'Nos duele y avergüenza la violencia en Tumaco'

'Nos duele y avergüenza la violencia en Tumaco'

El padre Arnulfo Mina Garcés denuncia altas cifras de homicidios y el auge del narcotráfico.

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Padre Arnulfo Mina, vicario de la Diócesis de Tumaco.

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Archivo / EL TIEMPO

19 de diciembre 2016 , 03:07 a.m.

“Algo está pasando aquí”, advierte con tono pausado, y a la vez preocupado, el padre Arnulfo Mina Garcés, vicario general de la Diócesis de Tumaco, ante la elevada cifra de homicidios en esa ciudad del departamento de Nariño.

Aunque un informe elaborado por la Pastoral Social de la Diócesis de Tumaco muestra una disminución de 27 homicidios entre enero y noviembre de este año –132– comparado con similar periodo del año pasado, sigue siendo una cifra preocupante.

El documento también da cuenta de que desde septiembre pasado, en el tramo comprendido entre los kilómetros 85 y 101 de la vía Tumaco-Pasto aparecieron avisos del Ejército de Liberación Nacional (Eln) en viviendas y en otras aparecen letreros con la frase ‘ojo con los sapos’.

La iglesia Católica señala que los cultivos de coca alcanzan las 16.990 hectáreas, con un incremento del 18 por ciento, mientras que también aumenta el consumo de sustancias psicoativas entre los jóvenes.

Oriundo de Puerto Merizalde (Valle del Cauca), este sacerdote que llegó a Tumaco hace 30 años, donde es vicario general de esta Diócesis hace seis, considera que el gran flagelo que alimenta la violencia –la corrupción y descomposición social en este municipio del litoral Pacífico de Nariño, con más de 200.000 habitantes– tiene nombre propio: narcotráfico.

La Diócesis reveló que hasta noviembre del presente año se habían registrado 132 asesinatos. ¿Qué tan elevada es la cifra?

Sí, es una cifra bastante elevada y preocupante a la vez, pero es la verdad.

¿Qué factores pueden estar influyendo?

Gracias a Dios, con los diálogos de paz en La Habana entre las Farc y el Gobierno, el accionar bélico de ese grupo armado realmente ha cesado. Pero tenemos muchas sospechas de que los territorios que ellos dejaron sean ocupados por otros grupos al margen de la ley. ¿Cuáles? Las autoridades deben investigar, ¿que están llegando a la zona?... Sí, están llegando. Pero nosotros como iglesia todavía no podríamos señalar que sea este o este otro grupo; incluso, en este momento acabo en mi parroquia de presidir dos exequias de personas por muertes violentas, entonces algo está pasando.

¿Y qué consecuencias originaría ese cambio en la posesión de los territorios?

Vamos a seguir teniendo muchos muertos y tal vez la violencia se incrementaría más, pero llegarían grupos que no sabemos quiénes son o cuál es su ideología; lo que se nos viene, si no hay un control estatal, lamentablemente, va a dejar más muertos.

¿La Fuerza Pública y el Gobierno se han quedado cortos frente a sus responsabilidades?

Yo no demerito el trabajo que está haciendo el Estado, pero realmente los resultados esperados no se están viendo; por lo menos en este momento. Si bien es cierto que se ha incautado mucha droga, las muertes selectivas siguen; en la madrugada del pasado martes hubo un atentado contra una discoteca, entonces eso quiere decir que el narcotráfico continúa permeando y causando sus estragos.

¿No resulta irónico que mientras en el resto del país se habla de paz, en Tumaco se siga hablando de guerra?

Sí, eso es bastante irónico, nos preocupa mucho y nos avergüenza. Hemos tenido un descanso en cuanto a que ya no se escuchan esas bombas y explosiones de las Farc, pero siguen las muertes selectivas. Intuyo que la madre de todo esto es el narcotráfico.

¿Cómo garantizar una paz estable y duradera?

Soy optimista a pesar de lo que vivimos. Ojalá se generen fuentes de empleo y exista un plan muy bien trazado por las mismas comunidades de sustitución de cultivos ilícitos; eso puede dar resultados. De lo contrario, lo que se viene va a ser peor.

¿En qué más se debe invertir?

La inversión debe darse también en el sector de la salud. Tenemos un hospital de pésima calidad que tiene una planta física muy bonita, y a los médicos no les pagan hace varios meses. También en centros de acopio de cultivos tradicionales, donde a los campesinos les compren sus productos con valores justos y se les garantice su comercialización, además de darle un valor agregado para fomentar el empleo.

EL TIEMPO

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