Foto: Guillermo Herrra / EL TIEMPO
Una forma de evitar la desaparación de la etnia, según los expertos, es crear estrategias que preserven sus tradiciones.
De ellos, 200 conservan sus tradiciones y siguen caminando por las selvas del norte y el centro del Guaviare, mientras que 300 están en San José del Guaviare, donde viven como desplazados.
A los nukak les cayeron todos los males. "Creo que la peor amenaza que enfrentan es la pérdida de su territorio. Los nukak pueden estar siguiendo el paso de otras etnias como los tinigua y los guayaberos, que han sido desplazados por la colonización, los choques con colonos, las epidemias y por último, la guerra que los rodea", dice Héctor Mondragón, un investigador independiente y una de las personas que más los conoce en el país.
Un caso es el de Esnéider, que se la pasa con gafas de sol, una grabadora en la que escucha discos compactos de vallenatos y reguetón y tomando gaseosa.
Tiene 19 años. Sus padres lo bautizaron Duki Makú, pero él se puso un nombre más moderno: Esnéider. Era un bebé cuando su etnia, los nukak makú, protagonizaba documentales de televisión y reportajes de prensa.
Esta es la nueva generación de esta tribu, luego de 20 años de ser descubiertos desnudos por el mundo 'occidental' en Calamar, un pueblo del Guaviare.
Guerra y desplazamiento, los grandes males
Desde hace una década el territorio ancestral Makú se convirtió en uno de los teatros de operaciones militares más grandes, en donde confluyen tres frentes de las Farc, un grupo de nuevos paramilitares, el Ejército y en los últimos cuatro años, campamentos de secuestrados.
La guerra está tan cerca de ellos que la 'Operación Jaque', en la que se rescató a Íngrid Betancourt, se llevó a cabo justamente en la zona donde más concentración de nukak: un amplio sector selvático entre Caño Makú, Caño Makusito y Caño Moscú.
"Aunque allí hay combates desde hace más de 25 años, lo que produjo el traslado de la guerra al territorio nukak fue el inicio de las fumigaciones, ya que los cultivos ilícitos no desaparecieron sino que se trasladaron selva adentro", explica el investigador Mondragón.
Según él, este fenómeno hizo que incluso los nukak empezaran a trabajar en las cocinas donde procesan la droga, a cambio de pilas para sus grabadoras, un pantalón o alimentos que nada tenían que ver con su dieta natural.
"Es un drama sin una respuesta eficaz y lejos de solucionarse parece agudizarse. En un escenario de guerra, es primordial garantizarle la territorialidad a esta comunidad indígena para que siga existiendo", agrega Luis Evelis Andrade Casama, presidente de la Onic.
La situación ha generado que los que se encuentran desplazados no quieran regresar a la selva y cada día que pasa se acostumbran más a la vida de los 'blancos'.
"Tenemos que pensar en los que definitivamente se quedan en San José y no se van a devolver a la selva. Ellos están desde el año 2003 y se les deben crear planes de salud y vivienda. Para los que se vayan se entregará una parcela para el cultivo, sin necesidad de que dejen de ser nómadas", explicó Ramón Rodríguez, director en el Guaviare de Acción Social.
Para Diego Herrera, director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh), si el proceso de colonización y el conflicto armado continúan la etnia podría desaparecer a lo largo de los años.
Pérdida de costumbres
"El proceso de contacto con los colonos es irreversible, sería iluso pensar que ellos volverán a la selva y nos vamos a olvidar de ellos, pues ya hay una relación establecida. Puede que no haya más nukak o porque las nuevas generaciones pierdan su cultura, o porque físicamente la población se va diezmando", comentó Herrera.
En todo caso, los nukak ya no son los mismos. Pese a que jóvenes y viejos se siguen expresando en su lengua nativa, la vida ya no es la misma. Un ejemplo: remplazaron el uso de elementos cortantes como los dientes de pirañas, por cuchillos de metal.
Pero el dato más preocupante viene de las misiones médicas que han visitado la comunidad. Estas coinciden en señalar que el cambio en su dieta alimentaria ha sido una de las principales causas de enfermedades como la tuberculosis. "Remplazar frutos recolectados y carne fresca de cacería, por una dieta campesina llena de calorías y arroz, los hizo vulnerables", asegura un médico cercano a una de las comunidades.
Después de 20 años, han aprendido a consumir galletas, gaseosas, papas fritas y una serie de productos que, si bien es lo que más les gusta, no les dan las vitaminas y minerales que necesitan para seguir afrontando las vicisitudes de una vida en la selva.
Además, el acceso al uso de aparatos como grabadoras, radios o linternas es un riesgo a largo plazo para su cultura.
Sin embargo, para algunos estas señales no significan que su destino camine sin remedio hacia la anulación de sus tradiciones, pues también es cierto que los nukak tienen resistencia y cierta capacidad de recuperar elementos culturales.
"Usan ropa para salir a los caseríos o cuando saben que un blanco va a llegar a su refugio, pero al salir a recorrer la selva dejan toda las prendas que les regalan tiradas por el camino y máximo quedan en pantaloneta -explica Mondrágon- . Les gusta llevar sus atuendos elaborados en fibras naturales o andar desnudos".
Advierte, sin embargo, que todo esto resulta casi que secundario frente a la principal amenaza de cambio que tienen los nukak: "la invasión de su territorio".
Por eso, algunos ya no quieren saber nada de andar desnudos ni de cazar para sobrevivir.
Esnéider cuenta que desea conservar varias de sus tradiciones, pero sin abandonar las comodidades que le da la ciudad, como la energía, el celular y sobre todo la comida, que la consiguen sin necesidad de ir a buscarla entre la manigua.
'Sí hay ayuda'
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