Este argumento se funda de mirar con mucha sutileza el golpe tan demodelor para las Farc que le acaban de propinar los militares.
Este argumento se funda de mirar con mucha sutileza el golpe tan demodelor para las Farc que le acaban de propinar los militares.
Por una parte, debe haber un clima de frustración y rabia en el grupo guerrillero, por el otro, uno de autoestima, confianza y sentido de fortaleza en el pueblo, el Gobierno y las Fuerzas Militares y de Policía
De esos climas puede surgir un barajar y repartir de nuevo.
Por una parte, las negociaciones para un acuerdo humanitario se acaban de liberar del peor elemento que tenían encima, que es el chantaje con un insumo criminal como es el secuestro.
Hay algo infame sobre ese secuestro y es que existen unos plagiados muy importantes, que son los denominados políticos como es el caso de Íngrid Betancourt, y otros muy destacados en el campo internacional como son los tres norteamericanos.
Al eliminarse buena parte de ese peso, unas conversaciones entre Gobierno y guerrilla se pueden centrar en un acuerdo por el solo intercambio de prisioneros, por el valor intrínseco que tienen por razones de humanidad.
Sí en las Farc todavía resta algo de sensibilidad política y puede haber algo que se salve de su descomposición moral, una liberación unilateral de secuestrados puede elevar una negociación al plano de la política dejando de lado lo criminal.
Esto también puede abrir espacios de mejor calidad para un avance posterior a unas negociaciones de acuerdo humanitario.
Por el otro lado, la confianza y la autoestima generadas en la opinión, el Gobierno y las fuerzas de seguridad puede permitirles que valoren mejor lo que significa el actuar con mesura, el utilizar la fuerza con arreglo a derecho, el obtener el reconocimiento ciudadano.
Una fuerza acorralada puede perder más fácilmente su horizonte ético, en cambio, una fuerza que se sienta segura puede entender mejor el valor de los límites a la utilización de la fuerza y puede abrir más campos a opciones distintas de buscar el extreminio del enemigo.
El clima de negociación que puede salir de la confluencia de esos dos factores puede ser de mejor calidad que el existente hasta ahora.
La operación tiene otras aristas, como es el desarrollo técnico y un grado de profesionalidad muy alto en las Fuerzas Militares. Esto quedó demostrado con esta acción ingeniosa, inteligente y bien ejecutada.
Además, fue un operativo con mucho valor político, porque generó una sensación de orgullo y de confianza en la población.
Por otra parte ridiculiza al enemigo y lo puede obligar a pensar en una perspectiva diferente.
Para el Gobierno es un alivio muy grande porque le quita presión internacional, también le quita presión interna, y lo saca de las polémicas sin fin sobre la mejor manera de obtener la liberación de los secuestrados con valor político. También facilita que pueda ser más condescendiente en un posible acuerdo humanitario.
La tesis general puede resumirse en que el conflicto mejora en calidad al quedar libre de la utilización infame de los secuestrados como valor de cambio.
En horabuena para los secuestrados y sus familiares que esto aumenta la conciencia popular sobre la inutilidad del conflicto armado colombiano.
Armando Borrero, catedrático
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