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Análisis/ ¿Qué harán las Farc?

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Foto: AP

La operación Jaque permitió el reencuentro de Ingrid Betancourt con su madre, Yolanda Pulecio.

El grupo guerrillero tiene como opciones un endurecimiento militar, la superación política de la lucha armada o estar fragmentado y sin rumbo.

Entre los episodios que engarza la tersa prosa de Jorge Enrique Botero en el libro sobre Simón Trinidad se encuentra el siguiente. Un funcionario de la embajada norteamericana con quien sostiene una conversación en un café le extiende una servilleta y le pide que escriba una cifra, la necesaria "...para no tener que trabajar nunca más en su vida". La contraprestación: "...que nos ayude a rescatar a nuestros compatriotas secuestrados por las Farc". Indignación de Botero. Ante una insistencia le habría dicho al gringo: "... que si hacía lo que él me estaba pidiendo transgrediría una de las reglas de oro de mi profesión, la reserva de las fuentes". Para el historiador, la regla de oro es la contraria. Debe señalar con toda precisión sus fuentes y agotar la consulta de todas aquellas que le sea posible incorporar en el tejido de una narrativa o en la construcción de una explicación. Sobre los hechos del 2 de julio de 2008 no tenemos acceso a información plural y contamos con una versión única: la oficial. Por ahora hay que partir de allí.

La liberación de Ingrid, siete militares, cuatro policías y tres contratistas norteamericanos por parte de las Fuerzas Armadas, secuestrados por las Farc, ha constituido un acontecimiento que tendrá enorme repercusión no solo por el impacto sobre el conflicto interno sino por su influencia en la vida política. Han recibido las Farc un golpe demoledor, sobre todo porque se inscribe en una saga de derrotas que se iniciaron con el desalojo que sufrieron por parte del Ejército de la región de Gutiérrez en Cundinamarca en 2003. Pero las Farc siguen vivas, mantienen, aunque maltrecha, una estructura, conservan unidad de mando y disponen de miles de hombres con apoyo de una cierta base geosocial integrada por población agraria en un país donde la frontera agraria aún no se cierra y en el que nunca se ensayó una verdadera reforma agraria.

Ante las Farc aparecen diversos caminos: desesperado endurecimiento militar, búsqueda de un modelo realista y urgente de superación política de la lucha armada, fragmentación en grupos comandados por caudillos autónomos sin ideología y abiertos a toda suerte de alianzas con paras y narcos.

Una alternativa diferente a la salida política implicaría sufrimiento para grandes sectores de la población, renovado peligro de muerte para los cautivos que aún están en la selva y un factor de degradación de la guerra así como de estímulo a la militarización y al reforzamiento del autoritarismo "carismático" y del debilitamiento institucional del proceso político nacional. En la organización guerrillera hay factores que alimentan cualquiera de las opciones. En apoyo de la hipótesis de solución política se pueden mencionar varios.

El secretariado está hoy integrado, con una excepción, por personas procedentes de un medio urbano, poseedoras de formación profesional universitaria que estuvieron involucradas en actividad política antes de su ingreso a la guerrilla. En todos los casos se trata de una generación postmarulanda distinta a la de los "marquetalianos". Por estas razones 'Cano' resulta muy representativo de las Farc actuales. Al 'Mono Jojoy' se le presenta como la figura militarista por excelencia. Habría que recordar lo que dijo cuando languidecía el proceso del Caguán: "Ahora, pasarán algunos años y volveremos para solicitar varios departamentos o simplemente para ir a salvar lo que quede de nosotros, sentados a la mesa, en algún pueblito en Alemania" (León Valencia, 2002). Los años pasaron y es obvio que las Farc no están hoy en condiciones de solicitar varios departamentos.

Las Farc no actúan en el vacío. Están inmersas en realidades nacionales e internacionales. El que en su seno se imponga uno u otro modelo de acción depende en modo apreciable de la manera como actúen otras fuerzas e instituciones. Las Fuerzas Militares han obtenido triunfos que les permitirían asumir la posición que expresara en su momento el general Fernando Tapias, comandante de las Fuerzas Amadas, uno de los iniciadores del proceso de reingeniería militar, en el sentido de que el objetivo no es el del aniquilamiento de todos los guerrilleros sino el de obligarlos a la negociación. ¿Será este el punto de vista prevaleciente en las instituciones armadas y en el gobierno de la Seguridad Democrática o se impondrá el modelo mental que reflejara hace unos días el entonces Ministro del Interior y Justicia Holguín Sardi quien al interpelar al nuevo comandante de las Farc usó la palabra exterminio?

Resulta de alta significación el hecho de que la mayor victoria militar del establecimiento haya sido incruenta. Cabría esperar que esa circunstancia contribuya a cierto acopio de responsabilidad y serenidad en la dirigencia actual del Estado. Pero en este campo también están abiertos los caminos.

En la sociedad civil deben crearse núcleos de opinión que puedan sustraerse a la compulsión revanchista y plebiscitaria y que coloquen referentes para una controversia democrática sobre los temas de la paz y de la guerra en Colombia. En el orden de urgencias se destaca la necesidad del acuerdo que ponga en libertad a los secuestrados. En cualquier esquema de entrega organizada interviene siempre una condición de bilateralidad o multilateralidad. La unilateralidad absoluta no es realista. Desde muchos lugares e instancias pueden salir millones de voces que le den una respuesta con sentido a Doña Margarita Sánchez, madre del Mayor de la Policía Enrique Murillo aún en cautiverio, quien en medio del llanto formuló el 2 de julio un sentimiento y un desolador interrogante: "Estoy contenta por los que liberaron, pero, ¿y los que quedan ahora que ya no está la doctora Ingrid?". La entrega convenida de los secuestrados sería sin duda un paso seguro en dirección a la resolución política del conflicto colombiano.

MEDÓFILO MEDINA*
Especial para EL TIEMPO
* Historiador, miembro de la Fundación Razón Pública
www.razonpublica.org.co

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