Mónica, la heroína que por amor dejó las drogas​

Mónica, la heroína que por amor dejó las drogas​

Consumió desde los 11 años, las dejó a los 19 y desde entonces se dedica a ayudar a adictos.

Mónica Ramírez Ramírez

Mónica Ramírez superó la adicción a las drogas a los 19 años. Lleva 11 años totalmente "sobria".

Foto:

Alexis Múnera

13 de agosto 2017 , 08:51 a.m.

Una sonrisa amplia, de dientes muy blancos a pesar de la cantidad y variedad de sustancias alucinógenas que consumió durante su adolescencia, es uno de los rasgos característicos de Mónica Ramírez Ramírez.

Esa sonrisa refleja muchas cosas de ella: Su personalidad, su actitud ante la vida y sus dificultades y, también, su lado frívolo y rebelde. Ese que la dominó durante los años en los que recorría de arriba a abajo las calles de Pereira y consumía toda la droga que se le atravesaba, incluida la heroína. “Llegué hasta la heroína porque de ahí en adelante no había nada más, sino...”, rememoró.

Mónica nació en Medellín, pero vive en la capital de Risaralda desde que era niña. Es hija de migrantes. Su padre, con quien apenas está reconstruyendo la relación padre-hija, se fue para España cuando ella estaba muy pequeña, y su mamá para París, Francia. Su progenitora la dejó al cuidado de sus padres. A su abuela la llamaba así, pero a su abuelo le decía papá porque hasta que este falleció fue su figura paterna e hizo cosas por ella que nadie más habría hecho y que le permitieron, sin darse cuenta en esos momentos, dejar más adelante la calle y las drogas.

“Mi papá (su abuelo), que por el trabajo que tenía debía vestirse muy bien, se metía a La Churria (un barrio con una situación social complicada) para buscarme y llevarme a almorzar a un restaurante en la Terminal de Transporte. Aunque él estaba con corbata y yo mal vestida y muy delgada, a él no le importaba”, recordó.

Sus abuelos, y en especial su abuelo, le brindaron el sentimiento que mueve su vida y la palabra que más pronuncia, amor. Por amor fue que le dijo adiós al consumo de drogas, aunque la otra razón que marcó el antes y el después fue el momento en que estuvo a punto de perder la vida en una riña entre pandillas. Ese día dijo: “¡No más!”.

Cuando decidió dejar para siempre esa vida de excesos y riesgos de todo tipo, como morir o contraer una grave enfermedad, ya habían pasado siete años. Mónica probó la marihuana cuando tenía 11 años y estaba en el colegio. Le gustó, pero quería más y al poco tiempo llegó al bazuco. Le encantó, pero solo fue cuestión de tiempo para hacerse el primer ‘chute’ (inyectarse) de heroína. Le fascinó tanto que se hizo el famoso ‘chute’ en el talón y el ‘balazo’, la inhaló.

“Menos mal que en esa época no existía el ‘Cocodryl’ porque es una droga muy fuerte. A quien la consume, le pone la piel como la de un cocodrilo -de allí su nombre- y comienza a tumbársela. Las personas terminan con sus huesos casi expuestos”, manifestó.

Once años después de haber dejado las drogas y a sus 30 años, Mónica se dedica a tratar de sacar del consumo de estas a todo tipo de personas en el Eje Cafetero, la mayoría jóvenes. En todas y cada una de las niñas que ayuda se ve reflejada, y sus diferentes situaciones le mueven el piso porque recuerda todo lo que vivió en la calle.

Luego de rehabilitarse en Hogares Claret, estudió terapia ocupacional, gracias a un convenio entre esta entidad y una universidad del Valle. Por esta formación trabaja en el hospital San Jorge, donde no solo atiende a personas que llegan con sobredosis de droga y a sus familias, también ayuda a personas con enfermedades terminales.

Calcula que ha ayudado a salir del consumo a unas 50 personas, pero también ha aprendido a convivir con el sentimiento de frustración cuando ellos fracasan en el proceso y se hunden. Los cuestionamientos acerca de si está haciendo las cosas bien llegan cuando uno de ellos muere, algunos porque se suicidan y otros porque los asesinan, como la más reciente, una joven que mataron a puñaladas.

Mónica afirma que Pereira es una de las ciudades, después de las grandes urbes del país, donde el consumo de drogas, en especial de heroína, está desbordado, y lo peor es que drogas como el ‘Cocodryl’, ganan cada día más adeptos.

Sin embargo, cuenta que seguirá en su tarea porque después de todo lo que vivió, Dios la puso en lo que está haciendo por algo. “Con amor todo se puede”, dijo y soltó su gran sonrisa.

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