Un paraíso desconocido en la Costa Pacífica de Colombia
Por: MARÍA TERESA SANTOS |
La ballena jorobada mide de 10 a 15 metros y pesa más de 35 toneladas.
Foto: ArchivoEl Jardín Botánico del Pacífico (JBP), un paraíso de 170 hectáreas.
Pepinos maridados con vinagre de arroz y sal volcánica negra de Hawái; atún con mermelada de pimentón, patacones de popocho, jugo de lulo salvaje y helado de borojó, es uno de los tantos menús que comparte con los visitantes la directora del Jardín Botánico del Pacífico, Tatiana Gómez.
En la preparación de los platos, combina lo aprendido de la cocina embera, grupo indígena que habita en el Chocó, con la comida internacional. Para ella, la gastronomía es apenas un plus con el que se encuentran quienes visitan el Jardín Botánico del Pacífico (JBP), un paraíso de 170 hectáreas, que está ubicado a 15 minutos en lancha desde Bahía Solano (Chocó).
Este hace parte, desde el año 2009, de la red de 26 jardines botánicos que tiene Colombia. Es el más grande y el único del país en el que los visitantes cuentan con 500 metros lineales de una playa protegida, hospedaje en cabañas frente al mar de tipo ecológico, actividades ecoturísticas como avistamiento de ballenas, expedición para observar anfibios y canopy -ruta elevada sobre árboles. También hay un recorrido por el mangle (25 hectáreas navegables) y caminatas guiadas por las 120 hectáreas de selva tropical húmeda.
Parado firmemente en la lancha y aguzando la vista, Antonio Cunampia, un indígena embera guardabosques del jardín, señala con su mano, a lo lejos, el resoplido de una ballena; la forma redondeada del chorro delata que se trata de una yubarta o jorobada. La lancha del JBP se acerca. El conductor calcula su desplazamiento, para estar más cerca de este mamífero en su próxima salida.
"¿Sintieron el rocío del agua en la cara? Lo dejó la ballena a su paso", dice Sergio Puerta con emoción, uno de los dueños del jardín, mientras que el grupo de turistas alcanza a ver cómo se sumerge el animal de unos 15 metros de largo y 35 toneladas de peso. Luego, viene el golpe seco y majestuoso de la cola antes de perderse en la inmensidad del mar. En la lancha reina el silencio: hay agradecimiento por el encuentro con uno de los animales más inteligentes del planeta.
Ver una ballena de alguna de las seis especies (ballena azul -el animal más grande de la Tierra-, rorcual común, Minke, sei o jorobada) que visitan la costa Pacífica de Colombia entre junio y diciembre para tener a sus crías es quizá el sueño de la mayoría de turistas -el 95 por ciento son extranjeros y solo el 5 por ciento, colombianos- que se acercan a esta reserva natural.
Hasta Bahía Solano llega una avioneta desde Medellín. Una lancha traslada a los visitantes al jardín en 15 minutos. El JBP limita al oriente con la quebrada La Resaquita; al sur, con el río Mecana, y al noroccidente, con la bahía.
Encuentro con lo natural
La reserva nació hace nueve años, como iniciativa privada de una pareja joven de paisas -Tatiana Gómez y Sergio Puerta- que le apuestan a proteger el bosque nativo. Durante este tiempo, el jardín ha recuperado áreas deforestadas, restaurado manglares y conservado selva -13 hectáreas de reforestación con árboles nativos como abarco, huino, choibá, caracolí y nato-. Los cazadores se convirtieron en guardabosques y los animales regresaron.
"Los emberas con los que trabajamos en el jardín son nuestra familia. Algunos de ellos antes cazaban; ahora, cuidan y hacen respetar las plantas y los animales", contó Sergio.
Para Tatiana Gómez, lo más importante de este proyecto es que los visitantes entren en contacto con la naturaleza. "A través de las actividades ecoturísticas que realizamos con los visitantes, y también con el trabajo que hacemos con los emberas y unas 10 familias que viven en Mecana -comunidad cercana al jardín-, buscamos proteger esta reserva natural. Aquí la gente puede descansar -hay playa y cabañas románticas-, se come delicioso (en los platos incluyo alimentos que se dan en la región), pero, sobre todo, se pueden enamorar de la reserva y empezar a protegerla: es nuestra forma de contribuir con el planeta", concluyó.
Para lograr este objetivo, además del avistamiento de las ballenas y de un recorrido por el manglar en el que sobresalen los cangrejos colorados y las bromelias, el jardín adecuó (con rutas señalizadas y la guía de los emberas) tres senderos para recorrer la selva: el camino yaibí, el más corto (2 horas de recorrido); el sendero de carrá (5 horas de caminata) y el camino del jaguar. Este último es el más largo. Tiene 8 kilómetros de recorrido, unas 8 horas de ruta.
En él, los turistas se encuentran con una ceiba jerarca de más de 300 años, conocen el lugar de residencia de una familia embera, un árbol tierra de 150 años y un jardín de heliconias, disfrutan los sonidos de halcones y paujiles del Chocó, entre miles de especies de árboles, aves, arañas y anfibios que pueblan esa selva tropical.
Y para identificar los olores de las plantas, los sonidos de las aves, los colores de los hongos, los frutos comestibles y los prohibidos, las huellas de saínos y de los jaguares, el indicado es Antonio Cunampia, que alberga la sabiduría ancestral de los emberas. "Nunca me he perdido en la selva, la conozco bien, y ahora enseño a que se cuide y respete; es mi casa, es la casa de todos", dijo Cunampia.
tersan@eltiempo.com
¿Cómo llegar?
Por aire y mar hasta el paraísoLuego de unos 45 minutos en avioneta, desde Medellín hasta Bahía Solano, una lancha traslada a los turistas al jardín, en 15 minutos.
Si la intención es hospedarse, es recomendable permanecer mínimo cuatro noches para disfrutar de las caminatas por la selva, el mangle, el avistamiento de ballenas y otras actividades.
info@jardinbotanicodelpacifico.org
María Teresa Santos F.
Editora Mi Zona EL TIEMP


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