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'No somos delincuentes por luchar por la libertad de Pablo Emilio': Familia Moncayo

'No creo que haya escapado. Sabiendo que estamos a punto de lograr la liberación, espero que tenga entereza', dice Gustavo Moncayo.

Foto: Milton Díaz/EL TIEMPO

'No creo que haya escapado. Sabiendo que estamos a punto de lograr la liberación, espero que tenga entereza', dice Gustavo Moncayo.

Además de esperar 12 años que su hijo sea liberado, la familia se siente estigmatizada. Al 'profe' no le paran los taxistas y lo tildan de 'guerrillero' y la mamá decidió no volver a ver Internet.

Una risa que termina en un largo suspiro. Una risa irónica y triste. Stella Cabrera, madre del sargento Pablo Emilio Moncayo, ya no sabe reír de otra forma. Quiere pensar que esta Navidad sí, que el Gobierno se mantendrá en la decisión que tomó esta semana de retirar las condiciones para que su hijo sea liberado, como lo anunciaron las Farc hace 7 meses, pero teme hacerse ilusiones.

"Es que ya ni les creo. Al Gobierno le pasa como al pastorcito mentiroso que cuando por fin dice la verdad nadie le cree. ¿Por qué ahora sí?, vaya a saber usted, ellos son avispadísimos", dice con aplomo, desde las montañas de Sandoná (Nariño), donde crecieron sus hijos y desde donde ella teje y espera, teje y espera.

Lleva 12 años haciéndolo desde el día en que comenzó su mal sueño cuando su Pablo Emilio, de entonces 19 años, fue secuestrado por las Farc en Patascoy. Esta profesora ha tejido y esperado con más intensidad estos últimos meses desde que las Farc decidieron devolverlo a la libertad junto con el soldado Josué Daniel Calvo y los restos del mayor Ernesto Guevara.

Que en un mes lo liberaban, se dijo primero y la familia pintó la casa para recibirlo. Que las Farc exigían que a la liberación fuera el profesor Moncayo y la senadora Piedad Córdoba y que el Gobierno no lo permitía y volvieron a desanimarse. Que en septiembre, después de una reunión, el Presidente dijo que autorizaba a Córdoba y ellos prepararon el armario para Pablo Emilio; pero nada ha pasado excepto que en la casa ya no huele a pintura fresca y no saben la talla de su hijo.

Somos más que una foto

Esta semana, sin embargo, el silencio se quebró: el rumor de que Pablo Emilio había escapado de la guerrilla y la posterior decisión del Gobierno, en cuestión de horas, de quitar toda condición para la liberación confundieron a la familia. "Lloré mucho. Imagínese la angustia y al mediodía autorizan, es como si esperaran a que algo explotara para reaccionar", dice la mamá, que está enferma de las piernas.

En Bogotá, Gustavo Moncayo, el papá caminante, contrarresta la tristeza con azúcar. Pone varias cucharadas a su café y confiesa que le sirve para animarse, en días de incertidumbre como estos.

Mueve con propiedad las cadenas metálicas entre sus manos e insiste en hablar, no del rumor de fuga al que no da crédito, sino de la estigmatización a la que se siente expuesto. "Han abusado de mí, ayer por ejemplo un periodista fue muy grosero conmigo, los taxistas no me quieren subir en los carros y me dicen guerrillero sólo por buscar la liberación de mi hijo", dice.

Con afán, muestra una bolsa llena de fotos que ha tomado durante estos años y señala que no sólo ha intentado hablar con 'Tirofijo' sino con infinidad de personas con quienes busca ayuda para tener cerca a Pablo Emilio. Toma un momento y suelta un sollozo corto. "Hay mucho trabajo y amor por mi hijo, no es sólo esa foto que han puesto a rodar por ahí, quiero que eso quede claro".

En Sandoná su esposa también lo siente. Decidió no volver a leer nada en Internet para no "dañar su corazón" con los mensajes que la gente escribe contra ellos en foros.

"Uno no es ningún delincuente ni ningún guerrillero sólo porque sale a luchar por su hijo. Somos uno padres víctimas del conflicto que no tragamos entero", dice.

Una figura menuda pero firme aparece en la puerta donde el profesor muestra más fotos. "Les quedan exactamente 5 minutos", dice. Es Yuri Tatiana, la hija del 'profe', quien maneja su agenda y hace de jefe de prensa de los Moncayo.

"Un momento mi amor", le pide el caminante y se va diciendo que teme por él y por su hijo pero que no quiere seguridad porque desea ser libre como Pablo Emilio.

La espera del 2009

El 16 de abril las Farc anuncian la liberación unilateral de Pablo Emilio, pero el presidente Álvaro Uribe sólo autoriza a la Iglesia y al CICR y no a Piedad Córdoba. La guerrilla se niega y meses después Uribe autoriza a Piedad pero pone dos condiciones nuevas: que entreguen de un tajo a 24 plagiados. Se estanca la liberación. En septiembre, familiares de secuestrados logran un cara a cara con Uribe. Tras el encuentro, él decide autorizar otra vez a la senadora. Pero días después el Gobierno se mantiene en que la liberación no sea gota a gota. Esta semana Moncayo recibe rumores de que su hijo se fugó de la guerrilla. Horas más tarde, el Gobierno levanta toda condición.

CATALINA OQUENDO B.
REDACTORA DE EL TIEMPO

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