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Única biblioteca rural de Caldas es ejemplo nacional

Martes 17 de enero de 2017
Otras ciudades

Única biblioteca rural de Caldas es ejemplo nacional

El centro literario se encuentra ubicado en la vereda Quiebra de Naranjal, en Chinchiná.

Por:  Mónica Arango Arango Corresponsal de EL TIEMPO Manizales | 

Los proyectos se comenzaron a implementar cada miércoles con los niños de quinto y sexto de la escuela.

Foto: John Jairo Bonilla

Los proyectos se comenzaron a implementar cada miércoles con los niños de quinto y sexto de la escuela.

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Cuando Jorge Alexis Ramírez les cuenta historias a sus compañeros de clase todos prestan fiel atención. Una princesa y un príncipe aparecen en escena. El bosque, el castillo del rey, el hechicero y el monstruo aterrador cobran vida. Entones el salón se transporta a ese lugar.

El narrador de 10 años se pasea elegante por el aula. Tiene una mano en el bolsillo y la otra va acariciando el aire que envuelve sus palabras de fantasía. Jorge alza la voz, camina pausado, hace gestos, susurra y le da vida a su cuento con tanta creatividad que para los niños es imposible dejar de mirarlo, se sienten como en una obra de teatro.

Pero este niño no fue así siempre. Su cambio de temperamento y comportamiento "fue del cielo a la tierra", y eso, según Dora Liliana Muñoz, su profesora de quinto, se dio desde que comenzó a leer cuentos y novelas y también a escribir sus propios textos.

Jorge, ganador en varias ocasiones de los concursos literarios que hacen en su escuela, aprendió a soñar con letras en la Biblioteca Pública Rural El Naranjal, a la que asiste sagradamente con sus amigos. Ese es, desde hace cuatro años, el templo para los habitantes de esa vereda ubicada a veinte minutos de Chinchiná (Caldas).

Y es que allí no solo los reciben los libros y sus historias. También está el prado verde con marcas amarillas que dejan los rayos del sol y su calor de treinta grados, una zona donde los estudiantes juegan a saltar la cuerda y luego corren a descansar a la sombra de los árboles de mango.

Estar en esta biblioteca es como abrir la mente a la inspiración, a una calma adornada con los cantos de pájaros y el sonido de las hojas que mueve el viento. Esta es la historia de una casa custodiada por cafetales, montañas y frutos, un lugar que se convirtió en el núcleo de creación literaria de niños, cofradía de amas de casa, comerciantes y campesinos de las veredas aledañas que quieren aprender sistemas, agricultura y hasta mecánica. Es la historia de cómo con rifas, ventas de empanadas, lechonas y pollos, los habitantes de la vereda Quiebra El Naranjal levantaron esa biblioteca que hoy es ejemplo nacional.

"Esto antes estaba vacío, sin pintura, sucio, sin vida. Pero fue por la ayuda de toda la comunidad que pudimos sacarla adelante. Todo fue con esfuerzo, dotaciones de la gente, de la Alcaldía de Chinchiná, de la Fundación Manuel Mejía, del Ministerio. Esto es de todos y para todos. Hoy la biblioteca es conocida como 'La casa naranja", cuenta con humildad Jorge Helmer Valencia, bibliotecario y guardia de esa morada de ideas.

Él es el responsable de que con los proyectos que aquí nacieron se ganaran un cupo en la confianza de entidades nacionales e internacionales. En el 2012, apenas un año después de que comenzó a funcionar, la Fundación Bill & Melinda Gates, el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia, iniciaron en El Naranjal la fase piloto del programa de ‘Dotación, uso y apropiación de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones’, que se implementó más tarde en 25 bibliotecas más del país.

"A ojo cerrado dije que sí, sin pensarlo". Esto fue lo que respondió el bibliotecario cuando le preguntaron si quería hacer parte del proyecto de la biblioteca rural, la única de Caldas. Para ese entonces Helmer completaba ya 13 años como secretario y tesorero de la Institución Educativa Naranjal, además de ser un reconocido líder de la zona. "Lo tomé como un reto personal, por vocación comunitaria y me fui a capacitar en Cali con otros bibliotecarios".

Pero iniciar no fue fácil. Él contaba con las 30 cajas de libros que le donó el Ministerio. Aún no había estantes y su rudimentario sistema de préstamo consistía en buscar en su inventario de papel, en qué caja estaba el texto que necesitaba. Seis meses después llegaron las sillas, mesas y quince computadores portátiles, parte de las donaciones de las entidades.

Mientras tanto, a pocos metros de la biblioteca, los estudiantes de la 'Profe Dora' se turnaban para trabajar en los únicos cuatro computadores que tenían. "No nos alcanzaba pa’ cada uno. Cuando nos dimos cuenta de que allá (en la biblioteca) había más 'compus', le dijimos a Helmer que si podíamos trabajar con él. Estamos en un proyecto virtual, nos leen cuentos, hacemos trabajos, llevamos libros a la casa, aprendemos el verbo, el sustantivo, la puntuación. Es muy chévere", cuenta la estudiante Daniela Burbano.

Por otro lado, la profesora Dora comenta que los niños encontraron un tesoro y en él desarrollaron actividades como 'Encartados en la red', en la que les escriben cartas a sus amigos virtuales, de la Escuela de Marsella (Risaralda).

Los niños son los protagonistas de otros proyectos que han llegado allí, como 'Escuela en la nube', un laboratorio de aprendizaje virtual, o 'La hora del cuento con tecnología', que fusionó bibliografía de literatura infantil con el uso de las plataformas web, programa con el que se ganaron el tercer puesto del Concurso Nacional del Ministerio de Cultura y la Embajada de Estados Unidos en el 2014.

De todos y para todos

Es la hora del recreo. Se escuchan los gritos y risas de pequeños que revolotean en la escuela. De pronto, pasa una alumna de sexto, la líder de la semana encargada de recorrer el patio con una maleta de ruedas llena de libros de cuentos para todas las edades.

Entonces, sin que nadie se los ordene, un enjambre de niños corre a escoger su próximo texto y entre ellos mismos se recomiendan las últimas obras que leyeron. La lectura invadió la vereda, ya no es cuestión de estar en La casa naranja donde, entretanto, Helmer se alista para recibir sus grupos de extensión, personas de las veredas Alto la Mina, El Reposo y La Floresta.

"Como el lema de la biblioteca es 'De todos y para todos', mi meta siempre ha sido convocar a la gente, no solo a los niños. Cuando empecé con los cursos básicos de sistemas pensé que no iba a venir nadie, pero llegaron más de 100 personas, yo dije: 'Santa Bárbara bendita, y yo con quince computadores", recuerda el bibliotecario.

A la fecha, los habitantes de la zona ya se han titulado en sistemas, procesamiento de leches, frutas y derivados, mecánica y crecimiento personal. En ese paraíso naranja “hay espacio para el que sea. Es de encuentro familiar, para venir a ver videos, a leer, a ver novelas, a estar en las redes sociales o a ver noticieros".

Mientras acomoda los libros en los estantes y ve por la ventana a los niños, el fiel custodio de la biblioteca rural insignia de Caldas y el país sentencia que su meta es cambiar la visión que tienen de estos sitios. "Esto no es aburrimiento o monotonía, es cambiar de rutina, salir del estrés, entretenerse, relajarse, ser feliz".

Si alguien quiere contagiarse de cultura e historias enmarcadas en un rincón del Paisaje Cultural Cafetero, el paso obligado será visitar El Naranjal.

 

Mónica Arango Arango
Corresponsal de EL TIEMPO
Manizales

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