijos, son las nuevas víctimas de la violencia en esa región.
Los dos murieron el martes en una de las calles principales cuando guerrilleros de las Farc los sacaron de sus casas y los remataron a tiros. Pese a que el doble crimen sucedió a pleno medio día, nadie pudo intervenir para salvarlos.
En Herrera son múltiples las voces de repudio, pero nadie puede hacer nada en una tierra que por años ha tenido encima a las Farc y la delincuencia común.
El miedo crece toda vez que dos días antes de este crimen fueron secuestrados por más de seis horas el comerciante Elibert Rozzo, su hija Eliana, odontóloga del corregimiento, y William González, tío de ésta.
Lograron escapar de las garras de un grupo armado pero en la huida, William recibió cinco tiros de arma de fuego. Hoy se recupera satisfactoriamente.
Por estos y otros hechos, ayer en el velorio de Gilberto Lozano y Leydi Arias niños y adultos se encomendaron al santo patrono San José y le pidieron paz. Nadie quiere revivir decadas pasadas de sangre y dolor.
Pero a sus mentes vienen los ataques de las Farc en los años 1985 y 1995. De esa última vez nadie quisiera acordarse pues las bombas y los crilindros dejaron en el piso el cuartel de la Policía y algunas viviendas.
Fue tan cruel la incursión armada que la estación de Policía fue retirada del pueblo.
"Desde esa fecha quedamos solos porque el gobierno retiró a la Policía, Dios es el único que nos defiende", dice un comerciante.
Tampoco olvidan el asesinato en la vereda La Cristalina, en octubre del año pasado, de Alberto Martínez Barbosa, candidato de Convergencia Ciudadana a la Alcaldía de Rioblanco. Fue muerto por hombres de las Farc.
En Herrera muchos coinciden en afirmar que en ese pueblo que a diario reclama mejores vías, el que tenga las armas es el que manda y que los demás, o los buenos, solo tienen que hacer caso o abandonar sus propiedades para salvaguardar sus vidas.
Presunción que condenaría a Herrera a quedar con unos cuantos de sus habitantes.
Ni la presencia del Ejército ayer en esta región ha podido acabar con el miedo a una nueva incursión de la guerrilla.
"La tropa patrulla, pero eso no es prenda de garantía porque de un momento a otro los soldados se van, y los otros entran", comenta un joven.
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